Con "T" de tradición

Luarca celebra con una multitud la romería del 105.º cumpleaños de San Timoteo, "la fiesta donde nadie es desconocido"

23.08.2015 | 05:26
Con "T" de tradición

Con las campanas al vuelo, el chambrón enfundado, la "T" al cuello, el bastón al alza y al grito de "San Timoteo, eo, eo" recibieron miles de romeros a la imagen del santo que apadrina una de las grandes romerías del verano asturiano. El "cumpleaños feliz" que, como es tradición, escuchó Timoteo al salir de la capilla era el número 105. En el campo de la fiesta luarquesa por excelencia, el buen ambiente, la música, la comida, la bebida y las ganas de pasarlo bien hicieron que, como de costumbre, la villa de Luarca se volcase por completo con su patrón. "Es un clásico, la espera se hace larga, si no hay San Timoteo no hay verano", señala tajante Alejandro Pérez, chambrón de cuadros rojiblancos, mientras escancia un culín de sidra para un amigo. Todos los años se desplaza desde Gijón para disfrutar del popular evento.

Al son de la charanga, la multitudinaria comparsa luarquesa arrastra carros con la comida y la bebida, se desplaza desde el centro de la villa hasta el prao de San Timoteo, donde algunos llevan ya desde muy temprano organizando el banquete posterior. "Madrugamos mucho, hacemos las tortillas y los filetes y venimos pronto para coger una buena zona, después empezamos a mojarnos con un poco con sidra", explica Alejandro Pérez. En torno a la capilla, pasadas las doce del medio día y vistiendo el traje oficial de cuadros azules, "el chambrón", los romeros se arremolinan para disfrutar de la misa que, abriendo la tradicional jornada, da paso al esperado desfile y al paseo del santo. "Después de la misa empieza lo bueno, el desfile es lo mejor", destaca Álvaro González con el tintineo de las campanas de fondo, avisando la salida del santo. En el momento más esperado de la jornada, la imagen de Timoteo sale por la puerta de la capilla. Comienza la tradicional procesión y los romeros, muy emocionados, empiezan a rendir homenaje al patrón ofreciéndole los típicos cánticos que se repiten año tras año: "Cumpleaños feliz", "Es un muchacho excelente", "Asturias, patria querida", "Ven, Luarca" y el Himno de San Timoteo. La gente, con los bastones mirando al cielo y al unísono grito de "San Timoteo, eo, eo", despide al patrón de Luarca con ganas de que pase el año para poder volver a rendirle homenaje cuanto antes. "Es la mejor fiesta de todas, es la única que une a todo el concejo, viene gente de toda Asturias y hay muy buen ambiente", señala Rubén Martín como una de las razones para justificar su habitual asistencia al festejo.

Después de los intensos bailes y cánticos de despedida al santo, el cansancio comienza a hacer mella en los forofos de la fiesta. A partir de las dos de la tarde, las peñas comienzan a sentarse en el prao de Timoteo para coger fuerzas a base de comida en abundancia para todos los gustos y, cómo no, de sidra. "Hay años que con un jamón solo no nos vale y tenemos que ir a buscar otro, de sidra traemos unos doscientos litros para los treinta que somos en total", explica Ricardo Cernuda, de la peña "Divertidos".

Las peñas cuentan con muchos años de experiencia, algunas de ellas han asistido incluso a más de 20 ediciones consecutivas. Es el caso de "Los rumberos" que, como explican la zamorana Beatriz Fernández y la asturiana Belén López, "somos amigas desde que tenemos 15 años y desde entonces no nos perdemos ni una". Lo mismo sucede a "El Sutripón", que desde el año 1992 no ha faltado a ni un solo San Timoteo. El presidente, Ramón Fernández, explica que "en esta fiesta nadie es desconocido, traemos 300 litros de sidra para tirar y regalar a los que se acerquen". Sin embargo, la medalla a la veteranía en este festejo se la lleva José González, más conocido como "El Chirri", que a sus 95 años explica que "llevo acudiendo al festejo desde que tenía quince". Acude cada año desde Barcia y destaca que "nunca me perdí ninguno y espero poder seguir asistiendo".

Esta fiesta que despierta pasiones entre la gente de Luarca despunta por ser un fiesta en la que apenas hay altercados y continúa, desde que comenzó la tradición, en la misma línea. "Hay muchísimos bastones pero nunca hubo un palo, es lo bueno que tiene San Timoteo, su buena gente", señala Ricardo Guardado que se desplaza todos los años desde Gijón a Luarca, villa donde nació, para disfrutar de la fiesta.

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