Rivera roza la tragedia de su padre

La trayectoria de la cornada a punto estuvo de acabar con el diestro en la plaza de Huesca, aunque una vez en la enfermería su vida "no corrió peligro"

12.08.2015 | 05:14
Rivera Ordóñez, a su llegada al hospital de Zaragoza.

El torero Francisco Rivera Ordóñez estuvo a punto de repetir la tragedia de su padre, Francisco Rivera "Paquirri", muerto por una cornada en la plaza de Pozoblanco, en Córdoba, en 1984. En la tarde del lunes, en Huesca, mientras saludaba con el capote al segundo animal de su lote, de nombre "Traidor", el toro le prendió por la zona abdominal, dejándolo varios segundos colgado del pitón. La trayectoria de la cornada rozó partes vitales, según relataba ayer Enrique Crespo, el cirujano jefe de la plaza, pese a lo cual, una vez en la enfermería, la vida del diestro "no ha corrido peligro en ningún momento".

El torero fue trasladado ayer del hospital de Huesca a la Clínica Quirón de Zaragoza, donde le esperaban su esposa, Lourdes Montes, a punto de dar a luz a su primera hija (la segunda de Rivera), y su hermano Cayetano. El doctor Crespo anticipaba ayer que el diestro tendrá una recuperación muy lenta, y confiaba en que no aparezcan complicaciones menores.

La descripción clínica de la herida da la dimensión de lo cerca que estuvo la tragedia. "La cornada va de una fosa iliaca a otra. En la fosa derecha", exponía ayer Enrique Crespo, "le ha metido el cuerno hacia la cavidad abdominal y lo primero que ha hecho el pitón es disecarle la arteria iliaca en 3 cm. Si en vez de disecarla y contundirla la desgarra, la situación podía haber sido trágica". La cogida tiene otros aspectos no menos peligrosos. "Además, el cuerno le ha levantado todo el colon ascendente, también el ciego, y le llega hasta la columna, donde tenemos pegada la aorta, que la ha pelado en 5 cm. Y lo mismo: si le llega a desgarrar la aorta, se nos muere", concluye su relato el cirujano jefe de la plaza. Él estaba entre los que escucharon al torero invocar "viva la Virgen del Rocío", sus últimas palabras antes de ser operado. Hasta la enfermería llegó en brazos de los miembros de su cuadrilla y de sus compañeros de cartel, El Fandi y Padilla. Rivera Ordóñez pasó su primera noche tranquilo y estable, sin que haya signos de ninguna complicación. Su pronóstico sigue siendo "muy grave".

El apoderado del torero, José Cutiño, señalaba ayer, por su parte, que, dentro de la gravedad, su evolución transcurre de momento con "absoluta normalidad" y la buena noticia es que "no ha tenido fiebre", señal de que no hay infecciones. Cutiño expresó su agradecimiento al equipo médico que ha atendido a "Paquirri" en Huesca y especialmente al doctor Enrique Crespo, con el que siempre estarán "en deuda", ha dicho, ya que le ha salvado la vida.

El deseo del torero, ha explicado, es estar en Zaragoza, donde seguirá unos días más, para que sea tratado por su "amigo", el doctor Val-Carreres, cuyas manos ya han tratado cornadas de extrema gravedad como la que sufrió Padilla en la cara en 2011.

La cogida se produce pocos días antes de que Rivera Ordóñez se convierta de nuevo en padre de una niña. La que será su segunda hija se llamará Carmen, como la madre del torero, la desaparecida Carmina Ordóñez.

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