POR MARÍA JOSÉ IGLESIAS
En cuestiones de moda conviene no apresurarse. Si alguien pensaba que la alta costura estaba en dique seco, el catalán Josep Font se ha encargado de desmentirlo. Lo ha hecho con una colección de aires barrocos con auténtica gracia española, que ha puesto en pie a la «creme» parisina. Font derrocha imaginación, de la que tan escasa andan otros compatriotas, sus gasas, tules y sedas imposibles se aglomeran en torno al cuerpo, envolviendo a la mujer en un sueño de tela.
Font organizó un desfile por todo lo alto en el histórico Salón Imperial del hotel Westin, el mismo lugar en el que durante décadas triunfó la «haute couture» del mago Saint Laurent. La ropa del joven talento español también tiene algo de mágico. Parece sacada de los cuentos. El pase se hizo sin prisa, a la vieja usanza, con modelos que no se limitaron a caminar desbocadas sobre la pasarela. El espectáculo fue toda una celebración de la vida, de la alegría que transmiten unos vestidos dignos de María Antonieta.
De momento, Sofia Coppola, la directora del filme más reciente sobre la reina guillotinada, ya se ha fijado en ellos. El blanco hielo, el azul topacio, el fucsia y el rojo fuego guían la colección. «El momento es tan gris y tan negro que me apetecía ser optimista». Más claro, agua.
Su álter ego en Estados Unidos, Marc Jacobs -se les equipara y compara con razón-, ha pensado lo mismo pero en versión pret a porter. La auténtica estrella del invierno es el abriguito rosa fucsia, pensado para auténticas «caperucitas» de ciudad, dispuestas a combatir el frío con mucha clase.
Está realizado en lana de Shetland, con una gran capucha, tapetas en los hombros, mangas anchas y ajustado en la cintura. El colmo de la gracia es la falda que forman los frunces de la cintura. Las copias «low cost» ya están en las tiendas pero en este caso, como en otros muchos, nada iguala al original.
El diseñador de joyas Philip Crangi, célebre por sus águilas anclas y piezas inspiradas en la Historia, ha llevado al extremo la tendencia de la tienda con encanto, que recorre el mundo y ha creado una auténtica mansión estilo Art Deco, en su Nueva York natal, para vender sus creaciones. Abre este fin de semana y promete ser uno de los acontecimientos de la temporada.
Decoró Madrid para la boda de los Príncipes de Asturias y la semana pasada ilumió la Cibeles de Rosa. Lorenzo Castillo (Madrid, 1968) es uno de los decoradores de culto entre los jóvenes VIP españoles. Se ha ganado el puesto. Es una enciclopedia andante de la historia de los estilos decorativos, adora las antigüedades -empezó con ellas- y también las líneas rectas y los espacios despejados. Comenzó hace 20 años con su tienda madrileña. Hoy su nombre destaca en el grupo de jóvenes anticuarios que airearon un sector anquilosado. En su casa conviven piezas como una cama turca original de David Hicks, apliques Luis XVI y una mesa de alas de Willy Rizzo. Eclecticismo puro.