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Las fresas encontraron en Llanes un suelo "mejor" que el de Huelva: "Allí tienen que echar kilos y kilos de abonos para alcanzar nuestra calidad"

Fernando Ruenes y Ángela Campo están comenzando la campaña de recogida de las cerca de 40 toneladas de fruta que cultivan en Posada, una variedad reubicada en el tiempo y en el espacio que se empieza a recoger cuando Huelva deja de cosechar

Los productores llaniscos participan en un proyecto de investigación de la Fundación CTIC que somete a sus plantas a diferentes escenarios climáticos para evaluar su respuesta y tomar decisiones que mejoren el rendimiento de la plantación

Fresa ecológica y tecnología para competir con otras regiones, los cimientos del éxito de Asturiana de Fresas

Irma Collín/ Amor Domínguez

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Las fresas de Posada han vuelto a crecer. Están plantadas bajo diecisiete invernaderos, en una superficie de casi 10.000 metros cuadrados que ha conocido varias ampliaciones en catorce años y a la que se vuelve a acercar el tiempo de la recogida. La campaña viene este año con un leve retraso por las oscilaciones atmosféricas de una primavera inestable, pero desde estos comienzos del mes de julio y más o menos hasta octubre irán saliendo de aquí, si nada se tuerce, entre 35 y 40 toneladas de fruto. Serán más fresas que nunca y, sobre todo, llegarán a tiempo. Porque es el tiempo, quizá en todas sus acepciones, una de las variables determinantes de este proyecto que da frutos desde 2012 y que los llaniscos Fernando Ruenes y Ángela Campo tutelan en esta parcela casi vecina del casco urbano de la segunda población más nutrida del concejo de Llanes.

Las fresas que ellos cultivan entre Posada y Bricia, a la sombra del cerro Llabres, se han hecho un hueco en el mercado quizá porque han sabido encontrar un sitio en el calendario: "Nosotros empezamos a producir cuando en Huelva para", resume Ruenes. La recogida empieza en Asturias cuando termina en el gran productor mundial de frutos rojos y esta llamada "fruta de verano", que no abunda en España porque a las fresas no les sientan bien las altas temperaturas, es su ventana de oportunidad, el "nicho de mercado" que lleva su producto desde Llanes a casi todas partes y les invita a perseverar en un proyecto de ampliación controlada pero constante de la superficie plantada y la calidad del producto.

Interior de uno de los invernaderos de la empresa.

Interior de uno de los invernaderos de la empresa. / Irma Collín

Este año el terreno ha crecido en un cuarenta por ciento, pero en total han multiplicado por más de siete los dos pequeños invernaderos con los que todo empezó en 2012, cuando Fernando tenía diecinueve años, acababa de terminar sus estudios de administrativo y buscaba un cultivo "distinto" en la Asturias de la gran recesión y el "boom" de las plantaciones de arándanos.

Petición de fresas desde los Emiratos Árabes

El tiempo que ha pasado desde entonces le ha confirmado, asiente, que en efecto había un lugar para ellos y sus fresas en el mercado competitivo de los frutos rojos. Ahora puede sentenciar sin atisbo de duda que "hay demanda. Local, regional, nacional y hasta internacional… El año pasado, de hecho, tuvimos una oferta curiosa para enviar fresas a Emiratos Árabes, pero eran volúmenes que no trabajábamos y en condiciones que implicaban una complejidad que no quisimos asumir, pero esa ventana la tenemos abierta", resalta. En Catar querían fresas en verano y llegaron hasta ellos, señal de que su proyecto de "deslocalización" de un cultivo ajeno ha echado raíces profundas en Asturias.

Quizá por eso hace tres años, más o menos por estas fechas, Fernando y Ángela estaban en Bruselas, explicando ante la Comisión de Desarrollo Rural del Parlamento Europeo cómo construyeron una pyme agroalimentaria rentable a partir de un fruto ajeno que de algún modo "sacamos de su lugar" para demostrar que la fresa "se puede producir en Asturias con prácticamente la misma calidad que tiene en el sur de España".

