31 de agosto de 2016
31.08.2016
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Ocho mil kilómetros persiguiendo un eclipse

El físico asturiano David Lago viaja a Madagascar para observar sin obstáculos el fenómeno astronómico de mañana

31.08.2016 | 08:01
La puesta de sol en la avenida de los baobabs de Morondava, en Madagascar.

En la fría mañana del 20 de marzo de 2015, las nubes eclipsaron totalmente un eclipse de sol. David Lago Cachón, físico e investigador, impulsor de un colectivo de fanáticos de la astronomía con nombre prometedor, "Cielos Despejados", estaba en el patio del instituto Doctor Fleming de Oviedo aprovechando el fenómeno para tratar de ver y enseñar a ver a los alumnos, pero el invierno asturiano sólo permitió que él y sus compañeros dieran una pequeña clase teórica y a ciegas, mucho menos de lo que esperaban. Cuenta que aquel día empezó a madurar ideas sobre qué hacer para recuperarse del fracaso. Ha tardado casi año y medio, ha recorrido más de 8.400 kilómetros, pero ya está en disposición de despejar el cielo y, ahora sí, mañana sí, sacarse la espina observando el sol oscurecido sin obstáculos y en todo su esplendor. En Mahajanga, o Majunga -depende del dialecto-, al Noroeste de Madagascar, mañana espera poder repetir la experiencia de otro modo, esta vez sin el doble oscurecimiento de la masa de nubes, sin más eclipse que el solar anular en el horizonte despejado del firmamento malgache.

Mirando el calendario, sopesando sus opciones, comprobó que desde el fatídico 20 de marzo hasta mañana, sólo hubo otro eclipse de sol "y fue en Borneo y otras islas del Pacífico el 8 y 9 de marzo pasados", cuenta. "El próximo se verá en 2017 en Estados Unidos, entre los Grandes Lagos y la costa Este y con una probabilidad elevada de nubes"... En Asturias no habrá otra oportunidad hasta dentro de diez años casi exactos, el 12 de agosto de 2026. Falta demasiado, y quién sabe si los telescopios volverán a tener que quedar mirando al suelo, en señal simbólica de protesta como en aquella friísima y muy nubosa mañana de marzo en el Fleming. Llegó a la conclusión de que el momento era ahora y el lugar, alguno al Sureste de África con alta posibilidad de cielos despejados. Lago, que viaja con dos amigas ingenieras, Gemma y Andrea, metió en la maleta el telescopio y hoy espera con ansiedad, cruzando los dedos, el paso de la luna entre la tierra y el sol que las nubes le negaron hace año y medio.

Fundiendo el turismo con la pasión por la astronomía, y el afán de conocimiento con la curiosidad científica, el viajero escogió Madagascar por el cielo y la tierra, por la alta probabilidad de buena observación y por el paisaje, sobre todo por su ubicación en mitad de la trayectoria de un eclipse que comenzará al amanecer en el Océano Atlántico al Oeste de África, cruzará el continente hacia el Este y culminará algo más de tres horas después sobre el Índico. De España sólo lo verán en su fase parcial desde las Islas Canarias.

Tanzania tiene el lugar donde la ocultación y la duración del eclipse serán mayores, pero Madagascar figura en el recorrido entre los puntos desde donde será posible observar un mayor grado de ensombrecimiento del sol, de modo que, ahora sí, todas las condiciones son a priori las idóneas para facilitar la observación. Si todo lo bueno se cumple y las nubes se van, los expedicionarios asturianos tendrán unos minutos, hasta aproximadamente la una y media de la tarde, hora española, para contemplar el insólito día oscurecido y la luna dejando el sol reducido a un disco de luz a su alrededor.

Es todo eso que David Lago y los componentes de "Cielos Despejados" no pudieron ver aquella mañana en Oviedo. Es la única salida para no tener que esperar diez años y un parte meteorológico favorable hasta el día del próximo eclipse solar plenamente visible desde Asturias.

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