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El gran secreto del Sella

La clave está en la sencillez y en la humildad de la prueba: «El Descenso Internacional del Sella tiene una carga de emotividad muy grande y, además, tiene el sabor de lo puro, de lo sencillo, de lo que no ha cambiado con el paso de los años»

 10:08  
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El gran secreto del Sella 

PEDRO ZUAZUA
PERIODISTA
Fue la periodista Carmen Menéndez -que sabe más de piragüismo que todos los que vienen a la fiesta del Sella juntos- la que lanzó la pregunta: ¿qué es más emotivo, participar en unos Juegos Olímpicos o en el Descenso del Sella? Lo hizo, claro, a sabiendas de que habría debate. Un servidor contestó inmediatamente que, sin ninguna duda, el Descenso Internacional del Sella tenía una carga de emotividad muy grande y que, además, tenía el sabor de lo puro, de lo sencillo, de lo que no ha cambiado con el paso de los años. La piragüista olímpica Jana Smidakova, mostrando un profundo respeto y cariño por la prueba asturiana, fue la que finalmente triunfó en el debate, aduciendo que la experiencia olímpica no era comparable a nada. Al final, todos llegamos al acuerdo de que el Sella tenía un «no sé qué» tan arraigado que lo convertía en una prueba más que especial.

Es difícil explicar cuál es el elemento clave de una de las pruebas deportivas que más público atrae en el mundo. La cosa, si se ve de manera objetiva, no es muy especial. Deportistas bajando un río en piragua. Es más, en los últimos once años, el nombre de uno de los ganadores del K-2 se ha repetido hasta en diez ocasiones, lo que podría restarle emoción a la prueba deportiva. Y si nos ponemos exquisitos, habría que decir que el piragüismo no es precisamente el deporte rey, y encima la prueba se retransmite en directo, por lo que si uno no quisiera perderse detalle seguiría la competición a través de la pantalla.

Sin embargo, el Descenso Internacional del Sella junta cada año más y más gente en las riberas del río. Y lo hace sin más marketing que un par de pancartas a las entradas de Ribadesella y Arriondas y los típicos carteles que ya se han convertido en artículos de coleccionista. Se hace todo, además, desde un pequeño local en la calle Covadonga de Arriondas, en donde Emilio Llamedo dirige, con sencillez, humildad y brillantez, a un pequeño grupo de colaboradores que, aunque parezca difícil, pueden con todo.

Tal vez ahí esté la clave. En la sencillez y en la humildad de la prueba, que nunca ha pretendido ser más de lo que es y que siempre ha sido más que la edición anterior. Desde el respeto a la tradición y con las innovaciones justas, el Descenso se ha mantenido fiel a la idea original de Dionisio de la Huerta.

El ambiente que se vive en Arriondas en las horas previas a la salida es sencillamente indescriptible. Allí se junta gente que, tal vez, lleve un año sin verse, pero que se reconocerá por el chaleco, la montera picona y el collar de Piraguas. Ésa es la gente que mantiene en pie esta fiesta, la que conoce el secreto de la prueba, que se descubre cada año el sábado por la mañana. Curiosamente, un momento en el que un alto porcentaje de las personas que acuden en estos días a Ribadesella o a Arriondas está durmiendo la mona.

El secreto del Sella no está en agarrarse una castaña descomunal e irse a dormir a la tienda de campaña. El secreto del Sella está en las horas anteriores a la salida. Cuando desde las ocho de la mañana Arriondas se llena de gente, de Tritones, de Neptunos? Cuando los palistas comienzan a preparar el material y los acentos llegados de todo el mundo empiezan a mezclarse con la gente que celebra la fiesta. El secreto del Sella está en los momentos previos a la salida, cuando todo el mundo trata de dar explicación a cómo se abre a la vez el cepo que contiene los remos de los participantes. La clave del Sella está en esa desorganización organizada que hace que apenas se pueda oír el discurso y que el himno de Asturias, que da la salida a la prueba, vaya por una estrofa u otra, dependiendo de dónde esté uno situado. La esencia del Sella está en el sentimiento con el que las decenas de miles de almas cantan ese himno.

El sentimiento del Sella está, en definitiva, en ese momento en el que se da la salida y cientos de piragüistas comienzan a correr hacia el río, con la admiración del público, consciente de que está viviendo un momento único, indescriptible, en el que muchos nos acordamos de cuando éramos pequeños y nuestros padres nos llevaban a ver la salida, de los trayectos en una Vespino destartalada o de las aventuras a bordo del «tren fluvial». Un momento único que, para hacerlo aún más especial, se repite cada año. En eso, al menos, sí llevamos algo de ventaja a los Juegos Olímpicos. Guardemos el secreto.

El ambiente que se vive en Arriondas en las horas previas a la salida es sencillamente indescriptible

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