La fiesta reverdece en Andrín

Una campaña en redes sociales logra un éxito de participación en las celebraciones de la localidad llanisca, con un centenar de mozos vestidos con el traje regional en la procesión

16.08.2015 | 05:39
Los jóvenes interpretan junto a la ermita de Andrín un baile ante un numeroso público

Teresa Rodríguez llevaba 47 años sin tocar el tambor y más de dos décadas sin vestirse de aldeana para celebrar las fiestas de Nuestra Señora en Andrín. La llanisca volvió a coger el instrumento y a disfrutar "como nunca" de la celebración gracias a la insistencia de Montse Quesada, Helga Cros y Tere Cuadriello. Las tres componentes de la comisión de festejos del pueblo iniciaron una campaña a través de las redes sociales con el objetivo de que la fiesta recuperara el esplendor de antaño. Y vaya si lo consiguieron.

Además de Rodríguez, casi un centenar de personas volvieron a poner ayer el traje regional para participar en la animada procesión. "Hace por lo menos un cuarto de siglo que no se recuerda una fiesta tan multitudinaria", afirmaron orgullosas las organizadoras. Los jóvenes Jordán Balmori, Daniel García, Raúl García y Manu Manchego se encargaron de sacar en procesión la imagen de Nuestra Señora, que la noche antes durmió en la iglesia parroquial, de regreso a su ermita. La banda de gaitas Principado fue la responsable de amenizar el desfile.

Tras los actos religiosos llegó el momento del reparto de los bollos. Y es que en Andrín no hay subasta: el pan se regala. Hubo dos ramos este año. Uno de pan dulce para dar a los niños y otro "normal". Los dos fueron ofrecidos por el químico Jorge Sánchez, no por casualidad. Tras varios años buscándose la vida en países como Alemania, el joven prometió que si encontraba trabajo en España ofrecería el ramo de las fiestas de su pueblo. Y cumplió con creces. Además de donar los panes, movilizó a a la familia al completo para que participaran en el festejo ataviados con el traje regional. La hazaña tiene mérito si se tiene en cuenta que su madre, Conchita Quesada, cordobesa de 80 años, nunca se había vestido de aldeana a pesar de que lleva medio siglo viviendo en Asturias. "La ocasión lo merecía", explicó su padre, Pedro Sánchez, visiblemente emocionado.

También debutaba Lucas Noriega, con 11 meses uno de los asistentes más jóvenes. Su padre Óscar Noriega le alquiló el traje al que no le faltaba ni la montera picona "para que no se pierdan las tradiciones". También era la primera vez para la benjamina Isabel Damián Ruiz, de 14 meses, que presa del agotamiento de tanto tocar tanto la pandereta optó por echarse una siesta. Sus padres, la ovetense María Ruiz y el peruano Diego Damián, que veranean en Andrín, prometieron iniciar en los bailes regionales a la niña en cuanto aprenda a caminar. Y es que uno de los momentos más emotivos de la jornada fue cuando los más jóvenes deleitaron a los presentes con piezas como "La Tarrasquina" o "El Pericote". Los mayores no les anduvieron a la zaga y bailaron obras como el xiringüelu de Naves. La encargada de "meterles" el ritmo en el cuerpo fue Vanesa García, del grupo de baile de Cobijeru, que desde primeros de mes ensayó con los más pequeños los pasos básicos.

Entre los bailarines se encontraba Juan Antonio Posada, de 17 años. Aunque se sentía un poco pachucho, "por nada del mundo" quería perderse la oportunidad de actuar en las fiestas de su pueblo. Y es que el joven es el único de la veintena de bailarines que ayer danzaron en Andrín que vive todo el año en el pueblo. Otros, como el gallego Nacho Silva, que bailó el pericote, viven fuera pero esperan con ansia a que llegue el verano para volver a Andrín y disfrutar de sus fiestas.

Tras la foto de familia junto al prau de la ermita llegó el momento de cantar la danza de Nuestra Señora. "Nuestro entusiasmo y unión no se paga con dinero. A nuestra señora vamos a bailar porque nuestra fiesta no tiene rival", entonaron los asistentes al unísono, al tiempo que se cogían de los brazos para bailar en círculo.

La Bolera de Andrín fue, por la tarde, el escenario de otros tantos bailes tradicionales y ya por la noche el Trío Nevada fue el encargado de amenizar la verbena hasta altas horas de la madrugada.

"El balance no puede ser más positivo porque familias enteras se animaron a vestirse, esperemos que esto se mantenga por muchos años y cada vez se anime más gente", apuntaron las organizadoras.

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