FUNCHAL (MADEIRA),
RUBÉN SAMANIEGO
Los antiguos griegos bautizaron como Macaronesia a unas islas atlánticas sin ni siquiera haber pisado los archipiélagos de las Azores, Canarias, Madeira y Cabo Verde; todos ellos formaban parte de las legendarias Islas Afortunadas, que, a fin de cuentas, es lo que viene a significar la palabra griega que sirve para sumar las ínsulas más o menos cercanas al continente africano donde estos días ha recalado el «Creoula», el buque escuela de la armada portuguesa que, cuando llega el verano, carga con la Universidad Itinerante del Mar (UIM), que el resto del año está fondeada en Avilés; su sede, de hecho, está en la calle de la Ferrería.
Los cuatro grupos de islas, las «Afortunadas», tienen una importancia geoestratégica de primer orden por su situación, por su origen volcánico, por la biodiversidad que poseen y por el clima tropical del que disfrutan, entre otras de sus características. Los alumnos de la UIM -algunos de ellos asturianos- pudieron disfrutar durante la tarde del lunes de una de estas islas, de la de Porto Santo.
El pasado lunes comenzó frente a la costa maderiense. El «Creoula» atracó después de tres días con sus noches, viendo sólo aguas atlánticas. En la mañana hubo tiempo para unas lecciones de derroteros en la que los «instruendos» (alumnos) tuvieron que dibujar el perfil de la costa de Porto Santo. Aunque la aventura fue la protagonista del día, ya que la llegada a la costa fue gracias a unas lanchas rápidas que dejaron a los alumnos de la UIM en las aguas de color azul zafiro.
Tras el chapuzón en aguas atlánticas y el retorno al «Creoula», la tripulación del navío ofreció una cena «diferente» a la de días anteriores. La cubierta del velero fue el salón de gala de la UIM donde, con ritmos de Bruce Springsteen como música de fondo, alumnos y marineros portugueses disfrutaron de la velada como si formasen parte de una película americana.
Y contrastando con las playas de arena fina y amarillenta de Porto Santo, el «Creoula» se dirigió rumbo a otra de las islas macaronésicas, a la ciudad de Funchal, a la que se arribó en la madrugada del martes. Allí, las «instruendas» decidieron acicalarse más de lo habitual por si Cristiano Ronaldo, el delantero del Real Madrid natural de la zona, se apuntaba a cambiar su lujoso yate por el espectacular «Creoula». Pero ni rastro de CR7.
Antes de desembarcar del «Creoula» en Funchal los grumetes tuvieron que emplearse a fondo para sacar brillo a cada rincón de este velero de 1937; luego formaron en proa conjuntados.