Paz Mesa teje la ropa de hoy con la lana que vestía a los asturianos hace 3.000 años: de oveja xalda
Artesana del telar y ganadera, investiga nuevos usos para el tejido que dan sus animales y clama contra las amenazas para su oficio: "Falta ecosistema"

M.C.
Sobre una mesa, en la antesala de la habitación abuhardillada donde Paz González Mesa tiene sus dos enormes telares artesanales de madera, descansan un par de zapatos y una navaja. Los objetos, aparentemente tan dispares, tienen sin embargo un ingrediente en común, la lana de oveja xalda que recubre el mango de la navaja y es el material principal del corte del calzado. Los dos pueden ser también, a su modo, una prueba de vida, una señal que insinúa posibles salidas para un oficio artesanal que se pierde. El lamento de la tejedora artesana, una de las dos únicas que quedan en Asturias, suena a la vez como un grito de auxilio y una invitación a la resistencia.
En esta casería de Puerma, parroquia de Valduno, concejo de Las Regueras, vive desde hace 25 años una artesana de Las Caldas (Oviedo) que fue funcionaria, que dedicó diez años a formarse como artesana y va a cumplir cuatro metida en el telar de un proyecto de taller textil para crear "piezas contemporáneas" con la lana de siempre. Utiliza fibras y tintes cien por cien naturales, no emplea más electricidad que la que ilumina los tejidos mientras trabaja con las manos y los pies y su materia prima es la lana de las ovejas que ella misma cría junto a una primorosa casa de campo que tiene tres hórreos impecables en hilera en la antojana.
Confecciona en casa y vende por internet y en fiestas y eventos vinculados con la artesanía. Tiene bufandas y chales, bolsos y cojines, chalecos, mantas, colchas… y últimamente navajas y zapatos. La "navaya xalda" es el fruto de una colaboración con otro oficio artesanal tradicional, la cuchillería de Juan Carlos Quintana en Taramundi, y ya está a la venta. Los zapatos son un prototipo, o quizá no tanto. Dentro del proyecto europeo "Culturality", en el que participan entre otras entidades la Universidad de Oviedo, un diseñador de la Universidad portuguesa de Aveiro los ha confeccionado con los tejidos de lana que Paz le ha enviado desde Las Regueras y el resultado, a la vista está, "se podría comercializar perfectamente", señala la artesana. "El tejido es artesanal, pero el zapato no. Se ha hecho en el Centro Tecnológico de Calzado de Portugal, que se dedica a investigar, y es un zapato que se podría hacer perfectamente en una fábrica… Hay mucha innovación, mucha I+D colaborando con la artesanía en beneficio de las ovejas y la lana", concluye la tejedora.

Los zapatos y la navaja hechos con lana de oveja xalda. / Mario Canteli
Paz ha encontrado dos ejemplos para ilustrar el recorrido que se le puede encontrar al oficio que ella escogió después de aprenderlo poco a poco, en diez años de asimilación de la tejería en el telar, de la tintorería natural o el procesado de la lana. Pero aquí lo primero fueron las ovejas. Ellas prendieron la mecha.
La oveja xalda, en peligro de extinción
La casa que compraron cuando buscaban un poco de "calidad de vida" en el campo tenía un terreno y "metimos oveyes, porque somos un poco militantes y había que apoyar" a la xalda en su situación apurada de peligro de extinción. Este animal, dice señalando a las suyas, y explicando el impulso original de su proyecto, "lleva 3.000 años vistiendo y calzando a los asturianos. Lo hizo más o menos hasta los años cincuenta del siglo pasado, "así que somos la primera generación que no nos vestimos ni nos calzamos con ellas. Abrazamos fibras más modernas, como el poliéster, que ahora, después de varias décadas de uso, vemos que igual no eran tan modernas ni tan buenas…". Hoy ella tiene seis madres y en total unas diez cabezas y el año pasado consiguió trabajar íntegramente con lana de su entorno más próximo, de sus ovejas y las de otros ganaderos de la zona.
Al salir de la parcela donde pasta su ganado, Paz señala una mata de isatis tinctoria, la hierba pastel, la planta que le da el azul a sus telas. "Trabajo con tintes naturales", explica, "porque me permite aportar una belleza y unas armonías cromáticas que no puedo conseguir con los sintéticos, además de comprometerme con el medio ambiente y la salud de los usuarios de mis piezas textiles".
Tintes naturales
La tintorería sintética, recuerda, impuso sus ventajas como solución más barata, "pero ahora comprobamos que contamina y que quizá nos convenga recuperar el conocimiento de la tintorería natural, pero buena parte se perdió y ahora hay que volver atrás, volver a investigar y a picar piedra para conseguir esos conocimientos que ahora vemos que necesitamos tener con nosotros". Eso hace ella, consiguiendo los rojos con la cochinilla, haciendo pruebas constantes de estabilidad frente a la luz y los lavados y recurriendo al "nogal", el Abedul, el castaño e incluso a residuos de cocina como la piel de las cebollas o las granadas… Tienen que ser siempre plantas y materias que tengan una consistencia tintórea, porque todas las plantas manchan, pero no todas tiñen".
Paz González Mesa tuvo para empezar el empujón de las ayudas del Plan Leader, gestionado aquí por el Grupo de Desarrollo Rural del Camín Real de la Mesa, aunque las necesidades de su actividad van mucho más allá. En este oficio de saberes tradicionales con cada vez menos cultivadores "falta ecosistema", lamenta. Asturias adolece de "programas y espacios de aprendizaje de la artesanía en general", abunda. "¿Cómo vas a despertar vocaciones si no tienes dónde ir a estudiarlo? Hace falta un ecosistema, un impulso y una promoción potente para que la sociedad se identifique con ello", subraya. "Los artesanos divulgamos el oficio, sí, pero sin una implicación de todos los agentes sociales, de la administración y la sociedad en general entrará en un cuello de botella del que será muy difícil sacarlo". Y ella y los que pelean junto a ella seguirán sintiéndose muy solos en sus talleres.
Tejedora de premios
El arrojo y la pericia de Paz González Mesa merecieron el año pasado un puesto de finalista en el Premio Nacional de Artesanía, categoría de emprendimiento. El galardón cuelga en la pared de su casa en Puerma, el pueblo de apenas una veintena escasa de habitantes que ocupa un recodo del Nalón y en el que desembarcó en 2000 buscando este silencio, esta calma y esta calidad de vida. A las puertas de su casa hay otros motivos de satisfacción para Paz y su pareja, Xandru González, que coleccionan hórreos y premios: los tres graneros que dan la bienvenida en su parcela, traídos desde Santianes de Pravia, Candamo y Salas, han recibido varios galardones, entre ellos el «Lliñu» de 2021 por la recuperación de las viejas construcciones, una de ellas del siglo XVI, y de las pinturas que las decoran.
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