El único hotel "gran lujo" del norte de España está en un pueblo asturiano de 35 habitantes y atrae desde estrellas de Hollywood a jeques: "Vendemos la sencillez del campo a clientes de alto nivel"
"Nuestra innovación consiste en que la intervención se note lo menos posible", afirman los promotores del complejo, ubicado en Cofiño (Parres)

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín
En un pueblo de 35 habitantes, pequeño, inclinado, amarrado a la falda sur del Sueve, hay un edificio enorme de siete plantas que no se ve. Es un hotel, el único cinco estrellas "gran lujo" del norte de España, y sus siete pisos se escalonan "aprovechando la pendiente natural del terreno, de forma que no se percibe la dimensión que realmente tiene". Luis Menéndez, director general del grupo propietario del establecimiento, está haciendo notar al visitante que aquí la forma remite de algún modo al fondo, o que la edificación es a su manera el concepto. En las habitaciones de Puebloastur cabría con holgura toda la población habitual de Cofiño, la localidad parraguesa donde se aloja esta construcción que se integra en la ladera como queriendo pasar desapercibida… Porque aquí importa tanto el entorno como el contenido y lo que se vende es "la experiencia de la sencillez del pueblo, pero con nivel de gran lujo".
"Aunque pueda parecer paradójico, nuestra innovación consiste en que la intervención se note lo menos posible", concluye el director general del Grupo Nature, promotor del hotel que ha traído hasta estas estribaciones del oriente asturiano a jeques, grandes empresarios, estrellas de Hollywood y, de ahí hacia abajo, a un sinfín de personalidades que no quieren que se sepa que han estado aquí hasta que se han marchado.
Este mes de julio hará diez años que lo que era un alojamiento modesto, un hotel rural de tres estrellas, reabrió transformado en este gran establecimiento turístico que ahora es el de mayor rango en la hotelería del norte de España. ¿Y si el lujo fuera dejarlo todo casi como estaba? ¿Y si innovar consistiera en realidad en tocar lo mínimo posible? Sólo había que añadir, pensaron, unos servicios de cinco estrellas al lujo que la naturaleza ya le había dado gratis a este lugar rodeado de arboleda y montaña que no está lejos de casi nada, pero parece aislado de todo, que en los días claros ve los Picos de Europa, que a veces sorprende al amanecer con un mar de nubes cubriendo el valle y es tan tranquilo, tendido al sol de una mañana de primavera, que "te manda a otro mundo. A otra dimensión".
Cofiño, cabecera de la parroquia que cierra por el noroeste el concejo de Parres, es un plano inclinado que compone un anfiteatro natural de vistas espléndidas y el que las mira ahora, sobrecogido pese a la costumbre en la gran terraza del restaurante de su hotel, es Tomás Álvarez Aja, empresario asturmexicano, hijo de un cabraliego de Poo que se ha empeñado en exprimir el jugo turístico que percibe a simple vista en la tierra de sus ancestros.

La terraza del restaurante de Puebloastur, con la escultura de José Planes "Monja" a la derecha / Irma Collín
Las empresas que dirige en México operan en el sector de los servicios tecnológicos. En Asturias, al frente del Grupo Nature, se transforma en un empresario turístico convencido de que esta región "es un producto único en el mundo" y "una experiencia difícil de encontrar en otras partes". La primera vez que dijo en Cofiño "voy a poner aquí un hotel de cinco estrellas", las dos personas que estaban reunidas con él "se rieron de mí. Normal". Pero los hechos le dieron la razón. Esto que ahora es un gran hotel, que previamente fue otro mucho más sencillo y mucho antes una casona señorial del siglo XVIII ha sido milimétricamente concebido para el bienestar del cliente de altísimo nivel, pero con un toque muy personal. Hecho a la medida del promotor.
Se diría, tal vez, que esto es un hotel de autor en el que se percibe la mano del artífice. A Tomás Álvarez Aja le apasiona el vino y en una de las salas del establecimiento, protegida pero visible tras una vitrina, hay 250.000 euros en botellas. Le encantan los deportes de motor y en una esquina del mismo salón exhibe cascos firmados por pilotos famosos. Adora el arte y su hotel, a riesgo de exponer al visitante a la sobredosis de belleza del "síndrome de Stendhal", es "un auténtico museo" con aproximadamente doscientas obras de arte de firmas reconocidísimas: aquí un cuadro de Joaquín Vaquero Palacios, allí una obra de Chillida y un Cristo de Dalí sobre una mesa…
"Esas lámparas no son un adorno, sino piezas artísticas de la fábrica italiana Flos", y la más llamativa es la más grande, la joya de la colección, el "Newton" de Salvador Dalí, una colosal escultura de seis metros de altura diseñada por "el último genio que tuvo este país", señala el empresario asturmexicano, y que domina el complejo desde una gran peana en la terraza superior. Es una figura humana muy daliniana, "mitad mujer, mitad hombre", con un hueco en el centro del cuerpo y una esfera en la mano, y está justo aquí, fundida con el paisaje, porque con ella el artista quiso hablar de "la búsqueda del equilibrio con la naturaleza", interpreta Álvarez Aja. Esta combinación del arte con la naturaleza hace exclamar de admiración a más de un visitante de Puebloastur.

