02 de junio de 2012
02.06.2012

Diez españoles iban a bordo, de los que tres fallecieron, uno de ellos asturiano

02.04.2012 | 11:01

Madrid, C. NARANJO


Diez españoles se embarcaron en 1912 en el «Titanic» y de ellos siete sobrevivieron al naufragio más famoso de la historia, una peripecia que tres periodistas españoles, Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero, reflejan en su libro «Los diez del Titanic», producto de una investigación de dos años, que saldrá a la calle mañana, martes.


«Hasta ahora se había dicho que eran siete u ocho los pasajeros españoles pero hemos podido determinar que eran diez», explicó a «Efe» Reyero. Se trata de cinco hombres y cinco mujeres: María Josefa Pérez de Soto, Víctor Peñasco, Fermina Oliva, Encarnación Reynaldo, Emilio Pallás, Julián Padró, las hermanas Florentina y Asunción Durán, Juan Monrós y Servando Oviés eran sus identidades, según las investigaciones de los autores del libro.


De ellos, tres murieron en el naufragio: Víctor Peñasco, miembro de una adinerada familia madrileña; Servando Oviés, importante hombre de negocios asturiano, y Juan Monrós, único miembro español de la tripulación del transatlántico.


Reyero aporta otro dato curioso sobre la suerte de aquellos españoles: los cinco que viajaban en segunda clase, categoría de la que sólo se salvó el 8 por ciento, lograron sobrevivir. Cuatro de ellos viajaban juntos: las hermanas Durán, Julián Padrós y Emilio Pallás, que habían decidido en Barcelona emigrar a Cuba vía Nueva York.


Florentina y Asunción no sufrieron grandes problemas para subir a un bote porque las mujeres y los niños tenían prioridad, pero ellos tuvieron de saltar a otra embarcación desde la cubierta cuando ya descendían por el costado del buque. «Nuestra salvación fue un milagro», relató posteriormente Padrós, quien, junto a sus tres amigos, fue rescatado por el «Carpantia», el barco que recogió a los supervivientes.


No corrió la misma suerte Víctor Peñasco. Recién casado con María Josefa Pérez de Soto, habían decidido en París finalizar su larga luna de miel viajando en el «Titanic». La pareja embarcó con la doncella Fermina Oliva mientras que el mayordomo que les había acompañado permaneció en París con el encargo de enviar diariamente una postal a Madrid simulando que seguían allí, para no preocupar a sus familias. El cuerpo de Víctor Peñasco nunca fue encontrado.

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