Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Adiós a las rozaduras del calzado: Cecilia van Berkum convierte la lana de sus ovejas xaldas en un apósito ultrasuave para poner entre la piel y el calcetín

La holandesa asentó en Triongo (Cangas de Onís) su rebaño y su proyecto empresarial: comercializa el tejido lavado y cardado para evitar heridas en los pies de senderistas, peregrinos o deportistas de aventura

La emprendedora se lanzó a la cría "sin saber nada" de la raza autóctona asturiana y ha llevado al mercado un producto desconocido, de origen australiano, que ya vende en una veintena de establecimientos y a través de internet

VÍDEO: Walker´s Wool un proyecto innovador con lana de oveja Xalda

Mario Canteli

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

La panera, un vetusto ejemplar de 1780 muy bien conservado, es la vecina de enfrente de un recio palacio de piedra datado en 1664. Cecilia van Berkum da un salto desde la escalera y al entrar al ambiente fresco del interior del viejo y enorme granero se olvida de casi todo. Las rendijas de la madera tamizan la luz del sol y el frondoso paisaje circundante apenas se vislumbra a través de los breves huecos abiertos en las paredes... "Aquí se siente una energía muy especial", confirma. El palacio de Livia es su casa en Triongo (Cangas de Onís); la panera, el taller en el que convierte la lana de las ovejas xaldas que ella misma cría en algo que nadie había visto antes por aquí y que genera a su alrededor un asombro que se ha acostumbrado a combatir con paciencia: es "lana para caminantes", son trozos de tejido cardado, extremadamente suave, que se ponen entre la piel y el calcetín y están pensados para que los senderistas, los peregrinos o los deportistas se olviden de las rozaduras del calzado.

El palacio y la panera están elevados estratégicamente sobre el breve caserío de Triongo, asentados a una altura moderada que permite ver en contrapicado un recodo del tramo final del Sella y al fondo las montañas de la orilla parraguesa del cauce. Cecilia es una holandesa que vivió y trabajó muchos años cerca de Maastricht –"donde el tratado"– y trabajaba como consultora y responsable de calidad en empresas hasta que decidió que España le gustaba para vivir más que Holanda y el clima de Asturias más que el de Granada, el primer destino de la Península en el que se estableció con su marido.

El calor de Andalucía la convirtió hace siete años en una especie de "refugiada climática" en Cangas de Onís, que fue el primer sitio que la pareja vio del Principado y de momento es el último. "Después lo hemos recorrido todo, y todo es precioso", afirma, pero el azar, la "coincidencia y la suerte" los trajo a vivir en este viejo palacio con panera y amplia finca en un promontorio solitario pero cerca de casi todo donde "me siento muy natural", afirma la emprendedora ganadera holandesa en un español peculiar y acogedor.

Cecilia van Berkum, con su rebaño de ovejas xaldas, en la  finca próxima  a su casa en Triongo.

Cecilia van Berkum, con su rebaño de ovejas xaldas, en la finca próxima a su casa en Triongo.

Su flechazo con Asturias fue instantáneo y tan profundo que Cecilia se ha implicado en la conservación de la oveja xalda, la especie ovina autóctona en peligro de extinción, y que ha prolongado ese impulso con un proyecto novedoso para dar uso a la lana de sus animales… Hasta le ha puesto de nombre "Xurde", Jorge en asturiano, al perro que cuida de sus reses, un pastor australiano que aunque no lo parezca está pendiente de todo lo que ocurre alrededor del rebaño. Su plan de vida en Asturias giró hace algo más de un año con una vertiente empresarial que no imaginaba y que consiste exactamente en lo que dice su nombre. Su "lana para caminantes", "walkers’ wool" en su denominación inglesa, es justo eso, trozos de lana para los pies de los caminantes, y nació como el último eslabón de una cadena en la que una fase llevó a la otra de una manera muy orgánica, muy natural. Todo empieza en esta casona clásica asturiana a la que Cecilia llegó "sin saber nada de ovejas", confiesa. Pero resultó que la casa que les enamoró venía con cuatro hectáreas de terreno y para hacerse cargo del pasto prefirió las ovejas a las vacas.

Así llegaron hasta aquí estas cuarenta cabezas de xalda que se mueven todas a la vez, muy juntas, por una parcela en suave pendiente a apenas unos metros del palacio de Livia. Al saber que se había vuelto criadora y pastora de ovejas, un día unos senderistas holandeses quisieron saber si tenía "lana para caminantes", y ella respondió preguntando lo que ahora todo el mundo le pregunta a ella. "¿Qué es eso?" Le explicaron que son trozos de lana lavada y cardada que se colocan en el pie y permiten andar "con mucho confort y sin rozaduras". Entonces pudo responder que no, que no lo tenía, pero la pregunta quedó alojada en algún lugar del cerebro que no tardó en activarse para saber más y aprender que el producto, originario de Australia, apenas era popular únicamente en su país de nacimiento, en Nueva Zelanda y los Países Bajos. Las piezas empezaron a encajar y Cecilia añadió un eslabón más a la cadena: el pasto llevó a las ovejas, las ovejas a la lana y la lana a un proyecto empresarial que avanza poco a poco con las dificultades que se le suponen a un artículo completamente desconocido para el mercado. "Todo lo nuevo necesita tiempo", acepta.

