El ingeniero de Luarca que tiene la fórmula para viajar sin moverse y que ha ideado una aplicación educativa para "estar en la universidad sin desplazarse"
José María Holassian cofundó y dirige desde Valdés PXR, una empresa que ofrece servicios de "telepresencia inmersiva" para labores de mantenimiento o vigilancia industrial

Juan Plaza
"Viaja sin desplazarte". A partir de esta invitación provocadora, que compraría el guionista de una distopía futurista de ciencia ficción, la startup asturiana PXR puede conseguir lo inverosímil. Que un técnico especializado visite una obra, pongamos un parque eólico o una instalación industrial que están a miles de kilómetros de distancia sin moverse de su oficina, pero con una sensación de presencia plenamente real y cierta capacidad de interactuar con el entorno. Mezclando unas gafas de realidad virtual con unas cámaras estereoscópicas –que imitan el funcionamiento de la visión humana capturando imágenes en tres dimensiones– se cocina la "telepresencia inmersiva" que vende la empresa que José María Holassian Mucci, ingeniero argentino afincado en Valdés desde 2009, cofundó en Luarca y dirige desde aquí, obviamente a distancia.
Su empresa de cuatro miembros predica con el ejemplo y demuestra que la tecnología ofrece muchas formas de estar presente, o que ya casi todo se puede hacer casi desde cualquier sitio: José María trabaja desde Luarca con Guillermo Orbea, que vive en Salas y es "nuestro artista 3D" y topógrafo, con un ingeniero de robótica –Jorge Guillén– que hace su parte en Alicante y un especialista en inteligencia artificial –Jorge Juan González– residente en Valencia. Juntos desarrollan la tecnología que ofrecen a la industria, por ejemplo para el mantenimiento y la vigilancia de parques eólicos o plantas fotovoltaicas, y entre otras derivaciones recientes han dado forma a un sistema para asistir a clase sin moverse de casa.
No han inventado la teletransportación, pero son proveedores de una sensación en algún punto asimilable. Venden la experiencia de estar sin estar, la ventaja que ofrece la tecnología para "evitar desplazamientos y exposición a riesgos innecesarios, para ahorrar tiempo, dinero o emisiones y ganar en calidad de vida…". Además del proyecto educativo, que han probado ya en colaboración con la Universidad de Oviedo, han perfeccionado el sistema descubriendo las posibilidades de acoplar las cámaras a un robot para que el usuario pueda teledirigirlo según su necesidad.
Así llegó a Asturias
Toda esta aventura de viajes virtuales empezó con uno muy real, cuando José María Holassian era un estudiante de Electrónica en la Universidad de Buenos Aires que conoció en Punta Cana a la maestra luarquesa que hoy es "la madre de mis tres hijos y mi compañera de vida". Así fue como José María Holassian Mucci, argentino de apellidos y ascendencias armenia e italiana, se lió la manta a la cabeza y sin nada que perder se dejó arrastrar hasta Asturias. Completó en la Universidad de Oviedo los estudios de Ingeniería Técnica en Telecomunicaciones con un máster en Conversión Eléctrica y Sistema de Potencia y formó en Luarca su familia y una startup de base tecnológica que empezó a nacer a partir de una idea difusa.
Sucedió mientras trabajaba en el sector industrial y empezó a utilizarla realidad virtual con otros fines. Más o menos al mismo tiempo, "salieron unos dispositivos similares a cámaras estereoscópicas que conseguían imágenes y vídeos inmersivos" y el cruce entre las dos tecnologías encendió una bombilla. José María acudió a Pablo Arboleya, uno de sus profesores en la Universidad de Oviedo, y a la postre cofundador de la empresa junto a Holassian y Jorge García, y de entrada la idea de aplicar esa técnica a la supervisión de instalaciones eléctricas les gustó. Cuando llevaron el primer boceto al Centro Europeo de Empresas e Innovación (CEEI), "nos mandaron para casa", pero el proyecto fue madurando hasta la versión empresarial, que cristalizó en 2020 después de unos cuantos avances y retrocesos y gracias en parte al CEEI y al empuje de una línea de subvenciones para empresas de base tecnológica que tenía el antiguo Idepa, hoy la agencia Sekuens, y que le hace decir, rotundo, que "esta empresa no existiría sin del Idepa".
"El gran problema" del camino fueron sus dificultades para adaptar las cámaras estereoscópicas comerciales que había en el mercado y que no se ajustaban a sus necesidades, así que "tuvimos que desarrollar nuestro propio dispositivo, con la virtualidad de que así pudimos hacer más cosas que las que teníamos pensadas". Trabajando con la "realidad mixta", que mezcla la realidad virtual con la aumentada y proporciona una experiencia completamente inmersiva en entornos reales, han colaborado en el mantenimiento y la vigilancia de parques eólicos y plantas solares, han desarrollado un sistema para detectar aves protegidas en el entorno de una instalación eólica en Palencia y ya tienen en funcionamiento, en el Museo Severo Ochoa de Luarca, una aplicación que usa la realidad mixta para sumergir al visitante en el laboratorio en el que el científico luarqués llegó al descubrimiento del polinucleótido fosforilasa y con él al premio Nobel mientras escucha las explicaciones de su voz real y la de su discípula Margarita Salas.
Proyecto universitario
De lo último, quizá lo que más les ilusiona es la colaboración con la Universidad de Oviedo que ya les ha valido un premio internacional en Alemania. Es la experiencia totalmente inmersiva trasladada al aula, con la sensación plena de estar allí, y ya la han ensayado en un entorno real con dos alumnos de La Coruña que tenían que viajar varias veces por semana a Oviedo. Con su aplicación de realidad mixta, "el profesor dicta la clase de forma híbrida, con la ventaja de que el alumno que está a distancia siente que está en el pupitre", explica el ingeniero argentino.
"Puede ver al profesor, la pizarra, las diapositivas, que están sincronizadas en este entorno virtual, pero además mirar hacia abajo y tomar apuntes en su bloc de notas… Es como haber ido a la universidad físicamente, pero sin desplazarse" y en este contexto de recesión demográfica y contracción del número de alumnos, tal vez pueda abrir un camino, aventura, "para aumentar la oferta formativa y atraer más estudiantes" a la universidad. Pueden oponerle que algo parecido a esto ya se hizo durante la pandemia, sí, pero como también se experimentó entonces, responde, "no es lo mismo ver una pantalla plana que sentirte en el aula".
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