La noche trágica del "Príncipe de Asturias", el "Titanic" español

El escritor Jorge Díaz novela la catástrofe del buque más lujoso y moderno de la época, hundido hace cien años

10.03.2016 | 04:06

Aunque su nombre era "Príncipe de Asturias", pasó a la historia como el "Titanic" español, el barco más lujoso y avanzado de la Marina mercante española que se hundió un día de Carnaval frente a Brasil con cientos de pasajeros, cuyas vidas novela, cuando se cumple su centenario, Jorge Díaz.

"Tengo en mí todos los sueños del mundo" (Plaza y Janés) es el título de la novela del autor alicantino Jorge Díaz, que reconstruye los hechos ocurridos en la madrugada del 4 de marzo de 1916, una catástrofe poco conocida y eclipsada por la Primera Guerra Mundial y en la que sólo sobrevivieron 143 personas.

Habían transcurrido cuatro años del hundimiento del Titanic cuando el "Príncipe de Asturias", de la naviera Pinillos, zarpó un 17 de febrero de Barcelona rumbo a Buenos Aires para naufragar días después al chocar contra el arrecife sumergido de Punta Pirabur sin que se sepa exactamente cuántas víctimas hubo porque, además del pasaje, llevaba un gran número de polizones. El barco se hundió en sólo cinco minutos.

Estos pasajeros ilegales eran recogidos a la salida del puerto de partida a bordo de barcazas, debido a la dificultad que había en la época para conseguir los documentos necesarios para emigrar a Argentina, explica el autor. La novela, además de relatar la tragedia, supone un retrato de la época ya que, señala Díaz, "se trataba de reflejar la sociedad española y europea y subirlas al barco": ambos se fueron a pique tras la Gran Guerra.

Así, en la novela aparecen desertores de la línea de batalla que se embarcan para huir a América, mujeres de la España rural casadas por poderes con emigrantes a los que no conocen y que viven en Argentina, judíos europeos que escapan de Europa o chicas de países del Este que van a ser destinadas a la prostitución.

Una hermosa artista de variedades, un periodista cuya afilada pluma le ha creado muchos enemigos en España, una viuda ucraniana, un desertor italiano o un enviado del Rey son algunos de los personajes a los que Díaz embarca rumbo a Argentina.

Pasajeros que ocupan desde la suite gran lujo de la que disponía el barco a un precio de 6.000 pesetas, "una fortuna para la época", a camarotes de primera clase, por 3.000, hasta las 250 pesetas que costaba alojarse en lo que se denominaba "clase emigrante".

Eran estos emigrantes los que se llevaban a América no sólo su sueño, sino los de todos los suyos que permanecían en España, explica Díaz, que recuerda cómo los barcos de ida iban llenos mientras que los que retornaban a España llevaban su tercera clase casi vacía, sólo habitada por los que habían fracasado: eran los "barcos del desencanto".

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