TINO PERTIERRA
Su sonrisa no dejaba lugar a la duda: iba a intimidar a los alumnos con un desafío de grueso calibre. «Difícilmente podréis hurgar en los entresijos ajenos si antes no os atrevéis a hacerlo con los vuestros», dijo, «es decir: antes de diseccionar cuerpos extraños, nada mejor que experimentar con los vuestros. A ver qué hay dentro. Echar la vista atrás es conveniente cuando se trata de mirar hacia delante: las claves de lo que somos, y, por lo tanto, de lo que seremos se encuentran en lo que fuimos. Y esas claves se pueden rastrear en momentos puntuales que marcan nuestra existencia, igual que esos calendarios que ponen fechas significativas en cada día para recordarnos lo que sucedió en el mundo en tal o cual fecha. El siguiente ejercicio es doble: primero, hay que hacer una cronología de vuestra vida. Diez, quince o veinte fechas que hayan hecho Historia en vuestra pequeña historia. Y que no tienen por qué corresponder a lo que los demás pensarían que ha marcado vuestra existencia. Una vez hecha esa cronología, debéis elegir un momento de cine. Cuál de esas escenas vividas reúne todas las condiciones para ser filmada y exhibida en una pantalla. Salid de vuestra memoria y sentaos en una sala de cine a contemplar lo que érais, lo que hicisteis, como si de actores se tratara. Y contadlo como un relato». «Y después», continuó, «debéis hacer lo contrario. Invadir. Un escritor es un inquilino de identidades ajenas, un okupa desvergonzado de cuerpos, mentes y almas, un intruso que hurga en las heridas de los otros, un ventrílocuo que da la voz a otras vidas para que se expresen. Y para que ese acto de invasión sea creíble, la inmersión ha de ser total en las aguas de sus víctimas. Es necesario convertirse en los seres a los que se acecha, no vale con quedarse en sus afueras y contar lo que se ve. Así que elegid a un personaje que no se parezca en nada a vosotros. Lo opuesto, incluso. Y debéis ponerle cara, voz, cuerpo, pasado, presente y futuro. Vivid por él lo que nunca os gustaría haber vivido».