El cine español se apunta a la épica

El guionista asturiano Sergio G. Sánchez adapta el best seller de Luz Gabás "Palmeras en la nieve", con Mario Casas y Adriana Ugarte al frente del reparto

17.12.2015 | 04:40
El cine español se apunta a la épica

Con la Navidad llegará a las salas la superproducción española más grande de los últimos años, la adaptación al cine del best seller "Palmeras en la nieve", de Luz Gabás, cine épico a la española que huele al cacao de las colonias y que ayer se presentó en Madrid. Su guión es obra del asturiano Sergio G. Sánchez ("El orfanato", "Lo imposible"), que ayer contó a LA NUEVA ESPAÑA sus primeras impresiones: "Me pasó una cosa curiosa. Normalmente cuando ves por primera vez una película que has escrito te saltan un montón de cosas. En un primer visitando sólo te quedas con los cortes, las cosas que se han cambiado o eliminado. Es muy difícil poder verla con los ojos de un espectador más. Pero me olvidé a los cinco minutos de todo y me metí en ella completamente. La disfruté mucho".

El director, Fernando González-Molina, sólo temía, al hacerse cargo del proyecto, que se pudieran perder "las sensaciones" que él tuvo al leer la novela. "Es épica, evocadora, intensa, profundamente ambiciosa, muy emocional, intimista y con una historia poderosísima que se cuenta a través de una saga familiar; me preocupaba" dice, "cómo contar esta historia gigante".

Pero el director de las taquilleras "Tres metros sobre el cielo" y "Tengo ganas de ti", ambas protagonizadas por Mario Casas, dispuso del mayor presupuesto (diez millones de euros) de ninguna otra producción española en los últimos años.

Así, se construyeron escenarios que recreaban los espectaculares parajes naturales de Guinea Ecuatorial y se contó con un equipo de más de 70 actores, unos 250 técnicos y alrededor de 2.200 extras. "La película no sería lo que es sin lo que ha costado. Es puro experimento visual. El espectáculo y los paisajes son fundamentales. En este caso, no bastaban los actores, por buenos que fueran", explica el director.

Rodada entre Gran Canaria, Huesca y Colombia, por las complicaciones de intentar hacerlo en Guinea, que además "ya no tiene nada que ver con la Guinea que nosotros queríamos contar", añade González-Molina, el rodaje duró casi cinco meses, un tiempo, asegura Mario Casas, que le cambió la vida. "Los actores a veces nos removemos por dentro, nos afecta, porque hay cosas que están ahí, pero no las muestras hasta que lo necesita un personaje", comenta. Y explica, a título personal, que hubo "otro aliciente": "Vivimos en Canarias, en Colombia, en medio de selvas vírgenes. Compartimos cosas con nativos que hacía tiempo que no veían gente, y eso te enriquece. Y no sólo eso, nos hemos sumergido en sitios exóticos, pasionales".

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