28 de noviembre de 2016
28.11.2016

Las novísimas heroínas del cómic ya no vuelan ni se ponen mallas

"La historia de mis tetas", "Amarga Rusia" o "Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage" rompen los moldes del sector

28.11.2016 | 03:47
Las novísimas heroínas del cómic ya no vuelan ni se ponen mallas

El cómic está lleno de heroínas, aunque hay personajes femeninos que no usan superpoderes para superar a sus previsibles adversarios, como ocurre en "La historia de mis tetas", "Amarga Rusia" o "Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage", tres obras protagonizadas por mujeres con los pies en el suelo.

Si la historietista norteamericana Jennifer Hayden quería llamar la atención con el título de su primera novela gráfica larga lo ha conseguido: "Historia de mis tetas" (Reservoir Books) es un intenso relato autobiográfico sobre la importancia que estos apéndices han tenido en su vida, primero como obsesión por su tamaño cuando era una adolescente, y ya, de adulta, por la aparición de un cáncer que le obligó a extirparse los pechos.

Hayden narra con humor, toques surrealistas y ciertas pinceladas de terapia de autopsicoanálisis, el shock que sufrió cuando, con 43 años, le diagnosticaron cáncer de mama, el mismo que había sufrido su madre, otra superviviente como la propia Jennifer, con la que la autora había tenido siempre una relación afectiva complicada.

El ansia de supervivencia, la importancia del apoyo de su marido y de la familia para poder afrontar el día a día, la muerte de otras mujeres cercanas por la misma enfermedad, las recaídas anímicas... Hayden no parece olvidarse de nada en esta novela gráfica elegida por "The New York Times" entre las mejores de 2015.

La animadora canadiense Sydney Padua sabía muy poco de la figura de Ada Lovelace cuando una amiga le propuso hacer un cómic para internet sobre esta matemática victoriana hija de Lord Byron, para muchos madre de la informática moderna gracias a los trabajos teóricos que realizó junto a su colega Charles Babbage (quien como hombre logró un trato más generoso en los libros de historia). El personaje le resultó tan apasionante, explica Padua, que se dedicó a investigar a fondo sobre una joven que, con el apoyo de su madre, que la apartó del ambiente poético romántico, rompió los miriñaques que enconsertaban a las mujeres de la época al preferir la ciencia teórica y los números al punto de cruz y al piano al que por origen social y género estaba abocada.

"Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage" (Editorial UOC) es una divertida -y densa- aproximación en forma de novela gráfica a los trabajos de esta pareja de matemáticos, con material inédito encontrado por la autora en su rastreo, al que aporta además una trama de ficción sobre el desarrollo de la llamada "máquina de las diferencias", ingenio que la pareja no llegó a ver realmente materializado, aunque Padua se tome aquí esa licencia.

La obra ha recibido el premio "Neumann" de la Sociedad Británica de Historia de las Matemáticas y ha sido nominada a dos premios "Eisner" (los "Oscar" del cómic) como mejor álbum gráfico y mejor artista, un hito al tratarse de una primera novela.

El argumento de "Amarga Rusia" (Norma) resulta por su parte más tristemente verosímil, y, de hecho, se trata de una ficción basada en hechos reales: una madre coraje rusa dispuesta a lo que sea para recuperar a su hijo retenido por un grupo insurgente en Chechenia.

La obra de la pareja francesa formada por el guionista Aurelién Ducoudray y la dibujante Anior acompaña en este viaje a Katerina Kitaev, una frágil mujer sin recursos enfrentada al silencio administrativo de la estructura militar de su país, para quien su hijo Volodia es una simple ficha.

Tras leer en un periódico que el líder checheno que lo tiene retenido anuncia que dejará libres a los soldados rusos si son sus propias madres las que vienen a por ellos, la decisión está tomada.

Docoudray y Anior componen la crónica de un viaje de toques clásicos, una odisea a la inversa, un fresco en gama de grises sobre el enquistado conflicto en Chechenia en el que ya no queda mucho espacio para el matiz o el segundo pensamiento, sepultados bajo el ruido de las explosiones y las balas de los francotiradores.

Sin embargo, y a pesar de la atracción abisal hacia la desesperanza de los habitantes de este helado paisaje humano con los que acaba conviviendo, Katerina logra mantener su sentido práctico de la vida, una obcecación por la dignidad que le mantiene a flote, convertida en símbolo para otras madres de la Plaza Roja de Moscú.

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