Como muchos de mis coetáneos, salí de Avilés para estudiar hace más de 30 años y ya no volví a vivir allí. Mucho antes de saber qué había fuera de Avilés, fuera de España, ya me atraía la idea de viajar y conocer otras culturas. Mi primer viaje al extranjero fue un curso de verano en Cambridge; debía de tener unos 19 o 20 años y aún estaba estudiando (¡no quiero pensar lo que les debió de costar ese viaje a mis padres!). Aún recuerdo el frío que pasé ese mes de agosto en Cambridge, ¡y qué hambre! En un mes no te da tiempo a adaptarte a los horarios y a las comidas británicas. En ese curso de inglés conocí a gente joven de todo el mundo y la única forma en la que podíamos comunicarnos era en nuestro mal inglés. Esa experiencia fue la que me empujó a querer dominar ese idioma, a poder expresarme tan bien en él como lo hacía en castellano. Ese curso de verano cambió la dirección de mi vida.

Desde entonces, solo he vuelto a Avilés para visitar a mi familia durante las vacaciones, y he visto cómo, poco a poco, la villa del Adelantado iba perdiendo brillo y vitalidad. Comercios “de toda la vida” han ido desapareciendo; da la sensación de que cada vez hay más locales comerciales cerrados y menos gente joven por la calle.

Mi deseo para los próximos 30 años es ver a Avilés como centro de innovación y de desarrollo sostenible, un lugar al que todos queremos volver

Mª Elena Liquete - Directora de Desarrollo Profesional y Admisiones de The Dyson Institute of Engineering and Tecnhology (Inglaterra)

Cuando pienso en Avilés, y en Asturias en general, quizás el rasgo que más me llama la atención es la falta de ambición. Cierto es que aquí con un sueldo pequeño se vive mucho mejor que con un sueldazo en Madrid, pero la gente joven quiere más que eso, quiere crecer, desarrollar su futuro personal y profesional, y es una lástima que Asturias no les dé las oportunidades de hacerlo.

Cuando viajo a Suiza, me da la sensación de estar viendo a un pariente rico de Asturias; los mismos rasgos familiares (montañas, valles, lagos), pero una seguridad en sí misma y unos medios económicos de los que Asturias carece. Los suizos también tenían leche, pero ¿qué hicieron con ella? ¡Chocolate! Algo muchísimo más rentable y que les ha dado fama internacional.

Avilés y Asturias cuentan con unos recursos naturales envidiables; la ternera asturiana debería ser una marca reconocida y demandada en toda España, como lo son ya algunos de nuestros quesos y como podría serlo también la sidra, una bebida muy popular en el Reino Unido pero que en nuestro país apenas se bebe pasado Pajares. Los consumidores cada vez apreciamos más los productos ecológicos y sostenibles, preocupados tanto por el medio ambiente como por el impacto de una alimentación poco natural, y Asturias tiene el potencial de convertirse en líder en este sector. Los colegios, las universidades y las familias deberían animar a la gente joven a emprender en vez de hacerse opositores. Avilés y Asturias tienen los ingredientes para recrear el modelo de Silicon Valley: talento, universidades y ayudas públicas. ¿Qué falta? Las ganas de arriesgar, de emprender. Una de las cosas que me encantan cada vez que viajo a Silicon Valley es que cualquier persona con la que hablas tiene una idea de negocio; el camarero que te sirve la comida en una terraza de Palo Alto es un emprendedor en ciernes que a la mínima oportunidad te explica su proyecto. Si vuelves un año mas tarde, es posible que sea millonario. O quizá su proyecto no haya funcionado, y haya tenido que volver a trabajar de camarero, pero habrá aprendido muchísimo de esa experiencia y ya lo estará aplicando a otro proyecto nuevo. El fracaso se entiende como una parte importante y necesaria del proceso de aprendizaje. Un conocido inversor de la zona siempre preguntaba cuántas veces habías fracasado antes de invertir en tu empresa, precisamente porque entendía la importancia de esa experiencia.

Mi deseo para los próximos 30 años es ver a Avilés convertida en un centro de innovación y de desarrollo sostenible, una ciudad dinámica y diversa a la que todos queramos volver.