POR CAROLINA G. MENÉNDEZ
Tal parece la casita de los enanitos de un cuento infantil: de madera por dentro y por fuera, con una decoración rústica y acogedora, rodeada de las prominentes montañas de los Alpes franceses y suizos y situada a los pies de las pistas de la estación de esquí Le GrandMassif, en la localidad francesa de Les Carroz d'Arâches.
Este idílico rincón entre Ginebra y Chamonix tiene un nombre: Les Servages d'Armelle, un hotel con siete habitaciones y tres suites de un lujo discreto y un restaurante que combina la cocina tradicional de Saboya (fondue, raclette o tartiflette) con platos más imaginativos (carpaccio de langostinos, rodaballo salvaje, magret de pato de las Landas o carne de buey) que hacen guiños a las recetas populares de la zona.
Les Servages d'Armelle tiene clase y estilo, el que se ve en un diseño que conjuga materiales y elementos decorativos contemporáneos (acero, cuero, cristal...) con los más clásicos, entre los que prima la madera. Así, cada habitación se convierte en un refugio para descansar, resguardarse de la nieve y deleitarse con su paisaje.
El conjunto del hotel, por encima de todo confortable y cálido, es una fusión del ayer y del hoy que invita al huésped a relajarse tras una jornada de esquí en los heladores inviernos (no es muy raro que el termómetro alcance los 20 grados bajo cero) o después de una excursión veraniega descubriendo la montaña alpina.
En los días soleados, una terraza orientada al Sur convoca a los clientes a saborear un desayuno energético (por supuesto, con un crujiente croissant incluido) para llenar de fuerza el organismo y enfrentarse a una mañana llena de actividad deportiva. Estas dependencias también reciben a los clientes para degustar la cocina del chef Pascal Flecheau.
Les Carroz, junto a Flaine Morillon, Samoëns et Sixten, que en conjunto integran Le Grand Massif, ofrece al esquiador más de 250 kilómetros de pistas, una buena razón para visitar el corazón de los Alpes y alojarse, ¿por qué no?, en Les Servages d'Armelle.