Ribadesella, M. TORAÑO
Después de la tormenta sellera llega la resaca y ayer por la mañana las calles de Arriondas y Ribadesella mostraban una imagen tranquila después del fin de semana de celebración de la 73.ª edición del Descenso Internacional del Sella. Todo sellado hasta el año próximo y los jóvenes «mataos» de tanta folixa. Queda un año para recuperarse. La cuenta atrás ya comenzó. El domingo es día de recoger las tiendas de campaña, empaquetar los bártulos y volver a la rutina, una pereza que no hay manera de esquivar, aunque algunos seguirán de ruta por el Norte, como los andaluces Juan Miguel Muñoz y Pablo Machuca, que salieron de Arriondas rumbo a San Sebastián. A por más fiesta.
Estos dos jóvenes de 21 años, de Algeciras, se resistían ayer a quitarse sus sombreros de paja, la última muestra que les quedaba de la fiesta, ya que, a pesar de llevar bailando en el Aquasella desde el viernes, ayer estaban de lo más fresco. «Es el primer año que venimos a la fiesta y repetiremos, lo hemos pasado genial», explicaba Juan Miguel Muñoz. Su amigo Pablo Machuca añadía: «Ayer vimos la salida de las piraguas y hasta nos bañamos en el Sella. La zona de acampada quedó embarrada por la lluvia pero eso al final es lo de menos». A la que sí parecía importarle el barrizal era a la parraguesa Laudelina Bulnes, que aprovechó la calma mañanera para acercarse a ver unos terrenos que tiene por la zona de Coviella, donde tuvo lugar el festival de música techno. Había que comprobar que todo seguía en orden. «El sábado no me atreví a pasar para allá, pero hoy tengo que ir a mirar cómo quedaron los praos», reconocía la vecina, quien explicó que este año «había menos gente por el pueblo porque estaban todos más repartidos». Además, Laudelina Bulnes reconoció orgullosa que en esta edición «hubo pocos escándalos a pesar de la aglomeración».
Parece que la lluvia y el mal tiempo de estos días ya no asustan a nadie, y así lo explicaba Roberto Cabal, el encargado del puesto de bebida y comida situado junto a la gasolinera del cruce de Arriondas hacia Cangas de Onís. «La gente viene concienciada de que aquí puede llover en cualquier momento y lo disfruta igual», aseguraba. Lo que sí cambia con el clima son las peticiones de los clientes. «Con mal tiempo todo el mundo come mucho, pero se vende menos bebida que si hiciese calor», declaraba sin separarse de la plancha en la que preparaba unas rodajas de lomo para unos bocadillos.
En Ribadesella también tocaba levantar el campamento y los miles de jóvenes que plantaron estos días sus tiendas por todos los rincones de la localidad se afanaban en las tareas de recogida y se armaban de paciencia para el regreso a sus casas.
Los santanderinos Patricia Fernández y Javier Redondo llegaron el viernes a la capital riosellana y reconocen haber disfrutado «hasta de los chaparrones, porque el ambiente aquí es de lo mejor». En este punto coincidían las sevillanas Marian Marzo y Pilar Ferrera, novatas en el Sella. Ayer al mediodía disfrutaban de un café y unas magdalenas junto al puerto y el sábado pudieron ver la llegada de las piraguas, porque las despertó un tren «bien temprano» y ya no recuperaron el sueño. «La gente nos ha dejado alucinadas por las ganas de fiesta y el buen rollo que se respira por todas partes», explicaban estas dos amigas andaluzas que prometen repetir.
La que sí aprovechó la Fiesta de las Piraguas fue la veterana Mari Carmen Suárez. «Yo por la noche no salgo, a mí me gusta la movida clásica y la disfruto como un gochu en un patatal», reconocía la riosellana.
Tanto Arriondas como Ribadesella recuperaron ayer su calma para afrontar con fuerzas renovadas lo que queda de verano.
La Autovía del Cantábrico sufrió ayer hasta seis kilómetros de retenciones a su paso por Llanes en dirección Santander, en la imagen. El atasco fue motivado por la aglomeración de vehículos que salieron de Arriondas y Ribadesella, después de concluir el fin de semana festivo. Lo habitual otros años es que las retenciones se den por la tarde, pero ayer comenzaron al mediodía. Informó Emilio G. Cea