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A Martín González, tercera generación de carpinteros de ribera en la orilla del Eo y único en la profesión en Asturias, le sobra el trabajo: "Me falta dormir aquí"

Al frente de Astilleros Pacho, el castropolense sigue haciendo botes de vela latina para la navegación recreativa, una actividad ancestral que aún tiene mercado y recorrido: "El 95% de los clientes son veraneantes"

VÍDEO: Así es Astilleros Pacho en Castropol

Mario Canteli / J.A.

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El Esquilo (Castropol)

Como si no hubiese pasado el tiempo, como si no fuera a seguir pasando, Martín González se entrega a la restauración de un barco de madera. En El Esquilo, en una pequeña carpintería encajada en un recodo estrecho de la ría del Eo, reclava, lija y repinta una embarcación de unos cuarenta años que va a poder seguir siendo lo que ha sido siempre, uno de aquellos botes de vela latina que a su modo siguen formando parte del paisaje del estuario fronterizo, como barcos de pesca en su origen, reconvertidos ahora en lanchas de recreo. En la orilla castropolense de la ría, donde la construcción naval es una industria vigorosa y Astilleros Gondán fabrica grandes buques de acero y fibra, Martín los sigue haciendo de madera. Es la tercera generación de Astilleros Pacho, el depositario de una tradición de siglos y probablemente el último carpintero de ribera…

"En Asturias quedo yo solo", confirma. "En Galicia, hay tres o cuatro con una media de edad de 55 para arriba" y el oficio se les muere, lamenta, aunque a Martín el trabajo le sobra. Mantiene una clientela fiel –"el 95 por ciento son veraneantes"– y además de restaurar, reparar y construir se ocupa del invernaje, de la preparación y mantenimiento de las embarcaciones en los periodos largos de inactividad. Mientras lija una vieja barca en la carpintería, en la construcción anexa aguarda otra impecable, recién terminada, con el casco verde reluciente y lista para echar al agua este verano.

Treinta años reparando y haciendo botes nuevos

Este año lleva cinco reparaciones y un bote nuevo, que consume más o menos tres meses de trabajo… "Me falta dormir aquí", pero el caso es que no encuentra relevo. Él lleva treinta años aquí, en este local que fue de su abuelo, que compartió con su padre y su tío y que no acaba de ver a quién legar en un mundo desinteresado por los oficios manuales y los trabajos artesanales. Junto a la frontera entre Asturias y Galicia, él es la última frontera de un oficio y una forma de navegar.

Adelantados. Astillero Pacho

Martín González, en Astilleros Pacho / Mario Canteli / LNE

La navegación en bote de vela latina y sus oficios asociados casi acaban de ser declarados Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial y quizá haya que esperar que a la estela del reconocimiento crezca el interés por esta modalidad náutica que de momento, Martín toca madera, a él le sigue dando trabajo a la orilla de la ría.

A este lado del siglo XXI, la ensenada de La Linera alarga una tradición de carpintería de ribera tan profunda que ya salieron de aquí, por ejemplo, algunas de las naves con las que la Armada invencible se batió contra las fuerzas inglesas y los elementos a finales del siglo XVI. Mucho tiempo después, el abuelo de Martín González, natural de Piñera, inauguró una saga familiar de tres generaciones cuando entró a trabajar en un astillero de La Linera que hacía grandes barcos de madera. Había negocio de sobra y "enseguida se puso por su cuenta", cuenta el nieto. Se trasladó a El Esquilo y llegó a tener "diez o doce personas a su cargo". Le siguieron el padre y el tío de Martín y cuando llegó él, en 1995, ya no tenían competencia.

Cerca de mil embarcaciones

El silencio en torno al local de Astilleros Pacho, que se llama así por el bisabuelo Francisco, que apenas tiene un pequeño rótulo aunque no le haga falta, dificulta el recuerdo de lo que en los tiempos del abuelo fue una bulliciosa ensenada repleta de carpinterías. Sólo en ésta, calcula el último de los propietarios, "se hicieron cerca de mil embarcaciones desde que empezó mi abuelo…".

Adelantados. Astillero Pacho

Astilleros Pacho / Mario Canteli / LNE

Martín González asiente a la sentencia de que la ría del Eo tiene unas condiciones excelentes para la navegación recreativa tradicional, pero echa en falta "iniciativas" e infraestructuras que la estimulen. No sucede sólo aquí, lamenta. "España vive muy de espaldas al mar, no tenemos la cultura de navegación de otros países europeos, aquí llega el 1 de octubre y ya nadie quiere saber nada del mar…". Admite además que representa a un oficio "muy artesanal" y muy especializado que acaso sólo se pueda aprender como lo aprendió él, a base de "años trabajando".

Solamente así se sabe que aquí uno de los secretos es "conocer la madera con la que trabajas. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que todas las tablas que ponemos en las embarcaciones van cocidas. Se pone agua a hervir y se cuecen para que el poro de la madera abra y la tabla se vuelva maleable y tuerza. ¿Qué trabajo hay en el que tengas que hacer eso?". Usa roble para las cuadernas, las "costillas", del bote, iroko para el resto, y uno de sus problemas está en la búsqueda de la madera para las cuadernas, que tiene que ser muy especial, de robles que "nazcan ya con curva natural. Antiguamente se plantaban expresamente así, con alambres para hacerles la figura", pero ahora a los maderistas no les compensa y la alternativa del laminado no es igual. "Lleva el triple de tiempo hacer estas piezas con laminados".

El círculo virtuoso del naval de Castropol

Sin salir del concejo de Castropol se puede seguir la evolución de la construcción naval en una ruta instructiva que comience en El Esquilo, en el proceso lento y minucioso de construcción de botes de madera que Martín González conserva y sigue cultivando en Astilleros Pacho. A apenas cuatro kilómetros, en el muelle de Figueras, Gondán construye enormes barcos de acero como una evolución que también va por la tercera generación de algo que también empezó aquí, en La Linera, en un pequeño taller de carpintería de ribera. Para que el círculo virtuoso esté completo, queda la moderna división de barcos de fibra que el mismo astillero tiene frente a la ría, pero un poco más al sur, justo antes de que el concejo de Castropol deje paso al de Vegadeo.

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