Una muestra  de uso de la  «lana para  caminantes», en la panera-taller de Cecilia van Berkum  en Triongo.

Una muestra de uso de la «lana para caminantes», en la panera-taller de Cecilia van Berkum en Triongo.

Su reto es dar a conocer el producto, "que la gente lo pruebe y lo sienta, porque si no lo usas, a lo mejor no lo valoras". Por eso invita a tocar las fibras de lana de xalda que esperan en su mesa de trabajo y a testar su suavidad como prueba irrefutable de la utilidad de su descubrimiento. El proceso que desemboca en las bolsitas de diez o veinte gramos que comercializa empieza en el esquilado de sus ovejas y las de otros ganaderos de la zona. Necesita entonces cardar la lana, y le costó encontrar una empresa que ofreciera este servicio a la escala y las cantidades limitadas que ella necesitaba. "La mayoría no lo hacía con menos de mil kilos", apunta, pero después de mucha búsqueda dio con una planta en Cuéllar (Segovia). Allí la trabajan y se la devuelven lavada y cardada, en láminas como la que ahora espera turno en la mesa de la panera. Cecilia van Berkum la trocea, la pesa y la empaqueta en las dos versiones que se venden en unas bolsas que incluyen un pequeño folleto con una breve explicación y un código QR que dirige a un vídeo en el que se explica sin palabras el uso de un artículo muy nuevo, que necesita mucha divulgación y pedagogía. La lana se coloca entre los dedos de los pies, se pone el calcetín y el calzado y a caminar… "La gente no conoce ni entiende el producto", señala, y "como pionera tengo que trabajar mucho eso".

Apenas lleva un año vendiendo online y físicamente en cerca de una veintena de establecimientos de Asturias, Galicia, Cantabria o Castilla y León –tiendas de deportes, alojamientos, albergues del Camino de Santiago, refugios de montaña…– y, poco a poco, ha ido recibiendo cada vez más peticiones. El artículo está específicamente indicado para senderistas y atletas de carreras de montaña o pruebas de fondo, para peregrinos, montañeros o personas con propensión al sufrimiento por rozadura. "Hay peregrinos que me han escrito desde Suiza para decirme que lo han probado en el Camino, que están preparando otra ruta y quieren saber dónde pueden encontrarlo", cuenta.

El secreto está en la lana, que "quita la humedad, evita los roces del calzado y aumenta la comodidad de la gente que tiene los pies sensibles", explica Cecilia. Ella ha hecho sus cálculos, ha leído que "más o menos un tercio de la población española tiene problemas de este tipo en los pies" y ha llegado a una conclusión alentadora: "Sólo en España, tenemos un mercado potencial de dieciséis millones de personas", exclama. "Para solucionar estas dificultades, ahora la gente utiliza derivados del petróleo como la vaselina", mucho más agresivo para el planeta y menos sostenible que esta lana que "no es un residuo", matiza, sino "una materia prima con muchísimas posibilidades".

Ganadera afiliada a Acoxa, la Asociación de Criadores de Oveja Xalda, Cecilia van Berkum colabora de paso con la conservación de la especie ovina autóctona de la región que la acogió hace siete años. "La gente aquí tiende a pensar que esta lana de xalda es basta o áspera, pero se puede comprobar que tiene una enorme suavidad y ofrece una firmeza y un cuerpo que la hace más apta para este proyecto por ejemplo que la merina", remata. Todas las piezas encajan y vienen a desembocar a este palacio con panera, a este promontorio elevado sobre la cuenca canguesa del Sella, a este proyecto empresarial sostenible que quiere ser un puente de conexión entre la tradición milenaria de la cría de la xalda y la muy contemporánea actividad del deporte de montaña.

Un viaje de ida y vuelta al pasado para cerrar un "círculo sostenible"

Esto no es una simple bola de lana. Cecilia van Berkum ve en su producto, aparentemente simple, una vía de conexión entre la cría de una especie ovina autóctona que hunde sus raíces en la historia de Asturias y la práctica muy actual de deporte al aire libre. Utilizando lana de xalda para aliviar los pies del caminante, el senderista o el deportista, la emprendedora holandesa también quiere dejar de manifiesto su convicción de que se pueden encontrar ideas nuevas con materiales muy viejos y cerrar además un sugerente "círculo sostenible" que va "del prado al pie del caminante". Las estrategias de venta de su página web lo explican así: "Las ovejas ayudan a mantener el paisaje, su lana protege tus pies durante tu aventura y ‘walkers’ wool’ ayuda, a su vez, a dar un futuro a esta raza especial y a los ganaderos locales".

Tracking Pixel Contents