Oviedo, David ORIHUELA
«Seguiré aquí hasta la muerte». Con voz cansada, muy cansada, pero con contundencia, la activista saharaui Aminatu Haidar pidió ayer a las autoridades españolas y marroquíes que rectifiquen su postura y que le permitan regresar a su país. Está en el aeropuerto de Lanzarote desde el sábado y ha iniciado una huelga de hambre que hace mella en una salud ya mermada por los años de cárcel. Desde el lunes sólo ingiere agua y azúcar.
La situación es cada vez más complicada y ayer, a las seis y media de la tarde, tuvo que ser atendida en la enfermería de la terminal. «Me encuentro mal de salud, pero con mucha moral y mucho ánimo para seguir adelante», aseguró en conversación telefónica con LA NUEVA ESPAÑA.
Haidar fue detenida el viernes en Marruecos cuando regresaba a casa después de recoger un prestigioso premio en Nueva York. Las autoridades marroquíes le retiraron el pasaporte y la metieron en un avión que aterrizó en Lanzarote. Las autoridades españolas le permitieron entrar en el país sin pasaporte, con tan sólo una tarjeta de residencia que tiene desde hace seis años para acudir a España a tratamiento médico, y ahora no puede regresar a su país porque no tiene pasaporte. Una maraña legal que la aleja de sus hijos, de 3 y 15 años, que viven en El Aaiún, «con los que no puedo hablar porque se ponen a llorar».
Su salud se deteriora, pero no pierde la esperanza. «Espero que España recapacite y me devuelva a mi país», dice. Si no es así, «seguiré aquí hasta la muerte». La actuación de su país al deportarla no la sorprende. La primera vez que la detuvieron fue en 1987, a los 21 años. En 2005 de nuevo volvió a la cárcel y, según ella, las torturas de la Policía marroquí la obligan a acudir a España todos los años y permanecer uno o dos meses a tratamiento médico. Por eso «nunca pensé que España podría hacerme esto». Se siente secuestrada.
Clama contra el Gobierno español, pero agradece el apoyo de los ciudadanos. «Estos días estoy sintiendo toda la solidaridad que me brinda la sociedad de Lanzarote y me da mucha confianza para seguir adelante en mi lucha», subraya.
Haidar apela a esa solidaridad para que le dejen dormir en el interior del aeropuerto, que cierra a las doce de la noche y abre a las seis de la mañana. Dormir a la intemperie desde el sábado le ha provocado una infección de las anginas y tiene una úlcera sangrante. «Me duele todo el cuerpo», dice.
Su voz es cada vez más débil. «Muchas gracias», se despide.