Dos hermanas que abarcan dos siglos Ambas convivían con su hermana Marina, que murió el pasado año con 100 años

Aurelia Fernández, costurera nacida en Villalegre en 1908, celebró ayer su 105.º cumpleaños junto a Florentina, sangre de su sangre de 96 primaveras con la que vive

29.03.2013 | 02:12

Avilés,


Myriam MANCISIDOR


Aurelia Fernández Solís nació un 28 de marzo de 1908, el año que, sin ir más lejos, se inauguró el estadio de El Molinón en Gijón. Desde entonces han pasado 105 años que esta mujer nacida en Villalegre ha sabido hilvanar con lucidez. Ayer celebró su cumpleaños. Tras un pequeño susto -Solís sufrió en sus carnes la caída de un mueble de la cocina-, la «güela» avilesina sopló las velas arropada por sus sobrinos, algunos vecinos y también por representantes municipales que no dudaron en dar la enhorabuena a esta centenaria que allá por 2007 y con 99 primaveras recibió el premio «Abuela del buen colesterol». Pero si alguien estaba realmente emocionada era su hermana Florentina, la «rapacina» de la casa con sus 96 años.


Ambas hermanas son una enciclopedia viviente de Villalegre. Suman dos siglos de vida y muchas puntadas dadas entre crisis y momentos de apogeo, huelgas y guerras, distintos presidentes de Gobierno y monarcas. Florentina y Aurelia viven juntas, una se cuida a la otra. Y hasta hace sólo un año compartían casa con una hermana soltera, Marina, que falleció a los cien años. La «güela» de 105 años está viuda y perdió a su hijo hace unos lustros. «¿Dónde estará? Tal vez en el cielo», suspira. Dedicó su vida al trabajo: primero se ganó la vida como modista, cogiendo encargos «de casa en casa»; luego entró en la fábrica de camisas «Ráfaga» de la calle Santa Apolonia, donde orientó su profesión hacia la sastrería.


En la misma empresa textil trabajó su hermana. Mientras una cortaba patrones, la otra planchaba prendas. «Toda la vida trabajamos. Nuestra madre nos inculcó el oficio de costureras desde que éramos muy pequeñas», asegura la más joven, la que lleva la voz cantante. Los Fernández Solís eran cinco hermanos, tres mujeres y dos hombres. Y siempre gozaron de una salud de hierro.


Aurelia pasó un tiempo en una residencia de ancianos, pero ahora disfruta de los días al calor de una cocina de leña en la calle Fernández Teral de Villalegre. A su lado, siempre su hermana. Pila de mármol, zapatillas calentadas al fuego... «Viene a vernos una asistenta social porque yo ya no puedo asear a Aurelia», manifiesta Florentina Fernández, que gesticula con vigor y con manos agrietadas de trabajar. ¿Existe una fórmula de eterna juventud? «No la hay», asegura Aurelia, una mujer poco «llambiona» que prefiere un pote de berzas a un pastel. Pero, con todo, ayer probó un trozo de tarta. Y es que 105 años no se cumplen cada día. «De pequeña era muy "perico", de eso es de lo que más me acuerdo, de cuando era cría», precisa la «güela» de Villalegre, a la que si bien le gustaba bailar en las romerías pocas veces su padre le dejó ir de fiesta. «Mis hermanas bailaron por ahí más que yo, que como era la mayor de las chicas no tenía permiso», subraya esta anciana de sonrisa perenne. «Vivimos muy tranquilas», apunta la hermana mayor a modo de explicación de su longevidad; y Florentina asiente emocionada. Ambas tienen cuerda para seguir tejiendo historias por muchos años.

El estadio de El Molinón, en Gijón, se inauguró el 20 de mayo de 1908, sólo dos meses después del nacimiento de la avilesina Aurelia Fernández Solís, que ayer celebró su 105.º cumpleaños. Lo hizo en compañía de su hermana Florentina, que nació en 1917, el mismo año en que se declaró la huelga general en el contexto histórico de la Crisis de ese año, durante la monarquía de Alfonso XIII de España y el gobierno de Eduardo Dato. A la derecha, en la imagen, el comité de la huelga general de 1917.

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