22 de julio de 2016
22.07.2016

Rebeca Quintans | Periodista y escritora

22.07.2016 | 03:48
Rebeca Quintans, ayer, en Gijón.

Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Santiago, aunque después decidió marcharse a Madrid a estudiar Periodismo, donde comenzó a hacer reportajes como 'freelance'. Así se forjó la carrera de Rebeca Quintans, que comenzó trabajando en revistas alternativas y ahora ha vuelto al mundo de la enseñanza "por ese vicio de comer todos los meses" aunque en sus ratos libres sigue ejerciendo como periodista. Al tiempo que compaginaba sus dos profesiones, comenzó sus investigaciones sobre la Casa Real y en el año 2000 publicó su primer libro en tono crítico sobre la figura de la monarquía: "Un rey golpe a golpe", un libro de encargo, según comenta. Ayer presentaba en Gijón su segunda obra, "Juan Carlos I. Una biografía sin silencios", tras un minucioso trabajo de documentación y recopilación de archivos que muestran una visión del Rey emérito no tan conocida.

- Su primer libro ("Un Rey golpe a golpe") se publicó con el seudónimo "Patricia Sverlo" y no confesó su autoría hasta catorce años después. ¿Por qué?

-Había un periodista que me habían presentado hace un año que sabía que yo era la autora y que me estaba persiguiendo para hacer una entrevista. Yo tenía pensado hacer una actualización de mi primer libro y ya estaba tanteando editoriales y tenía previsto asumir la autoría. Pero en el momento de la abdicación me llamó ese periodista para insistirme y decirme que saliese del armario. Mi intención era asumir la autoría al publicar este segundo libro.

-Al año siguiente de la publicación de su primer libro, el juez Garzón mandó cerrar la editorial que se lo había publicado, "Ardi Beltza". ¿Cree que tuvo que ver con ese libro?

-Sí. La revista publicaba otras cosas muy fuertes y el libro formaba parte del plan editorial de la revista. Cuando Garzón cerró la editorial la acusación formal no se sabía muy bien cuál era. Al director lo metieron en la cárcel unos tres meses y lo soltaron sin ningún cargo. No llegó a formalizarse ninguna acusación. Pero claro, la revista ya la habían cerrado. La tuvieron que volver a abrir en Francia para que fuese más difícil cerrarla.

-¿Existió una sobreprotección de la figura del rey Juan Carlos?

-La hay, evidentemente. ¿Por qué? Porque es una figura simbólica y no puede tener ni un tachón. Su imagen está muy controlada, a veces hasta en chorradas. Una de las anécdotas que cuento en mi segundo libro es cuando el rey Juan Carlos se cayó esquiando y se rompió un brazo. Entonces se inventaron que se había chocado contra otra persona, porque el rey no se podía caer solo. Se presentaron en redacciones de entrevistas de Madrid decenas de personas diciendo que eran ellas las que habían chocado con el Rey y hubo que llamar a la Casa Real que finalmente confesó que se había caído esquiando. Está protegido para dar una buena imagen, de Rey campechano; para dar un retrato amable y con un control férreo, aunque al final de su reinado sí que los medios sacaron algunos asuntos más incómodos para él. Con Felipe VI el control vuelve a estar muy amarrado.

-Su segundo libro es de este año, el primero lo publicó en el 2000. ¿Ha notado una erosión de la imagen de la Casa Real de cara a la opinión pública?

-Yo creo que cada vez hay más antimonárquicos. Lo digo así porque en los primeros años de la Transición y hasta finales del siglo pasado había gente, incluso republicanos, que eran 'juancarlistas'. Ahora ya poca gente se cree ese cúmulo de mentiras que se crearon en torno a él como salvador de la democracia. En el momento que sale mi primer libro, ese sentimiento monárquico todavía estaba muy fuerte. Teníamos miedo de lo que nos pudiese pasar, porque nadie había hecho algo así. Después de ese libro, empezaron a salir más cosas del Rey, aunque sigue existiendo una política de silencio informativo en muchos asuntos.

-¿Ve una similitud entre el intento fallido de golpe de estado producido esta semana en Turquía y el 23-F?

-Sí la veo, porque lo frenaron muy rápido y a quien beneficia es a Erdogan, que se está cargando a su oposición interna. Aquí en España, si no fue un autogolpe, desde luego a quien benefició fue a la monarquía, que la apuntaló, y al sistema de democracia controlada. El 23-F aquí ha tenido mucho efecto y lo sigue teniendo.

-¿Cómo es de complicado hacer un libro sobre el Rey?

-Mucho, yo uso documentación de cosas que están publicadas, pero en muchos casos de difícil acceso porque hay mucha censura con este tema. Tenía que recorrer bibliotecas, hemerotecas, hay cosas sorprendentes que no las encuentras ni aquí y las tuve que encontrar en el extranjero. Por ejemplo, el año pasado me hablaron de un libro que había sacado Diego Torres -el socio de Urdangarín- con un seudónimo y con una empresa domiciliada en Dinamarca. Es muy difícil conseguir información. También las fuentes orales son complicadas de consultar, porque muchas veces se arrepienten de algo que te cuentan cuando les dices que vas a tomar nota.

-¿Qué ha cambiado en estos 16 años para la publicación de su segundo libro?

-Yo quería reeditar mi libro desde que nos cierran la editorial en 2001, aunque por cuestiones personales se quedó parado el proyecto un par de veces. Lo malo en este tema es que cuando te paras siguen pasando cosas y si no lo publicas tienes que ir actualizándolo. Además, no puedo estar dedicada solo a esto, también tengo un trabajo.

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