Marta y Millán, los veterinarios que tuvieron que superar una carrera de obstáculos para montar un hospital de caballos en Asturias
El proyecto de Marta Amandi y Millán de Ancos, un centro de salud equina integral único en Asturias, echa a andar después de tres años enredado en un laberinto burocrático que les hizo pensar en arrojar la toalla
Miki López /Amor Domínguez
Marta Amandi y Millán de Ancos
Marta nació "entre vacas y caballos" y nunca ha querido ser otra cosa que veterinaria equina. Terminada la carrera, con formación extra y experiencia adquirida en Irlanda y Bélgica, "tenía un buen currículum" y muchas posibilidades de encontrar un buen trabajo en Europa, pero en Asturias estaban sus caballos, su casa y su pareja, así que decidió emprender aquí junto a su marido. Millán también creció entre animales, pero no se inclinó por la Veterinaria hasta el bachillerato. Probó las clínicas de pequeños animales y las de bovino y se quedó para siempre en la de equino.
Esta construcción muy nueva, toda blanca, limpia y reluciente, que levanta sus setecientos metros cuadrados en una finca de 33.000 en Casquita (Villaviciosa), empezó a nacer hace cinco años a más de 1.500 kilómetros de aquí. En Bélgica. Marta Amandi, veterinaria especializada en equinos, maliayesa de aquí al lado, estaba trabajando en un centro belga de reproducción con clínica ecuestre y en el mejor sentido figurado se cayó del caballo. Vio su futuro. "Decidí que lo que había allí era lo que yo quería aquí" y encontró en aquella idea el camino de vuelta a casa. No fue dicho y hecho, ni muchísimo menos, pero ella y su marido, Millán de Ancos, ovetense y también veterinario, han conseguido al fin levantar en esta loma de la parroquia de Grases un hospital equino pionero en Asturias, "un centro que concentra todos los medios necesarios para atender cualquier problema médico que tenga un caballo". No ha sido fácil, pero a falta de completar el equipamiento, aquí ya hay un quirófano y un laboratorio, boxes de cuidados intensivos o círculos de trote en superficie dura y blanda para evaluar cojeras.
El sueño se llama Hospital Equino Algara y el nombre ya lo traía puesto la finca, pero el azar quiso ensamblar algunas piezas, porque algara es una palabra de origen árabe que designaba a la tropa a caballo que salía a saquear las tierras enemigas... Todo encaja. Algara tiene el centro de reproducción en marcha y espera que el quirófano y el resto de los servicios alcancen el grado máximo de operatividad entre el final de la primavera y los inicios del verano, en cuanto culminen los últimos retoques y reciban desde Francia o Finlandia la maquinaria muy específica que necesita una instalación de estas características: una mesa de quirófano que pueda soportar más de una tonelada de peso, hidráulica y acolchada para que el caballo pueda estar tumbado sin riesgo de lesiones, y entre otros útiles una máquina de anestesia enorme, que sea capaz de mover seis litros de aire por minuto…
Marta Amandi y Millán de Ancos, con "Moro" y "Ubiña the reason" . / Miki Lopez
Va tomando forma, al fin, el proyecto de dos profesionales que ejercían la veterinaria rural a domicilio, curando caballos por separado, hasta que decidieron que era el momento de emprender juntos. Él tiene 36, ella treinta y el hospital es su alternativa para mejorar el servicio y la atención, atender a la demanda creciente de un sector en auge en Asturias y dejar de trabajar en jornadas que les obligaban a "salir de casa a las siete o las ocho de la mañana y volver a veces a las diez, once o doce de la noche después de hacer medias de entre 400 y 600 kilómetros diarios", calcula Millán.
El cambio de vía, queda dicho, no ha sido fácil. Ahora ya están aquí los primeros inquilinos, "Moro" y "Ubiña The Reason", un burguete y un angloárabe, dos sementales que han pasado su cuarentena en el centro y que ahora tienen la compañía de "Nerón", un hispanobretón, y "Reverend fly", un semental de salto KWPN. Millán y Marta pueden respirar por fin aliviados. Porque el parto ha sido complicado y la duración del trayecto que han tenido que recorrer a través de los vericuetos de la burocracia asturiana ha puesto muy seriamente a prueba su paciencia y su ilusión. El resumen rápido del larguísimo y revirado proceso para abrir un negocio pionero en la zona rural asturiana han sido tres años de trámites y entre seis y ocho meses de construcción…
Se les fue pasando el tiempo "enterrados en papeles". Los plazos les desesperaron entre consultas al Ayuntamiento, a la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio, a Carreteras, a la Confederación Hidrográfica -"hubo que pedirles siete informes, aunque por aquí no pasa ningún río"-, a Patrimonio, "porque la parte de abajo forma parte del Camino de Santiago"… Tuvieron que renunciar varias veces a las ayudas del plan Leader porque no les habían llegado los permisos y pensaron en abandonar, claro. "Varias veces", reconoce Marta. "Tuve varias ofertas de trabajo y pensé en preparar el currículum y enviarlo, porque estaba muy cansada". Por eso y porque tienen un colega en Castilla y León con un proyecto como el suyo y "en seis meses tenía los permisos. Él arrancó un año antes y justo cuando nosotros estábamos empezando con nuestros permisos ya estaba abriendo el hospital".
Por fin, justo antes de la pasada primavera llegó la licencia y "tan pronto como la tuvimos pusimos la primera piedra". La construcción acabó, pero la batalla administrativa no ha concluido del todo, entre otras razones porque todavía esperan a que el Ayuntamiento de Villaviciosa les asfalte los accesos. Lo que sí funcionó fue la ayuda del plan Leader, gestionada a través de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral de la Comarca de la Sidra, que les financió el 35 por ciento de la inversión…
Su ojo clínico y sus recorridos por la región les informaron de que había una oportunidad en la demanda de un sector que "ha crecido enormemente", confirman ambos. "Es que hay muchos caballos", recalca Marta. Los de competición son sobre todo de salto y raid, pero también de doma, hay bastantes caballos de paseo "y últimamente estamos encontrando mucha gente, sobre todo extranjera, que tienen uno o dos burros de compañía", confirma Millán. Con todo, el progreso se percibe sobre todo en los animales de tiro, remata el veterinario ovetense. "Aquí siempre hubo mucho caballo de deporte, y especialmente en verano por el montón de concursos hípicos que se celebran en la región, pero esa gente al final viene y se va. Pero los de tiro están todo el año y tienen problemas todo el año".