La "rosa Narcea" logra su cosecha más abundante, con 300 kilos, y está lista para convertirse en perfume: "Las grandes empresas del sector nos dicen que les encanta, que tiene futuro"
La investigadora Carmen Martínez, impulsora del proyecto, resalta las posibilidades del cultivo de la flor, única en el mundo, como embrión de "una industria distinta y de alta rentabilidad" para la zona

J.A. / Ángel González
Hace casi exactamente nueve años, un día de mayo de 2017, Carmen Martínez olió su infancia desde Bulgaria. En una acera "bastante fea" se acercó a un rosal hermoso, cargado de flores, y en un instante recorrió 3.000 kilómetros y cincuenta años, el espacio que la separaba de Carballo, en Cangas del Narcea, y el tiempo que había pasado desde que fue niña en su pueblo natal. La bióloga canguesa, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), responsable del grupo de viticultura, olivo y rosa de la institución, estaba en Sofía para participar en el Congreso Mundial de la Vid y el Vino y de repente olió su niñez. En realidad, recuerda ahora, le llegaron a la vez "un recuerdo olfativo y una imagen".
Volvió a oler un día soleado de mayo en Carballo y a ver un rosal que había a la entrada de la casa de su familia. "No olía exactamente igual, pero esa intensidad del aroma a rosa no lo había vuelto a percibir desde que era niña…" Ella todavía no lo sabía, pero había descubierto un tesoro, una flor única, la tercera variedad de rosa documentada en el mundo que tiene aceites esenciales y puede ser utilizada en la industria del perfume. Sólo comparten esa condición la "centifolia", que da cuerda a una gran industria del perfume en Grasse, en la Provenza francesa, y la "damascena", que también hace florecer un lucrativo negocio en Bulgaria. La tercera estaba en el patio de su casa, en el valle alto del suroccidente por el que corre el río Cibea camino del Narcea…
Aquí mismo, nueve años y muchos descubrimientos después, se acaban de recoger y destilar este mes de mayo trescientos kilos de "rosa Narcea", la cosecha más abundante que ha conocido esta flor olvidada que gracias al olfato de científica de Carmen Martínez está registrada, patentada, y ha vuelto a florecer multiplicada en varias parcelas experimentales plantadas a diferentes altitudes en Carballo (400 metros), Cibea (700) y Genestoso (1.200). Partiendo de cero, y tirando del hilo de aquel impacto olfativo, Martínez y sus colaboradores han desembocado en un método de cultivo que ha encarrilado la rosa en el camino del mercado para convertirse algún día, quién sabe, en un sugerente recurso de riqueza insospechada para una comarca amenazada por la despoblación que puede tener a su alcance, reflexiona la bióloga canguesa, "una industria distinta de alta rentabilidad que quizá pueda ayudar a aprovechar los terrenos" sin uso de este valle que ella ha imaginado muchas veces tapizado con el intenso fucsia de la "rosa Narcea".

Carmen Martínez muestra un recipiente con aceite esencial de «rosa Narcea». / Ángel González
Tanteando cada paso en un camino desconocido, han afinado el proceso de cultivo y extracción y el plan de negocio hasta un punto en el que ahora mismo ya "tenemos plantas, sabemos cómo cultivarlas, tenemos gente que quiere cultivar" y pueden resolver la condición, indispensable, de disponer de una instalación para extraer el aceite a pie de rosal –porque la destilación debe hacerse en un máximo de dos horas desde la recolección– instalando de entrada una planta móvil… "Realmente, si quisiéramos, podríamos empezar ya a hacer plantaciones", confirma Martínez.
Las multinacionales del perfume
Lo que falta es "cerrar el círculo" del mercado. Que una de las multinacionales del diseño de perfumes que ya conocen la "rosa Narcea" le encuentren un camino comercial. De momento, todos los grandes del sector extremadamente competitivo de las materias primas del perfume han venido aquí a olerla", la han estudiado con enorme minuciosidad y el veredicto es satisfactorio. Les han dicho que "les encanta, que tiene futuro". También que "les interesa mucho la parte social del proyecto" y sobre todo, apunta la investigadora, algo muy importante en la industria del perfume, que esta rosa cuenta una historia.
Carmen Martínez está otra vez en el lugar donde empezó todo, en la casa familiar de Carballo, junto al rosal que plantaron para su padre cuando cumplió doce años –ahora tiene 91–, que cuidaba su tía Lola y que ella y sus colaboradores han replicado hasta convertirlo en el embrión de un negocio capaz de revitalizar la tierra castigada en la que nació. No fue un camino de rosas, pero a partir de aquel día de mayo en Bulgaria, Carmen Martínez ha llegado a aprender todo lo que ignoraba sobre las rosas y el mercado del perfume. Leyó que en Europa quedaban unas cuantas especies "puras", de las que florecen una vez al año, tienen aceite esencial y son las supervivientes de los cruces con las rosas chinas que hicieron fortuna a partir del siglo XIX y que multiplicaron por los jardines unas variedades de floración más frecuente, pero sin esencia. Decidió probar con la suya. Primero preguntó si el rosal de Carballo seguía allí, y al saber que sí se hizo con quince o veinte ejemplares y les extrajo el ADN. Hizo la descripción botánica, arrastró a sus compañeros del grupo que investiga el viñedo y el olivar antiguo de Galicia a aprender cosas de rosas y acertó.

