Los asturianos, cuando nos encontramos por el mundo, hablamos de Asturias. A menudo nos castigamos con los males propios o polemizamos sobre Oviedo, Gijón o las Cuencas. Con ello olvidamos, en un ejercicio muy nuestro, la evidencia de que hay en Asturias más oportunidades que problemas y somos mucho más que dos polos y una minería perdida. Hoy, este querido periódico, LA NUEVA ESPAÑA, cumple el 30.º aniversario de su edición local y toca hablar de Avilés, clave de Asturias desde el Paleolítico y crisol de la mar, el campo y la industria, fuentes de nuestra riqueza y quehacer.

Avilés, sus comarcas y limítrofes, crecieron catapultados por la industria que protagonizó un espectacular desarrollo durante buena parte del pasado siglo. Siempre vulnerable a los avatares de una economía global, sujeta a factores de competitividad que cuestionan, a veces de forma agobiante, su continuidad y de donde resurge, cada día, aprendiendo a asumir la mudanza de un mundo cambiante.

Pero, también y antes que industrial, Avilés es ciudad antigua, cuna de grandes personajes de nuestra historia, culta y abierta al mundo. Rehabilitada y recuperada para la gente y poblada de juventud que es la protagonista y banderín de enganche de su futuro: la innovación.

Industria, cultura y juventud son nuestro paisaje de ciudad primorosamente recuperada y bases de una gran oportunidad. Activo esencial son el talento organizativo, disciplina laboral y las innumerables habilidades colectivas, patrimonio de generaciones de padres e hijos y fruto de muchas décadas de esfuerzo y tradición. Es dote que marca una diferencia, y donde otras regiones españolas han logrado sacar partido, y valores que hemos de asumir, capitalizar y preservar.

Avilés, antes que industrial, es cuna de grandes personajes, una ciudad culta t abierta al mundo

Luis Rodríguez-Ovejero - Presidente de SATEC

El tránsito, a través de los tiempos, viene conducido por una administración gobernada con rigor y cercana al ciudadano, un tejido empresarial moderno, audaz, imaginativo y bien dirigido, capaz de acceder a las nuevas oportunidades, bajo una cohesión social estable y vertebrada. Contamos con importantes infraestructuras que son patrimonio diferencial, construido durante décadas, y que Avilés quiere y puede capitalizar.

En Asturias, durante mucho tiempo, hemos sufrido la pérdida grave de confianza en nuestras capacidades, de esperanza en nuestro futuro y desconcierto en un crónico padecer de falta de alineamiento que ha derivado en dificultad, y a menudo incapacidad, para avanzar.

Promover el progreso pasa por poner delante el interés común a los intereses propios de las administraciones, asociaciones y empresas y conectar la esencia, a menudo olvidada, de una asignatura aún pendiente: la capitalización de las habilidades colectivas a través de una mayor y mejor cooperación que no es, ni más ni menos, que comprometer, a todos los actores, y apuntar en la misma dirección.

Existen los mimbres y faltan, quizá, mejores consensos donde dialogar que canalicen la genuina defensa de aquellos a los que se representa y aspire a acoger el retorno de otros que han tenido que buscarse el oficio fuera y deseen encontrar, como ya ha ocurrido en el pasado, un lugar donde vivir y trabajar en un afán de contribuir, con su bagaje y experiencia adquirida, al desarrollo de nuestra región.

Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Nosotros somos Avilés y esto es cosas de todos.