26 de agosto de 2016
26.08.2016
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Guadaña, tradición y eficiencia

A los pies del Pajares, con un desnivel del 30%, se siega la hierba de manera tradicional, sin maquinaria

26.08.2016 | 08:35

"No hay forma de comprender todo lo que cambió. Ahora es todo maquinaria, sobramos las personas. La maquinaria antes era la guadaña, el garabatu, la pala y los brazos. Era muy esclavo". Laureano Prieto, a sus 86 años, lleva toda una vida trabajando en la hierba. "Yo nací en la hierba. Desde que era pequeño, íbamos los siete hermanos a ayudar a mi padre al campo", relata Prieto, la segunda generación de una familia que hoy sigue manteniendo la tradición.

"Cuando eres pequeño y no puedes ayudar en otras cosas, llevas el agua a los que están segando. Luego te compran un garabatu pequeño, que hace gracia. De ahí pasas a uno más grande y cuando te das cuenta estás ya en el tractor", relata Marcos Fernández,nieto de Prieto, cuarta y por el momento última generación en trabajar en el campo, aunque su hija, la pequeña Telva, de 4 años, ya muestra maneras. "No creo que siga con la tradición, la madre no la deja", se lamenta Fernández, aunque apoya la decisión; "lo peor de la hierba es todo", enfatiza.

El proceso es laborioso. "Por mucha maquinaria que haya, aún no se ha inventado ninguna que pueda operar en esta zona, con un 30% de desnivel", explica Fernández, oteando el paisaje de su pueblo, Erías, a los pies del Pajares. Precisamente por ello, gran parte de la hierba ha de ser tratada a mano, "como se hizo toda la vida". Primero, se siega con la guadaña. Luego, con el garabatu se esparce para que cure con el sol. Cuando está más seca, se le da la vuelta para que termine de secar por el otro lado. Si el tiempo lo permite, se hace montones con la hierba ya segada, se carreta con caballos y se lleva al pajar. Si no, hay que hacer pequeños montones para que siga, en la medida de lo posible, secando. Luego, se ha de esparcir otra vez para que termine de secar y ya se recoge siguiendo el procedimiento habitual. "Hay que segar al amanecer. La hierba tiene un punto, hay que hacerlo cuando aún está mojada por el rocío ya que si está seca no puedes, no lo corta la guadaña. Luego la esparces y la revuelves y de tarde la apañas. Y si te da tiempo y aun tienes fuerzas, la guardas en el pajar", apuntilla Fernández.

La hierba se trabaja a lo largo de los meses de verano, ya que no todos los prados están listos para segar a la vez. La familia de Fernández posee unas 25 hectáreas de extensión, de las que siegan más o menos la mitad, tardando hasta 4 días en segar una hectárea. "El resto lo dejamos para pastar: soltamos al ganado y dejamos que se lo coma. Después, pasamos la desbrozadora", explicita Fernández, "todo lo que segamos, lo consumimos aquí. El invierno aquí es muy largo". La hierba, empacada en seco o en silos, sirve para alimentar las 25 cabezas de ganado vacuno, con Denominación de Origen Asturiana de los Valles de las que disponen, además de otras tantas ovejas xaldas. A todo el ganado se le saca rendimiento en la fábrica de embutidos de la familia: Herías. "Hacemos chuletas y filetes para vender en la tienda, alguna xata se vende para que críe, y el resto, todo para embutidos", de los que producen 18.000 kilos cada año. "Para salir a cuidar de las vacas da igual que llueve, que nieve o que haga lo que sea. Hay que ir sí o sí. Y ahora están al lado de casa pero antes tenías que caminar horas y horas para llegar a ellas", recuerda Prieto.

Además, también poseen una pomarada con 400 árboles de manzana acogida a la denominación de origen que se vende toda para hacer sidra.

"Manda ahora a la juventud a trabajar lo que trabajamos nosotros. Al primer día piden la jubilación ya", sentencia melancólico Prieto.

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