Sara Carbonero, una tía lista, le pregunta en el pospartido España-Portugal al bendito de Andrés Iniesta: ¿en ningún momento se te pasa por la cabeza tirar uno de los penaltis? E Iniesta, un tanto confundido y siempre tímido, responde: «Sí, de hecho he tirado el segundo». Sara, micrófono en mano, se da cuenta del error, y con buen humor dice: «Bueno, compañeros, ya sabéis... Mañana, en Twitter, el penalti de Iniesta».
Libró con holgura el patinazo, y acertó en sus augurios. En este país al borde de la bancarrota nacional, las equivocaciones de Sara Carbonero, la novia de Iker Casillas, el mejor portero del mundo, parece el asunto planetario más importante. De hecho, parece que sólo Sara Carbonero se equivoca. Y miren si no se dicen tonterías durante los noventa minutos de transmisión en directo de un partido de fútbol.
A Sara, la guapa del equipo de enviados de Mediaset a la Eurocopa de Ucrania y Polonia, le llueven las críticas cada vez que habla. No está resultando para ella una buena experiencia porque además anoche abandonó la concentración a causa de la muerte de su abuelo materno. Tras el funeral, de nuevo para Ucrania para estar presente en la final. Su papel en las transmisiones es necesariamente colateral, como el de todos los informadores que se ponen a pie de campo a formular preguntas innecesarias y recibir respuestas predecibles. Pero a la periodista de los ojos claros y la melena al viento se la examina con microscopio. La verdad es que la entrevista a Iniesta, por aquello de la emoción y el latir apresurado, no comenzó bien. La periodista le pregunta a Iniesta. «¿De quién te acuerdas, ahora que no tienes la familia aquí?». Atención a la respuesta del bendito Iniesta: «Ha venido parte de mi familia, mi madre, mi hermana y mi cuñado».