Simulador climático

El resultado de su empeño se llama "Asturiana de fresas" y ha asumido una vocación de crecimiento alentada por la constancia del ensanchamiento del mercado, pero la idea que orienta el futuro de su empresa les pide acompasar el crecimiento de la cantidad con una mejora de la calidad. Viajan con frecuencia a Huelva a "aprender de los mejores", a buscar información y consejo, y han encontrado sin salir de Asturias el apoyo tecnológico para tratar de perfeccionar su cultivo tomando decisiones bien informadas. La plantación participa en un proyecto de la Fundación CTIC, que ha introducido algunas de sus plantas en un "simulador climático" que reproduce escenarios ambientales diversos y observa la respuesta del cultivo para orientar las mejores y saber adelantarse a posibles adversidades atmosféricas o incluso biológicas.

Arriba, una de las cámaras del simulador climático de la Fundación CTIC donde están siendo evaluadas las plantas de «Asturiana de Fresas». Sobre estas líneas, algunas frutas en su fase final de maduración, dentro de la plantación de Posada.

Una de las cámaras del simulador climático de la Fundación CTIC donde están siendo evaluadas las plantas de «Asturiana de Fresas». / Irma Collín

En un caluroso mediodía de miércoles, en el interior de los invernaderos, la ola de calor inusual de la entrada del verano asturiano ha subido la temperatura hasta los cincuenta grados y eso a la fruta no le viene nada bien, pero las fresas de Posada tienen suerte. Las cincuenta plantas que Asturiana de fresas envió al valle de Peón (Villaviciosa), al gran laboratorio del centro de la innovación rural donde CTIC ensaya el futuro del campo, están sufriendo mucho más. Están siendo sometidas a situaciones de estrés, a simulaciones de diversas condiciones climáticas, de temperatura, humedad u horas de sol para evaluar sus comportamientos y tomar decisiones.

"Jugar a ser dios"

"No me gusta mucho decirlo así, pero es un poco como jugar a ser dios", señala Fernando, que obtendrá datos sobre la respuesta de las plantas para decidir, por ejemplo, "qué diferencia hay entre plantar en marzo", como ahora, "en condiciones de temperatura baja y altas humedades, o en mayo, con menos frío y más horas de luz. Estamos tratando de valorar la velocidad de desarrollo de la planta y de ver si la calidad del fruto y las producciones se resienten o no en función del mes de siembra".

Con la varita mágica de la ciencia, se adelantan a los diferentes escenarios que puede traer el futuro para activar mejoras en la plantación o estrategias preventivas frente a la adversidad. Porque en el simulador también se introducen plagas o insectos y se monitorizan sus daños y su velocidad de desarrollo para reducir mediante la anticipación el empleo de productos fitosanitarios o "disminuir los daños de las plagas". Se trata de rebajar a unos pocos meses lo que en condiciones normales llevaría años de observación en el campo: llevan en el proyecto desde finales del año pasado y esperan que los datos les ayuden a mejorar en su próxima campaña de recogida.

En la que está a punto de empezar llegarán a ser siete trabajadores, contándoles a ellos dos y sabiendo que una persona, más o menos, puede llegar a recolectar por encima de cien kilos de fresas en un día. La fresa no es el arándano, "donde te la juegas a una sola floración" y se recogen cien hectáreas en un mes. "La fresa va rebrotando y las campañas se alargan", abunda Ángela. "Suelen empezar a finales de junio y acabar en octubre o noviembre, dependiendo de cómo venga el tiempo".

Un cultivo sin espejos próximos y un suelo "mejor que los andaluces"

Algunas frutas en su fase final de maduración, dentro de la plantación de Posada. / Irma Collín

Cuando a sus diecinueve años buscaba una salida empresarial entre los estertores de la gran crisis de la primera década de este siglo, Fernando Ruenes observó que el boom del fruto rojo en Asturias concentraba los esfuerzos en el arándano. La fresa se plantaba menos, quizá porque "es más trabajosa y problemática, porque tiene muchas enfermedades" o hay que replantarla cada año, y él decidió entrar en el mercado por ese hueco desatendido. Todo bien. Fue aprendiendo sobre la marcha, a base de ensayos, aciertos y errores, primero solo y luego con la incorporación de Ángela, su pareja, y no han parado de ensanchar el nicho comercial de esta fruta que en Andalucía se produce sobre todo en invierno y primavera y que ellos deslocalizaron en el tiempo y en el espacio…

