«Villa Radis», una casona de novela

La escritora Silvia Grijalba, ganadora del premio «Fernando Lara» por su obra «Contigo aprendí», regresa a la mansión de sus antepasados en Somao

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«Villa Radis», una casona de novela
«Villa Radis», una casona de novela  
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Somao (Pravia),


Lorena VALDÉS


Cada de vez que María Luisa Álvarez, «Mori», bajaba con sus vestidos de Balenciaga la espectacular escalera imperial de caoba de la casona familiar de «Villa Radis», en Somao (Pravia), lo hacía como si fuese la protagonista de una película de Hollywood. Siempre sofisticada y deslumbrante, su belleza rubia y glacial nunca pasó desapercibida. Tampoco su carisma y arrollador carácter heredados por su única nieta, la escritora Silvia Grijalba, autora de la novela «Contigo aprendí», inspirada en la vida de su abuela y que ha recibido este año el premio «Fernando Lara» de Novela.


Grijalba, que presentó ayer su obra en la librería Cervantes de Oviedo, quiso hacer antes un viaje en el tiempo y retroceder a los veranos de su infancia a través de un paseo por «Villa Radis», un lugar que no podía faltar en su novela y que no visitaba por dentro desde los 10 años. En la casona indiana, construida por sus bisabuelos Gabino y Radis, su abuela le contaba cada mañana en la cama historias de su apasionante vida en Cuba y Nueva York, donde se codeó con personajes de la talla de Fred Astaire, Roosevelt o Dorothy Parker. «Ella llegó a convertirse en un mito incluso para su propia familia», reconoce Grijalba.


De la mano de sus actuales propietarios, el matrimonio salmantino formado por María Alonso y Arturo García, que adquirieron la propiedad en 1988 a los herederos de Gabino Álvarez, la escritora malagueña recorrió el interior de la villa, excelentemente conservada, fijándose en cada detalle perteneciente a su abuela. La persona que marcó su infancia y su percepción de la belleza, la aventura, el riesgo y la autenticidad. «Ella era una persona imponente y modernísima para la época que le tocó vivir, incluso para la actual. De mi abuela destaco en la novela su valentía y pasión», comenta Grijalba, que a pesar de tener este proyecto en mente desde hace más de una década esperó a la muerte de su abuela y su padre para ponerlo en marcha.


Vestida de negro riguroso, y con un valioso anillo y un bolso de piel de cocodrilo heredados de su abuela como únicos complementos, la escritora asciende lentamente por la impresionante escalinata de «Villa Radis». Por un día, ella se siente como la princesa que toda la vida fue María Luisa Álvarez, «Mori». «Nadie era capaz de eclipsar a mi abuela, ni siquiera yo, que era la única niña de la casa», confiesa Grijalba antes de entrar al que antaño fue su dormitorio. «Había un ratón y pasaba mucho miedo por las noches», rememora divertida la invitada en presencia de sus anfitriones.


Durante el recorrido por la mansión, María Alonso le muestra a la autora de «Contigo aprendí» un sombrero comprado en Nueva York que su abuela María Luisa envío a su padre Gabino. Ambas coinciden en «que era un hombre guapísimo». También se detienen ante una caricatura de Mori y varias acuarelas familiares que se conservan intactas en las paredes de uno de los luminosos salones de la residencia desde los que se contempla el mar. «Siempre me bañaba en la playa del Aguilar a pesar del mal tiempo que hacía en Asturias muchos días del verano», comenta la escritora.


Tras volver a sus raíces, la nostalgia se apodera de Silvia Grijalba hasta el punto de hacer una sincera petición al matrimonio García Alonso. «Si un día vendéis "Villa Radis", por favor, avisarme a mí la primera».

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