Realezas de andar por casa

Las monarquías europeas, que se saben en el punto de mira, se esfuerzan por dar una imagen de austeridad y proximidad

26.03.2012 | 07:20

Las coronas se adaptan a los nuevos tiempos. Eran imágenes insólitas hace unos años. Pero las monarquías europeas se han modernizado y humanizado, en un intento de acercarse al pueblo que las cuestiona, y ya no es raro ver a una princesa en el supermercado o con un vestido de una cadena de bajo coste. La incorporación de plebeyos a las familias reales y los recortes presupuestarios han contribuido a este cambio de imagen.

Princesas que visten de Zara y hacen la compra en el súper, príncipes al volante dejando a los niños en el cole, herederos que cambian la corona por la plancha... Las monarquías europeas, conscientes del delicado momento económico y social en el que están inmersas, se esfuerzan en proyectar una imagen austera y próxima. Fastos como la celebración del jubileo de diamante de la reina Isabel II conviven con los gestos espontáneos de su nuera, Catalina. Las nuevas generaciones de la realeza, príncipes y princesas en su práctica totalidad casados con plebeyos, son el símbolo de los nuevos tiempos y el enlace entre las Coronas y el pueblo.

Estos guiños no son casuales. Todas las casas reales se saben en el punto de mira, han sufrido recortes y se han visto en la obligación de evitar la ostentación. Tanto la Princesa Letizia como la duquesa de Cambridge combinan diseños de costura a medida -cuidando siempre que sean de diseñadores patrios, españoles para la primera, británicos para la segunda- con vestidos de populares cadenas de bajo coste. La Princesa de Asturias fue precisamente destacada por ello entre todas las princesas en un reportaje de la revista «Point de Vue». A la ex periodista se le ha visto repetir modelito en numerosísimas ocasiones y también reciclar trajes. Las infantas a menudo intercambian atuendos de gala.

Kate Middleton dio su primer discurso público esta semana con un sastre azul de su madre. Kate, la gran esperanza de la monarquía inglesa, y su esposo, el príncipe Guillermo, ya dieron muestras de otro talante el mismo día de su boda. Una vez instalados, decidieron prescindir del servicio. Hace apenas unos días, la duquesa demostró sus habilidades con la plancha al visitar un centro infantil. Su suegro, el príncipe de Gales, lo intentó pero las diferencias de actitud son notables. Se decía, por ejemplo, que un miembro de la servidumbre se encarga de bajarle a Carlos, un hombre que siempre viste sastrería a medida, el asiento de los estadios. En contraste, las imágenes de Letizia eligiendo personalmente la fruta en un supermercado fueron portada hace unas semanas.

Los monarcas también intentan adaptarse. Sorprendente fue la imagen, la semana pasada, de la reina Beatriz de Holanda lavando mascotas con sus propias manos.

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