20 de agosto de 2016
20.08.2016
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Oros olímpicos que se gestan en los fogones

Casa Ovidio, en Trasona, sirve la comida a los dos piragüistas españoles que se subieron a lo alto del podio en Río, Saúl Craviotto y Cristian Toro

20.08.2016 | 09:12
De izquierda a derecha, la cocinera Mari Rodríguez, el palista Cristian Toro; el dueño del local, Ovidio Rodríguez; la esposa del anterior, Tita Díez; el entrenador de los piragüistas, Miguel García, y el otro palista, Saúl Craviotto.

La medalla se ganó a miles de kilómetros de distancia, pero en Casa Ovidio la celebraron como si estuvieran en Río de Janeiro. Saúl Craviotto y Cristian Toro lograron en la ciudad carioca un oro que se fue gestando entre los fogones de este restaurante corverano, que durante los entrenamientos de la pareja olímpica se convirtió en una casa para ambos.

"Llevamos desde 2014 sirviéndoles la comida y la cena a Craviotto y Toro. Vienen aquí porque, por cuestiones de horario, les viene mucho mejor que quedarse a comer en el Centro de Alto Rendimiento. Es un lugar muy próximo al mismo, con lo cual no tienen casi ni que desplazarse", explicó Ovidio Rodríguez, dueño del restaurante que tiene su mismo nombre. Carlos Arévalo, quien fuera compañero de piragua de Saúl Craviotto hasta noviembre, también disfrutó de los platos caseros elaborados en este local.

Las encargadas de preparar la comida a estos campeones olímpicos, Tita Díez y Mari Rodríguez, vibran con los triunfos de sus comensales más ilustres, a los que alimentan diariamente tras los duros entrenamientos a los que estos palistas deben hacer frente para subirse a lo más alto del podio en su disciplina.

"Son dos chicos que comen de todo, muy variado. Cuando quieren pedir algo especial de comida, suelen preferir la tortilla de patata. Les encantan la fabada y el cachopo de ternera, pero por temas de rendimiento deportivo comen más pescado", señaló Tita Díez, cocinera y esposa de Ovidio Rodríguez.

La fiebre por los dos piragüistas llegó a su culmen este jueves, cuando Craviotto y Toro disputaron la final de K-2 en 200 metros, paralizando la actividad del establecimiento. "Aquí se ha levantado muchísima expectación. Dejamos de servir comida y paramos la cocina para poder seguir la carrera. Estaba el local lleno hasta la bandera. Cuando ganaron, al cabo de poco tiempo nos mandaron un mensaje con una foto de las medallas", comentó Díez.

Un restaurante familiar que todavía arrastra la resaca de un triunfo que sienten como propio y que guardan con impaciencia la vuelta de Craviotto y Toro. El palista afincado en Gijón todavía puede sumar otro triunfo más a su cuenta particular: la oportunidad llegará en la final de K-1 en la distancia de 200 metros. Otra posible cumbre para el piragüismo español: el segundo oro con sabor corverano, cocinado a fuego lento en los fogones de un local que es ya la segunda casa de esta prolífica pareja olímpica.

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