05 de enero de 2017
05.01.2017

El silencio más profundo de Scorsese

El cineasta estrena mañana su nuevo filme, con el que cumple un sueño que le ha acompañado tres décadas: contar la historia de los "cristianos ocultos" de Japón

05.01.2017 | 04:03
El silencio más profundo de Scorsese

Tras una juerga en Wall Street en compañía de Leonardo DiCaprio, llega el momento de la oración y el recogimiento. Martin Scorsese estrena mañana "Silencio", su retorno al cine religioso que trabajó en "La última tentación de Cristo" (1988) y "Kundun" (1997). Una película protagonizada por Andrew Garfield, Adam Driver y Liam Neeson, en la que recupera la historia de los "kakure kirishitan", los cristianos ocultos. Con el estreno de "Silencio", Scorsese cumple ahora su sueño de casi 30 años: llevar a la gran pantalla el origen de este misterioso culto nipón a punto de desaparecer.

El filme está basado en la novela homónima del nipón Shusaku Endo (1923-1996), publicada en 1966 y que narra la desesperación de los misioneros jesuitas portugueses en el siglo XVII al toparse con el silencio de su Dios frente a las torturas infligidas por las autoridades japonesas a los cristianos.

El concepto "kakure kirishitan" se remonta a los años posteriores a la derrota de los campesinos japoneses -en su mayoría cristianos- frente al shogunato (gobierno militar nipón) Tokugawa en la Rebelión de Shimabara (1637-1638). Hasta entonces, y desde que el misionero español Francisco Javier lo introdujera en Japón en 1549, el cristianismo había sido -con alguna excepción- bien recibido, prosperando sobre todo en la isla meridional de Kyushu, con Nagasaki como centro de la Iglesia. Hacia finales del siglo XVI se hablaba de más de 300.000 conversos al cristianismo.

Sin embargo, los poderosos señores feudales japoneses creyeron que la introducción de una religión extranjera debilitaría su poder: hubo entonces alrededor de 5.500 cristianos asesinados en Japón, según algunas estimaciones. Ante la persecución, el cristianismo se vio obligado a disfrazarse. La religión occidental estaba poco consolidada en Japón por aquel entonces, por lo que las creencias se mezclaron con las religiones preexistentes -principalmente el budismo- y dieron lugar a una religión híbrida.

"Dado que la mera traducción produjo muchos malentendidos (como un distinto concepto de Dios), se tendió a usar palabras extranjeras (latinas, portuguesas, españolas)", explica Renzo de Luca, sacerdote argentino y director del Museo de los 26 Mártires en Nagasaki. Entre sus oraciones se escuchaban "padrenuestros", "avemarías" y "salves". Con el paso del tiempo las figuras de los santos y de la Virgen María fueron adquiriendo una apariencia cada vez más similar a las tradicionales estatuas de Buda, y las plegarias fueron adaptadas a los cantos budistas. Sus celebraciones también se adaptaron, celebrando la misa con arroz y "sake".

Con la reintroducción del cristianismo en Japón a mediados del siglo XIX, algunos "kakure kirishitan" volvieron a unirse a la Iglesia y en la actualidad los cristianos representan menos del 1% de la población.

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