El futuro de los cuidados es una casa cerca de casa: así trabaja la asociación "Emburria", de Cangas de Onís, que presta asistencia a un centenar de personas con discapacidad
El colectivo está a punto de culminar el viejo anhelo de abrir su "unidad de convivencia", que se aleja del modelo clásico de residencia para ser un auténtico hogar "integrado en la comunidad"

Irma Collín
Aquí los escalones y las paredes hablan. Dicen entre signos de admiración que está "prohibido rendirse", recomiendan "aprender de los errores" e incentivan al que mira con exhortaciones del tipo "cree en ti mismo", "piensa en positivo", "lee más", "sé feliz"… La sede de la asociación "Emburria" está plagada de mensajes motivadores que no dejan de estimular a los usuarios del centro, aproximadamente un centenar de personas con discapacidad de todo el oriente y de todas las edades a partir de los tres años a las que aquí se las acompaña. El verbo acompañar puede servir para resumir muy rápidamente la cartera de servicios que presta esta entidad que está a un año del cuarto de siglo y a punto de dar "un paso muy importante" con un proyecto pionero en la zona e innovador en el sistema de asistencia.
Cuando la aventura empezaba, allá por 2002, este local vecino de la capilla de la Santa Cruz de Cangas de Onís era sólo un bajo. Ahora ocupa tres pisos, tiene centro de día y de desarrollo, una vivienda de alojamiento de fin de semana y cerca de aquí, en un edificio al otro lado del río Güeña, están haciendo una casa. Porque es eso, una casa, lo que quiere ser la nueva "unidad de convivencia" de "Emburria", que nacerá pensada para ser un hogar y "no una residencia al uso. No sólo un lugar donde residir, sino un espacio donde crear hogar, convivencia, bienestar y calidad de vida", explica María Hórreo, directora de la institución. La obra, financiada con una subvención del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y a través de donaciones, está a punto de enfilar la recta final y después del verano, si todo va bien, será el hogar de seis personas.
Dar un giro al modelo asistencial
"La idea es que esté integrado en la comunidad y que ésta sea su casa", subraya Hórreo, imaginando una vivienda como cualquier otra, "donde ellos puedan levantarse a la hora que quieran, tomar decisiones sobre asuntos cotidianos de su vida, elegir sus rutinas u organizar su tiempo". El personal que les asiste ya "no estará sólo para prestar apoyos", avanza, "sino también para acompañarles y compartir momentos, para sentarse a tomar un café o a conversar y generar vínculos de confianza y convivencia…". Todo está planificado para dar un giro en sintonía con el nuevo modelo de asistencia "centrado en la persona" que cultiva el Principado. Para humanizar el patrón de los cuidados y superar el esquema residencial tradicional.
Tampoco es menor el detalle de la ubicación. Importa mucho que esto vaya a estar justo aquí, en esta villa con vocación de centralidad para toda una comarca llena de pueblos en los que no abunda la oferta de servicios para la diversidad funcional. Este proyecto, asiente Hórreo, "nace también de una necesidad muy real que existe en las zonas rurales, donde las personas con discapacidad y sus familias cuentan con menos recursos y oportunidades, especialmente en materia de vivienda y apoyos para la vida independiente. Modelos como esta unidad de convivencia prácticamente no existen en nuestro entorno y muchas familias se han visto obligadas a buscar recursos lejos de su pueblo, su familia y su comunidad".

María Hórreo, en una de las estancias de la sede de «Emburria» en Cangas de Onís. / Irma Collín
Nació por iniciativa de las familias
"Emburria", de hecho, nació en parte para esto, como una iniciativa de las familias de personas con discapacidad que quisieron buscar la forma de que sus hijos "pudieran salir de sus casas y participar en la comunidad". Lo que empezó en un bajo con ocho personas ha crecido hasta superar el centenar y hasta convertirse en "un recurso sociosanitario" que acerca al territorio los servicios de logopedia, psicología o fisioterapia, las terapias ocupacionales o las actividades formativas que impulsa la institución. "Gracias a eso", remata María Hórreo, "las familias no tienen que llevar a sus hijos a Gijón u Oviedo. Es muy importante que tengan este recurso aquí, cerca de sus casas".
Ella lo sabe porque lleva aquí casi desde el principio, desde que en 2002, mientras "estaba terminando la carrera de Educadora Social", empezó con otras tres voluntarias a venir los sábados a "reunirnos con ellos y hacer actividades de ocio y baile. Recuerdo aquellos inicios con mucha añoranza. Fueron momentos muy bonitos" que el paso del tiempo ha convertido en la semilla de algo mucho más grande. Como prueba de crecimiento, "Emburria" recibirá en septiembre la Medalla de Asturias que el Principado le ha otorgado en este 2026. La institución son hoy 25 voluntarios y más de una docena de profesionales, una larga batería de servicios para personas desde los tres años en adelante y otra lista extensa de actividades en las que ahora son ellos los que hacen el voluntariado. Van a centros de día y a residencias de mayores, tienen un grupo de teatro que representa obras que escriben ellos mismos "y eso es enormemente importante", señala María Hórreo. "Les ayuda muchísimo sentirse partícipes de la comunidad y pasar de recibir los apoyos a darlos".
Queda dicho que lo próximo es la "unidad de convivencia" y queda por decir que en esto en "Emburria" ya tienen alguna experiencia. Lo saben las seis personas que hacen un pastel de manzana en el piso de arriba de la sede, que ha sido acondicionado como residencia temporal con cocina, sala de estar y habitaciones para seis personas pintadas de colores y adornadas con cuadros pintados por los usuarios del centro. Es su "vivienda de fin de semana", una de las necesidades que la asociación detectó al buscar posibilidades de crecimiento. Observaron que se estaban centrando en el ocio de las personas a las que atendían, pero no habían reparado en el de sus familias. "Algunas nunca habían salido todos juntos, de verdad, un fin de semana, porque no tenían con quién dejar a su hija" y esta opción vino a darles un respiro. Este recurso, que ahora crecerá para hacerse permanente "es el más demandado. Está completo todos los fines de semana del año".
La importancia de la proximidad
La "unidad de convivencia" de la asociación "Emburria" está a punto de materializar un anhelo de "muchos años". La vivienda en obras, una casa en toda regla donde las personas con discapacidad puedan vivir con autonomía, presta mucha atención a su ubicación, en un edificio del casco urbano de Cangas de Onís, una casa cerca de casa. "Uno de nuestros objetivos prioritarios es que las personas puedan permanecer en su entorno, donde nacieron y crecieron, cerca de sus familias, amistades y lugares de residencia, sin tener que marcharse para recibir apoyos", concluye María Hórreo.
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