Viaje a las entrañas del bajo Nalón

El praviano Javier Cadrecha compagina su trabajo en una fábrica con guiar a los turistas en una visita por una de las cuevas más desconocidas de Asturias, la de Valdemora

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Viaje a las entrañas del bajo Nalón
Viaje a las entrañas del bajo Nalón  

Valdemora (Candamo),

Ignacio PULIDO

Hacer de cada día una aventura. Ése es el sueño que persigue el praviano Javier Cadrecha desde su infancia. Durante los últimos diez años, Cadrecha combina su trabajo en una fábrica con numerosas actividades de turismo activo por toda Asturias, especialmente en la zona del bajo Nalón, donde tiene su base de operaciones.

Entre las rutas preferidas por Cadrecha, sin despreciar al resto, destaca una por su singularidad y belleza: la cueva de la peñona de Valdemora, una grieta relativamente desconocida, pero de una gran belleza en cada uno de los casi seiscientos metros de su longitud.

La pasión por la naturaleza y el deporte han acompañado desde siempre a Cadrecha. «Estoy federado en siete disciplinas deportivas. Siempre ha sido un sueño para mí intentar vivir de mis aficiones», comenta. «A día de hoy estoy en una etapa de formación, he acabado unos cursos y he empezado con otros. Mi intención es enseñar a todo el que quiera este paraíso natural que tenemos», subraya.

Tras una década trabajando como guía para otras empresas, Cadrecha decidió lanzarse de lleno en el turismo activo y desde hace dos primaveras regenta su propio negocio: Cadventur. «Me dedico a realizar rutas de montaña y de bicicleta», señala y explica cómo compagina su vida diaria con la aventura. «Trabajo a turnos en una fábrica y organizo las actividades sacando tiempo de donde puedo. Asimismo, tengo familia y un hijo pequeño. Así que tengo pocas horas de sueño», afirma.

Y es que el verano supone para su negocio un gran incremento de la actividad. «Puedo llegar a mover entre doscientas y doscientas cincuenta personas a lo largo de todo el estío. Sobre todo recibo muchos grupos procedentes de la granja-escuela del palacio de La Bouza, en Riberas», asegura. Por lo general Cadventur suele guiar a turistas procedentes de Madrid y el País Vasco. «Vienen muchas personas hospedadas en casas rurales del entorno. Gente joven, en su mayoría, aunque estos servicios también lo solicitan matrimonios con hijos», matiza.

La cueva de la peñona de Valdemora -un pequeño núcleo rural de Candamo- se ha convertido gracias a las labores de este praviano en uno de los destinos más solicitados por los aventureros que se dejan caer por el bajo Nalón. El idilio de Cadrecha con este accidente geológico surgió hace décadas, en pleno seno familiar, cuando al calor de una chimenea escuchó a su abuelo Luis López, «Tito», contar historias de antaño sobre la gruta. «Durante la guerra los vecinos de los pueblos aledaños se protegían en su entrada de los bombardeos. Mi abuelo era un niño por aquel entonces y en más de una ocasión tuvo que cobijarse allí», recuerda, y expresa cómo a raíz de esas historias creció en él la curiosidad por adentrarse en sus galerías.

La cueva cuenta con una longitud aproximada de unos seiscientos metros. Para acceder a ella es necesario desplazarse hasta Valdemora y tomar un pequeño camino que conduce directamente a su entrada. «La gruta no ofrece grandes complicaciones. Es muy llamativa gracias a la gran variedad de formaciones de calcio que ofrece al espeleólogo. Asimismo, en su interior se pueden encontrar pisolitos, estalactitas y estalagmitas», comenta.

Una vez dentro, en la oscuridad, tan sólo el leve discurrir de un arroyo que hiende su cauce entre la caliza y los pasos de los espeólogos quiebran el silencio que se respira en cada uno de sus rincones.

Las formas abstractas formadas tras milenios de precipitaciones calcáreas envuelven al viajero que se adentra poco a poco en las entrañas del bajo Nalón. «Las zonas más complejas son un pequeño rapel y una travesía de varios metros asegurada con línea de vida», describe Cadrecha. Una vez en el fondo de la cueva una pequeña cascada y un lago subterráneo premian al aventurero con una de las estampas más inusuales de la comarca.

Ya de vuelta en el exterior, se hace balance de la experiencia mientras se disfruta de un refresco a la sombra de los árboles. «Estoy muy satisfecho. Hasta el momento nadie se ha aburrido e incluso hay gente que repite. Mis planes de futuro son seguir ampliando mi formación e incrementar mi oferta de actividades», concluye Cadrecha mientras atrás queda la cueva de nuevo inmersa en su reino de oscuridad, hasta que alguien más se acerque también a descubrirla, como un día hizo él.

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