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Las lágrimas de Garzón

El juez, que interrogaba a un imputado en la «operación Pretoria» cuando fue suspendido, se emocionó al despedirse

 12:16  
Garzón abraza al juez Santiago Pedraz minutos después de su suspensión.
Garzón abraza al juez Santiago Pedraz minutos después de su suspensión. efe
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Madrid, Adaya GONZÁLEZ


Veintidós años después de que las cruzara por primera vez como magistrado, un emocionado hasta las lágrimas Baltasar Garzón salió ayer por las puertas de la Audiencia Nacional dedicando sonrisas de agradecimiento a sus compañeros que le ovacionaban con aplausos.


Faltaba poco para las 14:00 horas cuando Garzón, que trabajó normalmente durante la mañana, abandonó el edificio de la Audiencia Nacional, 40 minutos después de conocer que había sido suspendido de sus funciones por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).


En la escalinata de acceso le aguardaba una treintena de funcionarios y compañeros, entre ellos los magistrados Fernando Andreu y Santiago Pedraz, que rompieron a aplaudir cuando apareció el magistrado. También un grupo de simpatizantes con banderas republicanas, entre ellos Cristina Almeida, recibió al juez al grito de «Garzón, amigo, el pueblo está contigo» o «Envidiosos, miserables».


Aunque su intención era introducirse en el coche oficial junto a su mujer, Rosario Molina, después de hacer un breve gesto de despedida con la mano, el juez bordeó el vehículo y comenzó, con lágrimas en los ojos, a abrazar a sus compañeros.


Después, se metió visiblemente emocionado en el coche, aunque se detuvo de nuevo unos metros después para salir a abrazar a Almeida y otros simpatizantes, «consternados» por la suspensión, «el único juez que había tenido en cuenta a las víctimas».


Poco antes, en el Juzgado de Instrucción número 5, Garzón había terminado de tomar declaración a uno de los imputados en la «operación Pretoria», el empresario Josep Singla. En mitad de la misma, alrededor de las 13:20 horas, Garzón se vio obligado a pedir a Singla, a su abogado y al fiscal que abandonaran su despacho: el magistrado había sido informado de que tenía una llamada «urgente» del CGPJ.


Los tres volvieron a entrar en el despacho al cabo de unos minutos, aunque el juez no parecía afectado por la llamada. De hecho, para Singla, «por su lenguaje corporal, daba la sensación de que había recibido buenas noticias». Nada más lejos de la realidad, aunque Garzón logró mantener el tipo hasta que la despedida improvisada, a las puertas de la Audiencia, quebró su resistencia y ya no pudo cerrarle el camino a las lágrimas.

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