Eloy MÉNDEZ
Las artes chulescas de Toni Manero, el inmigrante italiano que conquistaba el corazón de las discotequeras neoyorquinas a finales de la década de los setenta, amenazan con llenar el teatro Jovellanos durante las seis funciones que los bailarines del musical «Fiebre del sábado noche» -adaptación de la película- ofrecerán en Gijón entre el 30 de abril y el 3 de mayo. La reencarnación del personaje que hizo conocida la cara de John Travolta en medio mundo correrá a cargo del actor argentino Juan Pablo di Pace, que tras un año de gira por España ya no sabe lo que es vivir sin laca, patillas anchas y pantalones blancos con pata de elefante.
«Con este papel he cumplido un sueño», aseguró ayer el intérprete al referirse al montaje estrenado en Madrid en febrero de 2009. Desde entonces, el éxito de público ha sido arrollador. «Es una obra con mucho ritmo, una coreografía acrobática y una gran iluminación», dijo Di Pace, que también destacó el peso argumental del musical, algo poco frecuente en este género. «Cuenta la historia de unos jóvenes que buscan el sentido de la vida», subrayó en la presentación oficial, durante la cual se anunció que la venta de entradas empieza el 16 de marzo.
La recuperación de Manero para el gran público lleva inevitablemente aparejada la vuelta al ruedo de los «Bee Gees», el grupo que popularizó las voces agudas en los estertores setenteros. «A los que los conocieron les gusta recordarlos y a los que no les gusta descubrirlos», señaló María Solatxi, coordinadora de giras de la productora Vértigo, encargada de la organización. Además, los responsables de que todo salga afinado resaltaron también que el «complejo espectáculo», que exige sesiones diarias de fisioterapia para los artistas, es idéntico al estrenado en Broadway. Es decir, una vuelta atrás en el tiempo que juega con el choque de modas y de conductas sociales no siempre reprochables. «Manero no era ningún hortera y, además, tenía unas convicciones muy arraigadas», señaló ayer Di Pace, presa del síndrome de Estocolmo que los personajes imponen a sus intérpretes.