Una variedad diferente a las andaluzas

"En Huelva tienen variedades de las llamadas ‘de día corto, porque se producen en los meses de invierno". Las suyas, explica Ángela, son "de día neutro, porque como producimos en épocas con jornadas de muchas horas de luz tenemos que utilizar variedades en las que el fotoperiodo solar no influya en las plantas, ni en su producción ni en su reproducción". Las que se cultivan en Llanes pertenecen a la variedad "Portola", distinta de las andaluzas. "La producción que hacemos aquí no tiene nada que ver con la de Huelva", persevera Fernando, añadiendo al desafío que tuvieron que afrontar la dificultad de no disponer apenas de ejemplos próximos con los que compararse. "Esto no son patatas, ni maíz, ni fabas".

Han tenido que ir a buscar el espejo al otro lado de la Península y el desafío al que se han enfrentado, y lo que han conseguido, ha llamado la atención de algunos ingenieros agrónomos especializados en la fresa onubense… "Nos dicen que aquí tenemos suelos mejores para producir que allí, en la cuna de la fresa europea y prácticamente mundial", revela Ruenes. "Cuando les enseñamos nuestras analíticas, se sorprenden de los kilos y kilos de abonos y tratamientos que ellos tienen que utilizar para alcanzar estos mismos valores".

Mientras tanto, en la tierra, sus fresas se dirigen hacia el punto de maduración óptimo para que comience la campaña de recolección. Cuando termine, pasará el invierno y habrá que volver a plantar. Desmontar y embobinar por completo los invernaderos con unas máquinas especiales y en aproximadamente diez días sembrar de nuevo estos 10.000 metros cuadrados para que la naturaleza vuelva a hacer su trabajo…

"Jugar" con el clima para ayudar a las plantas

En una "cámara climática" se está terminando el invierno y justo al lado, la otra está en plena primavera. En la "aldea del futuro", en el centro de la innovación rural de la Fundación CTIC la tecnología permite "jugar" con el clima para mejorar cultivos y saber por adelantado cómo se comportarán las fresas de Posada si las plantaran dos meses antes. Todo esto está pasando en el valle de Peón (Villaviciosa), en dos cámaras independientes y vecinas. En una las plantas se han sometido a las condiciones climáticas que tiene Posada a partir del 15 de marzo y en la otra se replican las del 15 de mayo en adelante, y para que todo se acerque en grado máximo a la realidad, "Asturiana de fresas" envió a Peón sus plantas y la tierra de su explotación. El propósito del proyecto, tal y como lo explica Fidel Díez, director de I+D de CTIC, es analizar "si adelantando dos meses la fecha de siembra –ahora se planta en mayo– es posible mantener la duración habitual de las fases fenológicas de la planta, estimadas en torno a 45 días desde el establecimiento y desarrollo vegetativo hasta la primera floración y fructificación, sin comprometer ni la productividad ni la calidad del fruto. El interés de este planteamiento radica en la posibilidad de extender la duración efectiva de la campaña de producción, adelantando la disponibilidad de fruto e incrementando el volumen productivo por campaña".

En el simulador se llevan las plantas a situaciones controladas de máxima tensión, se monitoriza su crecimiento, su estado y su respuesta y se observan. Emplean un clasificador de imágenes con computación cuántica capaz de determinar el estado de la planta a partir de una imagen de sus hojas y por ejemplo de detectar automáticamente posibles enfermedades en los cultivos y ayudar a reducir pérdidas de cosechas por estos motivos y disminuir el uso de pesticidas. Pasando de la subjetividad del ojo humano a un sistema de vigilancia estandarizado y gobernado por la más alta tecnología, el proyecto simula distintos escenarios climáticos y permite medir las reacciones de los cultivos a condiciones divergentes de temperatura, humedad, horas de luz, riego, nutrientes, salinidad…

Una tecnología similar a ésta ha sido utilizada ya para medir con patrones altamente fiables las resistencias de la faba de la granja y el "fabón de Moal" a las cada vez más frecuentes olas de calor y extiende sus posibilidades en una multitud de direcciones entre la que se encuentra el análisis sobre la viabilidad de la introducción de nuevos cultivos adaptados a las oscilaciones del clima.

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