Dolce & Gabbana, moda sin impuestos

Los modistos italianos fueron condenados a pagar una multa de 343 millones por ocultar cifras para obtener ventajas fiscales

31.03.2013 | 03:58
Domenico Dolce y Stefano Gabbana, dos creadores que crean tendencia.
Domenico Dolce y Stefano Gabbana, dos creadores que crean tendencia.

Los diseñadores de la marca italiana Dolce & Gabbana fueron condenados ayer a pagar una multa de 343,4 millones de euros más intereses por evadir impuestos. La Comisión Tributaria de Milán ratificó la sentencia de primer grado de noviembre de 2011 que los modistos italianos, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, habían recurrido.


La comisión tributaria considera que los diseñadores tuvieron una conducta de abuso con el objetivo de procurarse una ventaja fiscal.


La fiscalía de Milán pidió en 2010 el enjuiciamiento de los diseñadores acusados, junto a otras cinco personas, por un supuesto delito de evasión fiscal de 1.000 millones de euros. Según la investigación que se llevó a cabo la multinacional Dolce & Gabbana creó en marzo de 2004 una sociedad con sede en Luxemburgo bajo el nombre de Gado, que constaba como la propietaria de algunas marcas que forman parte del grupo, pero que en realidad se gestionaba desde Italia. Según la acusación, las ganancias derivadas de la explotación de la marca tributaban en el extranjero y no en Italia, donde deberían haber pagado los impuestos.


Los estilistas fueron acusados, además, de ceder las marcas que forman parte de su imperio a la sociedad Gado por 360 millones de euros, un valor muy inferior al real según la acusación, que lo cifra en unos 700 millones de euros. La fiscalía acusó a cada uno de los modistos de haber evadido 420 millones de euros e imputó a la sociedad otros 200 millones de euros.


Ahora la Hacienda italiana gana su segunda gran batalla y pide su dinero de vuelta. Para evitar meterse la mano al bolsillo, Domenico y Stefano, dos de los diseñadores más famosos del mundo y los encargados de vestir a las modelos y actrices más importantes del momento, sólo tienen una opción: jugar su última carta ante el Supremo.

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