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Rubor

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TINO PERTIERRA Úrsula: «Jaime me daba clases particulares de lengua y literatura, aunque pronto terminó dedicándose sólo a lo primero... Vaya, aún me ruborizo al recordarlo, seré tonta... Yo estaba en un momento muy bajo, acababa de cumplir los 18 repitiendo curso, mis padres discutían un día sí y otro más, no soportaba a mis amigas con sus vidas grises y amorfas... y cada vez que me miraba al espejo veía a una niña que no era mujer y una mujer que no era una niña, un quiero y no puedo que me amargaba. Y, encima, Jaime me gustaba y estaba convencida de que no era más que una fuente adicional de ingresos para él. Una cría no demasiado inteligente, o no lo bastante disciplinada para demostrar lo contrario. Al final de la clase se sentó junto a mí y me cogió la mano. Aún me dan escalofríos cuando lo recuerdo. Y me miró a los ojos. Y me dijo: saca lo mejor que hay dentro de ti, sé valiente y la energía que necesitas saldrá a tu encuentro. No sé si era una frase suya, si la sacó de algún libro de poesía rumana o si era una de sus trampas verbales para asombrar a víctimas rendidas a sus encantos. Sólo sé que cerré los ojos y abrí la boca como había visto que hacían las estrellas de cine cuando querían que las besaran. Y me besó. Así de sencillo. Un proyecto de mujer vulnerable y un seductor con tablas de sobra para hacerse imprescindible. Aún no sé qué vio en mí para casarse conmigo. Bueno, sí lo sé. Ahora que puedo volver la vista atrás como si mi pasado no me perteneciera repaso fotos antiguas y en ellas encuentro a una jovencita muy guapa. Y no conviene descartar que Jaime, a sus treinta y muchos, hubiera decidido que casarse serviría para reforzar una imagen de estabilidad que le abriera puertas en algún colegio de postín. Tenía razón, si así fue, porque al poco tiempo de casarnos entró a trabajar en un centro de élite. Y ahí se acabó mi vida. Sí, sé que suena duro, trágico tal vez, pero es lo que pienso. Y, sobre todo, es lo que siento. No diré que me convertí en su criada porque no me pagaba. Pasé a ser, directamente, su esclava».

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