04 de agosto de 2016
04.08.2016
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"Nunca me ha gustado el público educado de Roma o París, que trata de esconder sus emociones"

"No sé cómo definiría mi estilo, creo que es flamenco en una tierra de nadie; mi idea es presentar mi próximo trabajo para el Grammy"

04.08.2016 | 03:52
Pedro Navarro, a la guitarra.

Ha recorrido medio mundo con su guitarra. Ya sea jazz, flamenco o música clásica, a Pedro Navarro, natural de Nules (Castellón), no hay estilo que se le resista. Galardonado con múltiples premios, en 2014 homenajeó a Paco de Lucía en Nueva York, en un concierto que contó con el respaldo de la Embajada de España en Washington, y que este jueves traerá al Museo Evaristo Valle de Gijón, acompañado del guitarrista de flamenco-jazz Joan Herrero.

-¿Es su primera vez en Asturias?

-Mi segunda. Recuerdo la primera, era pequeño, e iba en un tren. Me quedé maravillado con el paisaje y las montañas, me pareció una estampa cinematográfica.

-¿De dónde saca su pasión por la guitarra?

-En mi familia no hay antecedentes musicales. Es verdad que por ascendencia tanto materna como patena siempre ha habido mucha afición a la música. Tengo raíces valencianas y riojanas, que desde muy pronto me llevaron a estar en contacto con el flamenco y la copla, con el sentir del pueblo en la música. Esto ha marcado la dirección de mi carrera y le ha dado un giro de 365 grados: de estar tocando Bach a acabar tocando flamenco y flamenco-jazz.

-¿Cuál ha sido su formación?

-Estudié guitarra clásica en la escuela más prestigiosa de París, la 'École Normale'. Cuando terminé, decidí abandonar el legado clásico y me pareció el momento para nutrirme de otras músicas. Toqué con gitanos y con latinos y dejé lo que es la pedagogía de la música; pasé de aprender a través de la vista, lo que es el solfeo, para aprender por el instinto, que serían los oídos. A partir de ahí me planteé el empezar a construir mi propia música y mi propio lenguaje, y dejar de tocar cosas de otros.

-Ha actuado en lugares tan dispares como Nueva York, Sofía o Dar es Salaam. ¿Nota diferencia entre el público que acude a sus conciertos?

-El europeo tiene un poco encima la losa de la historia, el americano va muchas veces a disfrutar o a sentir, y luego a pensar; el europeo primero piensa, y luego, si le queda tiempo, disfruta.

-En su trayectoria como guitarrista ha experimentado con diferentes corrientes musicales, como el jazz, el flamenco o la música clásica. ¿Qué sale de esta mezcla de estilos?

-Creo que el resultado es positivo. Por encima de los conciertos que puedan ir saliendo, de los resultados económicos, el mejor premio que estoy teniendo de la crítica y del público es que reconocen mi estilo. Yo no sé cómo definiría mi estilo? Creo que es flamenco, pero sí que es un flamenco en una tierra de nadie.

-¿Recuerda alguna actuación con especial cariño?

-Recuerdo una en Kansas City y otra en Dar es Salaam, la antigua capital de Tanzania, a la que de hecho dediqué un tema. En Kansas City los asistentes eran americanos, y correspondían al tipo de público que a mí me gusta, sin complejos. Nunca me ha gustado el público educado -como dicen los ingleses, "very polite"- el público de Roma o París, que trata de esconder que se ha emocionado, trata de ser comedido. Me encanta el público espontáneo, que te grita un "ole´", que te da vida? En el recital en Tanzania había diplomáticos de todo el mundo. Lo recuerdo por la magia del entorno y las vistas al Océano Índico. Es muy difícil estar tan lejos de tu casa y al mismo cerca sentirte tan cerca de ti mismo.

-¿Ante cuánta gente has llegado a actuar?

-Siete mil personas. Cuando tienes tanto público lo que más te agobia es la presión técnica, dependes de la banda y de los profesionales que tienes detrás, no depende sólo de cómo muevas los dedos en la guitarra. Pero cuando ves que la cosa funciona en el plano técnico, no sientes la presión que a veces tienes ante cien personas. Aunque actúes ante siete mil personas, muchas veces el publico es uno, mientras que, aunque sólo haya trescientas, puedes pensar en nombres y apellidos que van a verte, con buenas y malas intenciones.

-¿Qué se puede encontrar en su álbum "Dedos con duende"?

-El nombre corresponde a lo que fue mi primera crítica, cuando me subí a mi primer escenario con quince años. Me pareció un nombre bonito. 'Duende' viene de la jerga gitana, y simboliza el pellizco, el arrebato, el misterio? Esa magia que surge en momentos contados y que es muy difícil de convocar. En el disco se puede encontrar un flamenco en tierra de nadie, un estilo musical indefinido. Trato de hacer composiciones que estén cerca de la armonía de Brasil, rumbas que se alejen de la rumba típica española y que se fusionen con el Son Montuno cubano, tonos procedentes de la India. "Dedos con duende" es una expresión de todo el bagaje que he ido adquiriendo a través de mis vivencias

-¿Dónde le verán sus fans en los próximos meses?

-Ahora estoy de gira por España, Francia, Italia y Canadá. Cuando acabe el tour, mi idea es encerrarme en el estudio y presentar mi nuevo trabajo, "Flamencos de Nueva York", para el Grammy.

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