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La última película de Ettore Scola se ve y se lee

El dibujante Ivo Milazzo hizo el cómic "Un drago a forma di nuvola" con el guión del director italiano fallecido esta semana

24.01.2016 | 04:58
Portada y una viñeta del cómic. Abajo, "Ken Parker".

En la última película de Ettore Scola, ambientada en París, un librero parisino con sobrepeso, interpretado por Gérard Dépardieu, cuida tiernamente a su hija veinteañera inválida y muda, parcial narradora de la historia. No se ha estrenado porque la última película de Ettore Scola es un cómic. Así se anunciaba "Un drago a forma di nuvola" (Bao Publishing). Tampoco la habrán podido leer, al menos en castellano. El álbum se editó hace 3 años en Milán y no ha interesado a ningún editor español, pese al auge de la novela gráfica y a que va firmada por dos autores conocidos. Scola en el guión e Ivo Milazzo en el dibujo, suelto y certero con el color ligero de su acuarela sabia.

Ettore Scola murió el pasado martes, a los 84 años, dejando una cuarentena de películas encuadrables en la comedia italiana y varios documentales. El último, de hace dos años, recuerda a su amigo Federico Fellini, 11 años mayor, con el que coincidió en los inicios en la revista satírica "Marco Aurelio". Scola elemental: "Feos, sucios y malos" (1976) ganó el premio al mejor director en Cannes, y "Una jornada particular" (1977), el "Globo de Oro" a la mejor película en lengua extranjera y fue nominada a dos "Oscar" (Marcello Mastroianni, a mejor actor, y a mejor película extranjera). "Macarroni" (1985) -juntaba a Mastroianni con Jack Lemmon- y "La familia" (1987) fueron otras dos de sus nominaciones a los "Oscar".

Ivo Milazzo (1947) es un admirado historietista que tenía 30 años cuando dibujó la primera página de "Ken Parker", una inolvidable serie del Oeste, hecha al gusto de los años setenta por uno de los más grandes guionistas europeos: Giancarlo Berardi (1949). El héroe tenía el rostro del Robert Redford de "Jeremiah Johnson" (el western de 1972 dirigido por Sydney Pollack) y recorrería la historia del Oeste de los Estados Unidos recreando episodios y circunstancias históricas. Homenajeaba el gran cine de Ford y de Hawks e integraba unos valores de izquierda (no era racista, era un cazador preocupado por el medio ambiente, practicaba la igualdad de los sexos, participaba en luchas sociales) dentro de historias de acción y melodrama.

La serie es una delicia argumental, narrativa y artística que sobrevivió con accidentado éxito durante 7 años, en Italia es reeditada con frecuencia y en España jamás ha podido leerse completa. Estos dos grandes artistas -juntos o por separado- rompieron como pareja artística. Vinieron juntos a Oviedo al Salón de Cómic de 1988 y eran un par de tíos brillantes. Milazzo era alto, guapo, elegante. Berardi, más cercano y con mejor carrera, regresó varias veces al festival.

Ahora Milazzo es uno de los dibujantes de un western paranormal titulado "Magico Vento", protagonizado por un indio que toma el aspecto de Daniel Day-Lewis en "El último mohicano" (Michael Mann, 1992) y tiene de coprotagonista a Edgar Allan Poe. Su estilo sueltísimo es capaz de sugerir el mayor número de cosas siempre con el menor número de trazos, a veces en el límite del blanco. En las cien páginas de "Un drago a forma di nuvola", la soltura es la habitual, pero el color nervioso completa la imagen.

"Un drago a forma di nuvola" es una historia triste que plantea un amor de difícil arranque, delicado desarrollo y final con doble sacrificio sentimental. Si no se acepta el juego emocional que propone, puede resultar cursi y poco creíble. Pero si el lector se deja llevar por un París a orillas del Sena donde Pierre Chaudrón, un librero anticuario, culto, viudo y gordo, que cuida a una hija joven invalida leyéndole a Rabelais y mostrándole Casiopea, puede compartir la perplejidad del protagonista al conocer e ir enamorándose de Yolande, una joven mona, algo inestable, inculta, abandonada por su novio y por su perro, que sobrevive con trabajos precarios. Yolande debe su aspecto a Francesca Neri.

Por el medio, entretienen las apariciones de un doctor que mira como George Clooney y enamora a sus pacientes, inquietan los pensamientos de Albertine y divierten las reflexiones de un joven italiano que odia a los franceses. Todo lleva a una escena magníficamente escrita en la que Yolande cuenta su amor y amenaza a la inválida, que la rechaza, y Albertine replica mentalmente con su helada superioridad intelectual y su atrofia emocional mientras suena "Deh! Non volermi vittime", de la ópera "Norma".

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