JUAN A. VÁZQUEZ
EX RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
"Resistimos porque soñamos" Álvaro Cunqueiro
Tenemos tal empacho de realidad que nos cuesta tener sueños. Para soñar hay que dormir, como si nos costase tener sueños despiertos. Pero solo al despertar sabemos que hemos soñado. Dormir es como dejar de vivir. Y vivir es dejar de dormir, estar despierto, despertar del sueño, al sueño, a los sueños hasta caer rendidos para dormir y volver a soñar. Para soñar hay que dormir y despertar es volver a vivir y certificar que se ha podido soñar.
No se puede vivir en la ensoñación pero tampoco se puede vivir sin sueños. Tener sueño no es lo mismo que tener sueños y sin sueños se vive siempre con ganas de dormir, de renunciar a vivir. Si tenemos sueño tiene que ser para soñar y tenemos que aprender a soñar despiertos, que es otro modo de soñar. Hay que soñar porque sin sueños se vive dormido sin esperanza de despertar o despierto sin esperanza de dormir.
Decimos que hay que consultar con la almohada porque es tiempo de recogimiento, de soledad, de reflexión. Hablamos de los sueños infantiles porque de mayores ya nos cuesta mucho soñar. Malo si se nos pegan las sábanas, que lo que tienen es que volar en el mundo de fantasía que desata la noche, que prodigan los sueños. Soñador suena a descrédito, pero pobre de quien no logre soñar. Ensoñación parece palabra proscrita con la que la realidad se pretende blindar.
La realidad es la otra cara de la moneda de los sueños y por eso la realidad teme a los sueños y los sueños huyen de la realidad. Tenemos sueños que se nos hurtan al recuerdo, que la realidad se empeña en desterrar, como para soñar que seguimos soñando. Y la realidad es lo que tenemos que soñar. Una realidad convertida en sueño para que no sea de pesadilla la realidad.
Todo lo nuevo fue antes sueño. Todo lo alcanzado, antes se debió soñar. Los sueños son aliados de la noche, porque en el día no nos permiten soñar. Pero son los sueños los que ponen luz a la noche. Es la falta de sueños lo que ensombrece los días. No se puede vivir en la ensoñación, pero qué sería de nosotros si no pudiésemos vivir con sueños, sin soñar. Soñar es parte de vivir, aunque sea durmiendo. Dormir es parte de vivir, siempre que sueñes. Nos cuesta tener sueños despiertos y por eso vivir consiste en despertar a soñar.