25 de agosto de 2016
25.08.2016
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Arte en piedra viva

Antropología, simbolismo y geología conviven en la visita a la cueva de Tito Bustillo

25.08.2016 | 10:04
Varios visitantes, momentos antes de entrar en la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella, ayer por la mañana.

Tiene pinturas con más de 34.000 años y, en todo caso, lleva descubierta desde 1968, pero la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella, es un lugar muy vivo. El principal yacimiento con arte rupestre de la comarca del Oriente se mueve al ritmo de la investigación, pero también al de los miles de visitantes que cada año se sumergen en sus entrañas para conocer las creaciones del hombre del Paleolítico.

Las visitas corren a cargo de cinco guías de patrimonio, trabajadores de la Consejería de Cultura, que muestran la cueva en los diez pases diarios con un máximo de quince personas en cada uno. Están al tanto de las últimas novedades de la investigación científica y existe entre ellos un consenso sobre qué teorías están desfasadas y cuáles se van incorporando.

Con todo y al contrario de lo que sucede en otras regiones, gozan de libertad para no tener que sujetarse a un guión prescrito. Esto abre la posibilidad de visitar la cueva varias veces y en cada una de ellas fijar la atención en un aspecto: la antropología (el comportamiento humano), el simbolismo del arte o el valor geológico de la cueva son algunos de los acentos que enriquecen la visita pasando, lógicamente, por aquellos puntos indispensables de la gruta, comunes en todos los casos.

La experiencia en el interior de Tito Bustillo, que dura una hora, discurre también estimulada por los propios visitantes, pues "con una pregunta puede surgir un nuevo tema", explican los profesionales. Las cuestiones afloran durante el trayecto, ante una pintura rupestre o a raíz de un comentario del propio guía, que agradece las preguntas. Han pasado médicos interesados por las diferencias morfológicas entre los cerebros de sapiens y neandertales y también matemáticos que han encontrado relación entre los puntos hallados junto a las representaciones del camarín de las vulvas.

La máxima de los guías es el "respeto" a la obra de arte y por ello sólo dan por hecho aquello que ha probado la ciencia. Un resto arqueológico, una aguja o una punta de lanza, tienen una datación y un destino indiscutibles (aunque el estudio publicado por Science en 2012 demostró que algunas pinturas de Tito Bustillo eran más antiguas de lo que se pensaba) pero la interpretación es otra cuestión. Aunque la tendencia actual es a interpretar cada vez menos, la necesidad de comprender y explicar forma parte inherente del ser humano. Así, durante la visita surgen cuestiones tan interesantes como si los artistas prehistóricos pintaban para atraer a los animales. En el 99 por ciento de las cuevas con arte Paleolítico y yacimientos arqueológicos (restos de animales) no hay coincidencias entre lo cazado (los restos) y lo representado (las pinturas).

No se descarta de forma categórica, pues también se han representado animales heridos, con lanzas, y se desconoce si se debe a algún tipo de ritual. Con todo, la teoría que relaciona la representación pictórica y la caza está actualmente en desuso y los especialistas no la valoran. Otra de las preguntas que suele plantearse el visitante es por qué aquel pintor se adentró en una cueva, un lugar agreste y de difícil acceso, casi arriesgando su vida, para crear una obra que nadie o casi nadie podría ver. Esta actuación contrasta con el "exhibicionismo" que caracteriza a los artistas contemporáneos, pues mostrar la obra es casi consustancial a esta condición.

Ante cuestiones de este tipo, durante la visita en Tito Bustillo hay guías que advierten de la entrada en un terreno filosófico, pero el asunto también tiene una explicación antropológica. No cabe duda de que quien realizó las pinturas tenía unas determinadas cualidades estéticas y aptitudes para hacerlo, pero entonces no existía la consideración actual de artista.

No la había en el Paleolítico y tampoco en la Edad Media, cuando eran más bien artesanos que ni siquiera firmaban las obras. Sí cabe pensar que el pintor tuviera "cierta consideración" dentro del colectivo, pero no tanto como artista sino como alguien capaz de trasladar la historia a la pintura.

Se diferencian, además, esas pinturas "profundas" tanto en lo orográfico (en el interior de la cueva, en zonas oscuras) como en lo espiritual. Las que albergan cuevas como Tito Bustillo pero también El Pindal (Ribadedeva) o El Buxu (Cangas de Onís) serían ejemplos de esto. Pero también existen otras representaciones al aire libre, realizadas "para ser visualizadas por el colectivo". En la cuenca del Nalón hay nada menos que trece yacimientos que las contienen.

Con todo, los guías anteponen cada cierto tiempo en su discurso que se trata de interpretaciones, pues sólo los hombres del Paleolítico podrían explicar a ciencia cierta por qué pintaron en cada ocasión. Otra de las cuestiones que suelen surgir frente a escenas de caza, por ejemplo, es la de la jerarquía en aquellas sociedades. Desde el punto de vista antropológico tendría sentido pensar, exponen los guías, que no existía en el sentido actual. "Habría una organización en función de las capacidades de cada uno, algo muy importante para la supervivencia del grupo", apuntan los conductores de la visita en su explicación. Las habilidades para cazar, recolectar o cuidar de la prole determinarían, de este modo, el papel que desempeñaba cada individuo, pero no imperaría una jerarquía como han desarrollado las sociedades posteriores.

La interpretación del arte y de su contexto es un campo sujeto a teorías y corrientes que, como destacan los guías, son a la vez "hijas de su tiempo", influidas por las corrientes prehistóricas e incluso filosóficas de cada momento. Ese respeto hacia la obras de los pintores del Paleolítico y el rigor respecto a la investigación científica se ilustra de forma anecdótica pero muy certera en la revelación que Vaquero Turcios hizo tras concluir una de sus conferencias. "Ahora voy a contar lo que significan las pinturas", avanzó ante una gran expectación y antes de concluir un humilde y socrático "Yo qué sé".

Cuando se cumplen 48 años del descubrimiento de la cueva de Tito Bustillo y en un momento en que avanzan imparables tanto la investigación científica como los equipos humanos que se dedican a ahondar en su estudio, la visita no deja de ser un intercambio, una comunicación entre el gran público y un bien cultural a través del transmisor, el guía. En esa interacción ambos dejan parte de sí y de sus inquietudes, pues hay visitantes en los que se activan cuestiones morales e incluso religiosas. Una inmensa mayoría sale muy satisfecha tras la visita, pues se ha adentrado en un viaje en el tiempo, miles de años atrás, en el que sin embargo se ha acercado a iguales, seres muy parecidos con inquietudes muy similares a las que puedan cruzar su mente antes, después e incluso durante la experiencia.

El principal investigador de la cueva, Rodrigo de Balbín, destacó en su última visita a Ribadesella que aquellos pobladores "eran exactamente iguales" a los humanos actuales, "con las mismas preocupaciones de supervivencia" e idéntico gusto por cosas como la música. No en vano, se han encontrado flautas del Paleolítico Superior y Medio, e incluso un conjunto de columnas pétreas que empleaban como percusión y que fueron descubiertas por los propios guías.

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