Arriondas, M. PALICIO
La procesión de piraguas que durante todo el año sale de Arriondas, y especialmente en agosto el día de Les Piragües, se extendió ayer por toda la villa parraguesa. Había canoas convertidas en taxis al rescate de quien se había quedado atrapado en casa o quien quería entrar en su domicilio, trasplantado de repente a esta Venecia oriental en la que se convirtió ayer la capital de Parres.
Desde el aire, tal y como se puede apreciar en las imágenes que aparecen en esta página, tomadas en torno a la una de la tarde de ayer, se puede apreciar hasta qué punto el río Sella se había decidido a desembocar a lo grande. Tras unirse en Arriondas con el Piloña siguió rumbo a la mar y tomó al asalto la carretera nacional a la altura del Llano de Margolles. Cuando se acercó a Ribadesella se unió con la pleamar y ya no había casi nadie que detuviera a un río que se ha convertido en una de las principales fuentes de riqueza de la zona, pero que ayer causó estragos y desató auténticas escenas de nerviosismo. Las lágrimas de emoción que a algunos suscita la fiesta veraniega del Sella se convirtieron ayer en reflejo del miedo. Muchos aprendieron ayer que el río, cuando triplica su caudal, como fue el caso, se puede convertir en un gigante difícil de domesticar. Al final no hubo víctimas que lamentar, pero el río dejó atrás su seria advertencia en forma de lodo.