Gijón, Eloy MÉNDEZ
Javier Ríos se quitó ayer en la plaza Mayor su careta de «malo malísimo». Aupado sobre una tarima, el actor gijonés dejó por unos minutos de ser Hugo, un cruel profesor de la exitosa serie «El internado», y leyó ante los 1.500 alumnos del Corazón de María su particular manifiesto en contra de la pobreza en África. Así, quiso acompañar a toda la comunidad educativa del centro de los Claretianos en la celebración de unas jornadas solidarias para recaudar fondos que permitan a la Fundación Proclade construir una escuela infantil en Abom, una barriada de Yaundé, capital de Camerún.
«No me obsesiona la fama, pero si sirve para esto, bienvenida sea», dijo Ríos nada más se bajó, entre el alborozo de unas cuantas adolescentes, del improvisado escenario. Antes había dado muestras de sus dotes declamatorias al pronunciar un discurso pausado, inteligible hasta para los más pequeños. «África es un continente lleno de fuerza y colorido, pero marcado por el hambre y las guerras», sentenció ante la mirada atenta de los colegiales, cargados de banderas y pancartas alusivas al continente más pobre. «Tenemos que comprometernos con su realidad», finalizó en un tono sincero.
Porque de sinceridad Ríos sabe un rato, tanto como para reconocer que a veces ha tenido que dejarla de lado. «Cuando llegué a Madrid hace once años mentí al decir que había trabajado con Almodóvar para que me dieran algún papel», explicaba tras darse un baño de masas frente al Ayuntamiento. Por entonces era un joven aprendiz de arte dramático que se había lanzado a una aventura cinematográfica en la capital. «La verdad es que todo ha pasado muy rápido», relataba ayer, para explicar cómo ha acabado en una de esas series que baten récords de audiencia todas las semanas. «Aún persigo el sueño de dirigir una película», señalaba a continuación.
Algo que cambiaría de inmediato por su rutina diaria de firmar un autógrafo en cada esquina. «Me encanta, es guapísimo», afirmaba con gesto extasiado y sin parar de dar saltos Patricia Pérez, alumna de 4.º de ESO, una de las afortunadas que se pudo acercar al actor, protegido por dos guardias de seguridad. «No me pierdo ni un capítulo», comentaba algo nerviosa Laura Manzano a su lado.
Fue el único momento frívolo en un día marcado por una invitación a la reflexión. «Queremos que los alumnos sean conscientes de la dura realidad que se vive en muchos países», comentaba el coordinador de pastoral del Codema, Simón Cortina. Por eso las jornadas solidarias se prolongarán hasta mañana con competiciones deportivas, meriendas y conciertos. Unos actos en los que ya no estará Ríos, que ayer se llevó de la plaza Mayor una fuerte ovación y una escultura con el escudo del Codema. «Nunca lo habría creído», bromeó al recordar sus enfrentamientos contra el colegio de los Claretianos cuando jugaba a baloncesto con el Grupo y soñaba que algún día saldría por la tele.