Ribadesella, B. MORÁN
Son los trescientos escalones en pendiente subidos con más gusto. Trescientos pasos que logran dejar sin aliento a casi todos los que deciden desafiarlos. Las cosas buenas se hacen esperar, se hacen de rogar y esto lo saben muy bien los fans incondicionales de los conciertos que se celebran todos los años, desde hace doce, en el privilegiado escenario de la Cuevona de Ardines, en Ribadesella.
Esta caverna, que forma parte del sistema kárstico de la archiconocida cueva de Tito Bustillo, se viste de gala cada mes de agosto. El jueves abrió una vez más sus tesoros ante los ojos atónitos de los asistentes a este evento, que se prolongará hasta mañana, domingo, y por el que un año más desfilarán reconocidos intérpretes.
Si hay algo en lo que todos los asistentes a esta cita coinciden es en que la música de gran calidad de la que disfrutan en estos conciertos comparte inevitablemente protagonismo con el enclave de la Cuevona. Espectacular. Existen contados lugares en el mundo en los que se pueda disfrutar de un concierto de una reconocida soprano cuya privilegiada voz está acompañada y acompasada de un exquisito piano en un delicado escenario cubierto de raso blanco con adornos florales y bajo un techo plagado de estalactitas.
La acústica de la Cuevona es inmejorable y la voz de los intérpretes que allí actúan se cuela por cada enigmático recoveco de este espectacular lugar. En la noche del jueves, un puñado de personas tuvo el privilegio de sentir la magia de los conciertos de la Cuevona de Ardines. Se empaparon del arte cien por ciento natural que decora las paredes y los techos del pasadizo de escaleras que conduce a los visitantes al improvisado escenario de este genuino anfiteatro.
El concierto de apertura estuvo a cargo de la música lírica de la soprano Alina Furman y del piano de Olga Kharitonina , ambas de nacionalidad rusa, pero afincadas desde hace unos años en Barcelona. Las artistas deleitaron al público asistente con un amplio repertorio del compositor español Enrique Granados (1867-1916). Furman y Kharitonina, al igual que el resto de músicos que asisten o han asistido a esta cita, confesaron sentirse unas privilegiadas por «conocer este maravilloso teatro».
Ayer, los asistentes disfrutaron del sonido del violín y de la viola de Natalia Lomeiko y Yuri Zhislin. Hoy, Christian Brandhofer y Olga Semouchina ofrecerán un recital de trombón y piano. Y mañana esta cita se despide de la mano de «Quintetos de Clarinete Cuarteto SASS», con Alberto Veintimilla Bonet.
La Cuevona logra dejar sin palabras a los que acuden a estos conciertos y, a pesar de que al inicio de las escaleras hay un gran cartel que avisa de que para llegar al corazón de esta caverna hay que salvar trescientas escaleras, casi nadie se resiste a superar este reto, porque ya antes de empezar da la impresión de que merece la pena.