La piscina del hotel / Irma Collín
El "Newton", que popularmente ya es el "Negrón" para los habitantes de Cofiño, materializa en bronce un boceto del que Dalí autorizó a hacer un número limitado de reproducciones, "de este tamaño sólo seis", a partir de un molde de cera, y tiene un "hermano" en el centro de Madrid, en la plaza Dalí del barrio de Goya, frente al Movistar Arena. Todo a su alrededor está pensado para buscar una armonía entre el lujo de ahora y la tradición rural de siempre en un ambiente que persigue el aislamiento y que Luis Menéndez imagina como "un círculo que se va cerrando para que no haya nada discordante".
La escalera de madera de castaño cruje al pisarla. Es la de la casona original, que sigue aquí, recrecida, transformada en una edificación vanguardista que se calienta con geotermia. También queda de ella el escudo sobre la entrada principal, y en una de las paredes una piedra renegrida, quemada, mantenida así a propósito como recuerdo de un gran incendio que sufrió la casa en una fecha remota indeterminada…

La sala estanca del hotel, con una colección de cascos de pilotos de automovilismo a la izquierda y una bodega al fondo. / Irma Collín
Se trata de que todo encaje, como el edificio en el terreno, y nada sea azaroso en este lugar que aprovechó el vaso de la piscina del hotel anterior para hacer una sala de reuniones estanca, sin cobertura, pensada para reuniones confidenciales de alto nivel. La clientela más distinguida pide con alguna frecuencia que se le cierre el establecimiento y a los trabajadores, entre veinte y cuarenta según el grado de actividad, se les requiere que firmen un compromiso de confidencialidad.
Están a punto de celebrar diez años y, rebobinando, Menéndez recuerda como un primer hándicap la búsqueda del camino para traer hasta Cofiño a la clientela de alto nivel a la que se dirige el establecimiento. "No dominábamos el mercado del lujo", señala el director general de un grupo empresarial con "hoteles de tres o cuatro estrellas, restaurantes y demás". En el primer año de funcionamiento, sin embargo, ya habían recibido clientes de 68 países y luego comprobaron que aunque el hotel se puede encontrar en los buscadores convencionales lo que mejor le va es el "boca a oreja". "Casi el ochenta por ciento de las reservas que recibimos son directas. Las personas vienen porque otros han venido antes y se lo han recomendado. Obviamente, tratamos de comercializar en canales especializados en gran lujo, pero una parte importante nos la da la retroalimentación que nuestros propios clientes nos están haciendo de forma gratuita".

Los viñedos del Palacio de Nevares. / Irma Collín
El mejor alojamiento del norte es vecino del vino que se hace más al norte
Puebloastur tiene pintura y escultura de calidad y firmas ilustres allí donde uno quiera posar la vista y a veces, observa Luis Menéndez, al enseñar el hotel "hay que hacer un esfuerzo para que no parezca que estás presumiendo". Fuera, a unos metros del alojamiento, detrás de la iglesia de San Miguel de Cofiño, crece una muestra de la otra pasión del empresario que ha dado vida a este invento. El vino. Hay un viñedo de una hectárea de uva mencía, muy joven, con la que se disponen a hacer un experimento, un rosado suave con una mezcla de mencía y albarín blanco "que no se ha hecho nunca", señala Menéndez, y que ellos están a punto de empezar a embotellar.
El epicentro de la devoción vitivinícola de Tomás Álvarez Aja, sin embargo, no está aquí, pero tampoco muy lejos. A apenas seis kilómetros del único hotel de cinco estrellas gran lujo del norte de España, Tomás Álvarez Aja elabora el vino que se cosecha más al norte de España. En esta misma falda parraguesa del Sueve, en una finca abrigada del viento húmedo del mar gracias a la protección de la sierra prelitoral, siete hectáreas de viñedo y una bodega son el otro sueño del empresario asturmexicano, que empezó a dar forma a la idea hace muchos años, en un viaje a una zona de Nueva Zelanda con un clima que se le pareció al asturiano. Si allí, con aquella niebla, aquella humedad y aquel "orbayu", se producía un vino de calidad, ¿por qué no aquí?, se preguntó. La respuesta tardó en llegar, pero embotella vino desde hace cinco años con las uvas que crecen junto al palacio de Nevares, una construcción con torre renacentista-barroca del siglo XVI y capilla que está en trámites para ser restaurada y que da nombre a los caldos. Para completar una experiencia en expansión contante, el grupo promotor casi acaba de poner en marcha un programa de visitas que incluye recorrido por los viñedos, visita a una bodega llena, cómo no, de obras de arte y una cata dirigida por Luis Menéndez.
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