POR MARÍA JOSÉ IGLESIAS
Los locos años veinte evocan el Charleston, las plumas en el pelo, los interminables «sautoir» de perlas y piedras de colores... gasas plisadas con aires de Fortuny y una especie de elegancia evanescente en el ambiente. El escenario pre-crack del 29 tal vez no sea el más indicado para la actual época de crisis, pero ayuda a mirar con otros ojos el recorte en las cuentas corrientes. El armario de la abuela se convierte en un filón inagotable.
Las firmas -caras y baratas- se apuntan a la tendencia. Después de todo, las que compraban «Albertas Ferretis» antes de la recesión lo siguen haciendo ahora, y las devotas de Zara siguen fieles a la copia de lujo.
Los locos años veinte no sólo fueron plumas y oropeles. Supusieron la redefinición de la silueta femenina, con modelos que se pegaban más al cuerpo. Fue el prólogo a los Gabrielle Chanel y Christian Dior que dieron el golpe de gracia a los antiguos usos indumentarios. La nueva mujer tomó prestadas ideas del armario masculino: ni más ni menos que el traje sastre que derivó en «tallieur» y marcó talles de avispa sin necesidad de usar corsés.
Tonos marrones, negros o blancos, de rayas? Las camisas blancas de mangas anchas, sin caer en el exceso, el esmoquin, los pantalones de pinzas rectos y de talle alto y gabardinas son las prendas más destacadas que van en la línea de la moda de los años veinte.
Creatividad artística y liberación de la mujer fueron los hitos más novedosos de este período. De hecho, fue en estos años cuando aparecieron los primeros bañadores de una pieza, fabricados en lana tejida. Llegaron también nuevos cortes de pelo y las faldas pasan a cortarse al nivel de las rodillas, dejando así de lado las faldas hasta los tobillos. Era ropa en movimiento, con vida propia, para un mundo de cambios y convulsiones, como el actual.
Si al oír la palabra mágica Rolex alguien tiene la tentación de pensar en un reloj de oro amarillo o sólido acero, es que aún no ha visto el nuevo Royal Black, un auténtico capricho femenino de la casa suiza y la novedad que promete ser superventas estas Navidades entre la clientela más selecta. Quien prefiera la opción clásica también puede conseguirla.
Viajar con bebés puede resultar un poco estresante en el aeropuerto. Después de despachar el equipaje toca llevar al bebé en brazos. La marca de artículos de viaje Samsonite ha pensado en los padres que tienen que viajar y ha diseñado un equipaje convertible en carrito. La maleta, bautizada como Travel Bag-Buggy, sirve como valija, y al ponerla de forma horizontal puede utilizarse como sillita para el bebé. Lleva la firma del estudio Castiglione Morelli. Cuenta con un compartimento especial que al abrirse deja al descubierto la sillita para el bebé, realizada en tela. El artilugio es un completo dos en uno que evita quebraderos de cabeza a los sufridos padres. Precio: sobre 200 euros