19 de agosto de 2016
19.08.2016

Una mirada a la gran pecera de Poniente

El acuario gijonés suma diez años de trabajo en la conservación y divulgación del medio marino

19.08.2016 | 05:14
Acuario de Gijón.

Diez años suma el Acuario de Gijón, en el paseo marítimo de Poniente, entre tortugas, tiburones, medusas, corales... A lo largo de esa década han llegado especies nuevas, algunas se han multiplicado y otras siguen en la brecha como Elisa y Currín, que forman parte de la privilegiada lista de los tiburones más veteranos del panorama acuarológico español. El paseo por el Acuario gijonés se abre y desemboca en el mar asturiano pero el visitante tiene la oportunidad de descubrir otros muchos mares y océanos del mundo. El acuario de Poniente se mantiene como uno de los equipamientos más visitado de Asturias con millón y medio largo de visitantes, pese a que "se notó la crisis y hubo años sin crecimiento", confirma Ainhoa Hevia, comercial del acuario. "Hemos crecido un 15% respecto al año pasado", concluye.

Pero el acuario no es sólo un escaparate al ocio. Susana Acle, veterinaria conservadora , hace especial hincapié en que "nuestra principal función es concienciar a la gente de la importancia de la conservación del medio marítimo". Y para ello han habilitado una zona de exposición en la que se muestra el daño provocado por algunos de los productos más contaminantes, como plásticos o botellas de vidrio, y los años que tardan en degradarse. Eso sí, antes de su desaparición podrían -y así es en la mayoría de los casos- haber supuesto la muerte de un número importante de animales. La veterinaria asturiana cree que "es importante conocer lo que hay bajo el mar y para ello son necesarios los acuarios.

"Los niños son los que mejor reciben esta información y salen muy concienciados con el mantenimiento que requiere el mar", afirma la veterinaria. Para mostrar también el daño que hacen los humanos al soltar animales que ya no quieren en su casa, han habilitado peceras en las que están animales autóctonos y otros alóctonos. "Los alóctonos, que son los que no pertenecen a este hábitat, hacen mucho daño a los autóctonos ya que pueden transmitirles enfermedades e incluso acabar con ellos", explica. Los cangrejos americanos frente a los autóctonos, así como la tortuga florida ante el galápago leproso, son algunos de los ejemplos empleados . Precisamente esta especie de tortuga está en peligro de extinción y la invasión de especies ajenas a su hábitat provoca que su desaparición se acelere.

Uno de los puntos fuertes con el que cuenta el depósito marino gijonés es la reproducción de especies en cautividad, reconocido con el Premio AIZA (Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios) en 2010. Los signatidos (pertenecientes a la familia de los caballitos de mar); las lampreas (vampiros marinos); los peces mula; diferentes especies de tiburones; medusas; sepias? Todos ellos han nacido en el Acuario de Gijón "con mucho cuidado, el máximo respeto y la atención posible; además, los tenemos localizados a todos para responder con rapidez", recalca la Susana Acle. Sin embargo, "los que han nacido en el mar y llegan al acuario, tienen un periodo de adaptación a la vida en cautividad de unas tres semanas, este tiempo varía en función de la especie". Además, lo que también les permite poseer una importante riqueza de especies es la buena relación existente entre los acuarios de toda España, con los que se intercambian especies. Y también lo posibilita un acuerdo con los pesqueros, que, cuando encuentran algún pez que no quieren por el motivo que sea, lo llevan al acuario. Sin embargo, Acle confirma que "no hacemos trabajo de recuperación de especies dañadas en el mar a no ser que el Principado de Asturias nos pida algún tipo de colaboración, que en esos casos sí lo hemos hecho".

El gran momento de la visita tiene lugar lunes y viernes cuando los buzos dan de comer al gran "oceanario" en el que están los tiburones, las tortugas? que está formado por un millón de litros de agua. Todo un mar cubierto. Este acontecimiento también es importante a la hora de la concienciación ya que se puede ver cómo los niños se preocupan porque los animales estén cuidados, se alimenten y puedan disfrutar de unos acuarios limpios. También se aprovecha el instante para recalcar que "los tiburones están en peligro de extinción por culpa de la caza humana y por la destrucción que hacemos de sus ecosistemas".

El equipo de biólogos, formado por diez personas, cuenta con diversas tablas y archivos que les permite organizarse para la alimentación, cuidado de los animales y el mantenimiento óptimo de agua atendiendo a diversos parámetros. Un día en el acuario empieza a las 8 de la mañana con el reparto de trabajo, y aunque la jornada dura ocho horas, realmente están pendientes de los animales las veinticuatro horas del día. Además, están vigilados todo el día por un experto para evitar un fatal desenlace en caso de que ocurra algo. Es por esto que hay una persona encargada de apuntar cuánto come cada animal cada día porque, si no lo hacen, esto se convierte en un indicativo de que les sucede algo. Susana Acle destaca que "es muy importante trabajar en equipo aquí" y así se cumple ya que "cuatro personas se dedican a cuidar la exposición y otras cuatro son para la cocina, cuarentena y laboratorio; además de un jefe de acuarista, una veterinaria conservadora, un ayudante de veterinario y tres personas dedicadas al mantenimiento".

El Acuario de Gijón sigue aumentando tanto el número de especies como el de visitantes. Son diez años en los que el avance científico les ha permitido crecer y, teniendo en cuenta los porcentajes, el futuro es esperanzador.

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