POR ANA PAZ PAREDES
Anno Albert Brendebach es alemán, pero en Vegadeo quienes le conocen le consideran más asturiano que cualquiera que haya nacido en tierras de Pelayo. Hace ya, dice, muchos años llegó de vacaciones a Asturias con Bárbara, su mujer, y sus hijos, y se enamoraron perdidamente de la región. Tanto que acabaron por trasladarse a vivir al occidente asturiano. Los diez primeros años en La Bobia los considera los más felices de su vida, «me sentía libre como un águila en su nido», dice. Luego bajaron a Piantón, donde residen en la actualidad.
Desde aquel día en que su mujer le trajo una extraña piedra hasta hoy, en que lleva 21 años trabajando la quiastolita, ha pulido y otorgado belleza a un incontable número de piezas de este silicato de aluminio que es 20 veces más duro que el cuarzo. En ocasiones, colgantes, pulseras, anillos, collares, llaveros y broches donde combina la desnudez de la piedra con su engarce en plata de diferentes diseños. En otras, este artesano no sólo hace joyas visuales, también las baña en leyendas y en mitos que hacen de la «cruz de San Andrés», o «piedra del rayo» o «piedra de los celtas», un protector contra numerosos males. Se trata de bellas leyendas en las que el que compra puede creer o no, pero siempre es más divertido y tiene más encanto hacerlo.
Este artesano que tanto gusta de caminar por los bosques y la naturaleza asturiana recomienda a los viajeros una ruta sencilla y agradable, pero no por ello menos espectacular, que se inicia en Piantón, un pueblo que también merece visita.
Tras cruzar el puente romano se sigue por un camino a la izquierda en dirección a Arcilo, por una senda donde predomina el eucalipto, sin que falten castaños, laureles y acebos. En Arcilo hay que desviarse a la derecha y caminar hacia Cobre, donde existen dos senderos para llegar a Meredo: uno de 1,5 kilómetros y el otro de 3,5, pasando por El Foxo. Una vez en Meredo la gran sorpresa es no sólo su mazo y el molino, sino el entorno en el que se encuentra, de una belleza abrumadora. Mientras se escucha el rumor del río Suarón, que acompaña durante gran parte del recorrido, se puede descansar un rato en el área recreativa. Para regresar se retoma el camino hacia Arcilo, disfrutando de una bella vista del valle. La ruta, circular y de unos 12 kilómetros, puede realizarse en cuatro horas.