Carmen Martínez muestra un recipiente con el líquido, rico en polifenoles, que se obtiene del residuo que queda tras la extracción del aceite esencial de la "rosa Narcea". / Ángel González
Empezó a saberlo cuando enviaron las muestras a Italia, a un banco de ADN de rosas antiguas donde les confirmaron que sí, que la "rosa Narcea" "es única, tiene aceite esencial y está emparentada con la centifolia y creemos que con la rosa ‘gallica’, casi desaparecida, la que se utilizaba en la antigüedad con usos médicos y le da a la nuestra esos polifenoles tan maravillosos que tiene" y que pueden llegar a otorgarle un posible uso adicional en la industria farmacológica.
El papel del CSIC
El asesoramiento del CSIC ha sido clave en un proceso que dio con un protocolo para la multiplicación in vitro de la planta –que está certificado como secreto industrial y permite disponer en pocas semanas de miles de plantas– y acertó cuando decidió protegerla, algo que no pueden decir ni la centifolia ni la damascena –porque se usan desde la antigüedad y no tienen obtentores conocidos– y que permite a sus impulsores "decidir dónde se cultiva". A la especie le ha sentado bien ser un fruto de la investigación y la ciencia y estar bajo el paraguas de "Aromas del Narcea", una empresa de base tecnológica de la que son socios al diez por ciento los cuatro investigadores de la Misión Biológica del CSIC en Galicia que le siguieron el rastro a la rosa. La firma se hace cargo de la transferencia de sus hallazgos hacia el mercado y de su explotación y tiene la propiedad del método de multiplicación in vitro de las plantas.

Carmen Martínez seleccionando pétalos de «rosa Narcea». / Ángel González
Contando a los socios científicos, en el proyecto trabajan ya diez personas, con cuatro técnicos de apoyo y dos doctorandos. Para la extracción del aceite esencial han instalado un hidrodestilador, "el primero que se utilizó en España", en una antigua cuadra y controlan al milímetro cada paso de esta fase experimental del proceso. Han llegado a saberlo casi todo de la rosa. Que cada flor pesa unos diez gramos de media, que cada rosal produce unos dos kilos en todo el periodo de floración. Que desde que se planta empieza a dar flores al año y medio, que le gustan los inviernos fríos de Cangas y las grandes oscilaciones térmicas de las primaveras y los veranos y que se recogen en mayo y en un momento muy concreto del día, "entre las ocho y las once de la mañana porque es entonces cuando emiten el mejor perfil de aroma. Cuando empieza a calentar el sol, la rosa desprende un olor distinto para defenderse", explica Carmen Martínez.
También saben que la base de todas las posibilidades de la rosa, y su exclusividad y su demanda, descansan sobre la certeza de que su aceite esencial "es de los pocos que no se puede sintetizar de forma artificial. Es tan complejo, está formado por tal cantidad de moléculas que no se puede replicar. Por eso es tan caro". Un litro de aceite esencial de la centifolia de Grasse puede pasar de 16.000 euros, y para obtenerlo hacen falta tres toneladas de flor…
De la perfumería a la farmacia
El grupo de investigadores que observa la "rosa Narcea" desde su primera semilla ha llegado a saber muchas cosas sobre la flor, pero quedan cosas. Lo que todavía no saben con total certeza es la magnitud del otro proyecto de tesoro que se guarda en un arcón congelador de una vieja cuadra de Carballo. Es el residuo que queda después de la destilación, el lugar donde residen los polifenoles que podrían darle a la "rosa Narcea" otra salida además de la del perfume. De esa parte sólida que queda después de extraer el aceite de la rosa, que huele hasta congelada y que sería algo así como la "magaya" de la sidra, se obtiene a su vez otro líquido rico en polifenoles con una posible salida farmacológica. Además de intensamente aromática, esta rosa de intenso fucsia tiene concentraciones muy elevadas de quercetina, un compuesto que "algunos estudios están probando como antitumoral y antibacteriano".
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