José Argüelles, el tonelero que se ha especializado en piezas de hasta 45.000 litros: "Hacemos cosas que las máquinas no son capaces de hacer"
Desde Breceña se ha especializado en la manufactura de toneles enormes con una demanda que le obliga a dar plazos de entrega de año y medio

Miki López / Amor Domínguez
José Argüelles
Desde el lagar y la sidra, sus toneles han llegado a casi todas partes. Entre los proyectos recientes de la tonelería artesana de José Argüelles está la confección de un cesto enorme, un gran «paxu» en el que los visitantes del stand del Principado en la Feria Internacional del Turismo (Fitur) se podían meter a ver Villaviciosa con unas gafas de realidad virtual. El tonel decorativo ocupa una porción de la actividad de un taller que se ha convertido sobre todo en proveedor indispensable de las grandes bodegas de vino, cerveza, licores o sidra.
Hay otras tonelerías, pero toneles como los de Breceña no. La cuarta generación de los toneleros de la población maliayesa ha traído hasta el siglo XXI, desde 1890, la bandera de un oficio artesanal tan especializado que en su género no tiene competencia. En este taller que hace lo que no hace nadie, al menos en España, se reciben más pedidos de los que se pueden asumir, se descartan "bastantes trabajos" y se están dando plazos de entrega para dentro de año y medio. Su hecho diferencial, la mercancía que los hace únicos, es la técnica de confección del tonel enorme, del gran recipiente que puede llegar a los 45.000 litros de capacidad y que solamente se trabaja en este local que ahora regenta José Argüelles en el pueblo maliayés de su familia… "Hacemos cosas que las máquinas solas no serían capaces de hacer", resume él, volviendo a mirar su oficio con la perspectiva que le dan los 39 años de profesión y los recuerdos de una infancia de juegos entre toneles. Ha llegado a la convicción de que esto no funciona si no se le pone "el alma" y se le dedica, en general, "la vida…"
Habla el último heredero, de momento, de un oficio que nació dentro de un lagar, cuando la tonelería compartía espacio con la elaboración sidrera, y que ha sabido sobrevivir al paso pausado de cuatro generaciones. Ha transcurrido bastante más de un siglo, interrumpido por un parón a la altura del abuelo a causa de la Guerra Civil, y José sigue aquí, pero ya de otra manera.
Los toneleros de la sidra Escanciador, que "era de la familia", trabajan ahora sobre todo para grandes bodegas de vino, cerveza o licores, todavía sirven a algún lagar y producen en una cantidad apreciable piezas de uso ornamental. Va a costar encontrarles en Breceña, porque las peculiaridades de su especialidad y, sobre todo, las dimensiones de los recipientes que fabrican les obligan a viajar con una frecuencia apreciable. Dependiendo de la bodega y de su ubicación, lo más operativo puede ser preparar el tonel en el taller y a continuación desmontar, numerar y transportar las piezas para volver a montarlas en destino. "Esta temporada, tendremos que pasar cuatro meses trabajando en La Rioja" y el recorrido acumulado de un año puede rondar, calcula Argüelles, los 50.000 kilómetros.

José Argüelles en su taller / Miki López
¿Y el secreto de su éxito? La pregunta es complicada, responde el tonelero maliayés. La madera asturiana está en la fórmula, por supuesto. "Tenemos una materia prima muy buena", aunque no se sepa muy bien lo que nos va a durar, enlaza Argüelles con pesadumbre y en su condición de víctima del abandono rural que sin que nadie ponga remedio se está llevando por delante el aprovechamiento forestal del bosque autóctono.
Ellos encuentran todavía bastante castaño, pero cada vez les cuesta más con el roble. Para el resto de la receta de la tonelería, el ingrediente secreto lo ponen el oficio, el ojo entrenado para escoger y entender el comportamiento de la madera o la meticulosidad de un método afinado por los años. "A lo largo del proceso de elaboración de un tonel, podemos llegar a hacer hasta tres selecciones de madera", señala, y en todas es esencial el factor humano y el grado de adiestramiento del criterio del tonelero.
La primera decisión se toma en el monte, "cuando escoges una pieza y decides para qué la vas a utilizar", pero en ocasiones "el propio árbol te engaña". "Hay ciertos defectos que no se ven a primera vista y hay que identificar durante el proceso". Por eso se hace necesaria una segunda selección "después del secado, porque la madera da otros matices", y una tercera "en el trabajo de duela, cuando en ocasiones surgen dudas respecto a algunas pierdas que se pueden romper al curvarse" y deben ser sustituidas. Incluso hay casos en los que todavía se plantea una cuarta decisión "al aplicar calor y comprobar que a veces el poro de la madera abre…".

José Argüelles en su taller / Miki López
La síntesis de todos los procesos le dice al profesional que "si no conoces muy bien el oficio, es muy difícil hacer un buen tonel". También que todos los trabajos artesanos van a dar a un nivel de calidad "al que la máquina no puede llegar". "Siempre que he formado gente les he dado el mismo consejo: aprende a trabajar con la mano para poder ser más rápido con la máquina. Si no sabes trabajar con las manos, con la máquina no vas a hacer nada. Te faltará el ingenio, la capacidad para resolver problemas y un montón de factores esenciales para ser un buen profesional".
Si pudiera verlo ahora, seguro que el bisabuelo "alucinaría sólo con ver la nave y la maquinaria". Quizá también con el cambio de tres tonelerías en Breceña a una sola en centenares y centenares de kilómetros a la redonda… ¿Y el futuro? José Argüelles se formó como profesor de música, pero confiesa que nunca pudo huir de la fascinación por la carpintería, los toneles, la pretensión de mantener vivo el oficio de la familia y el deseo de seguir comprobando que lo que hago llena a la gente". Tal vez, quién sabe, eso pueda volver a pasar. Sus hijos tienen sus propias inclinaciones profesionales y él no percibe que, en general, en el mundo sople un viento favorable para los oficios. "Hoy, todo el mundo quiere un trabajo con ordenador y, a poder ser, que no requiera demasiado esfuerzo", pero lo dicho. Que nunca se sabe.
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